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viernes, 19 de abril de 2024 06:55h.

Lorenzo Olarte, el hombre que nunca vistió de azul - por Nicolás Guerra Aguiar

 

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LORENZO OLARTE
LORENZO OLARTE

Lorenzo Olarte, el hombre que nunca vistió de azul - por Nicolás Guerra Aguiar *

 

Lo dicen quienes han sido actores políticos principales en Canarias (me ciño a las declaraciones de expresidentes): Lorenzo Olarte Cullen “Es la Canarias de hoy”; “Con él se va un hombre importante”; “Uno de los grandes de la política canaria”; “Mazazo para la política canaria”… 

  La voz “política”, estimado lector, debería escribirse simbólicamente con mayúscula cuando implica perspectiva histórica y de futuro, prudencia, inteligencia, pudor ético, saber hacer, riguroso compromiso con la ciudadanía... Y cuando no, solo sería una palabra común, una definición académica (‘Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos’). Por tanto, Olarte Cullen no solo forma parte de la historia  de Canarias: es el zoon politikón aristotélico, el ‘animal político’ capaz de organizar políticamente la vida en sociedad. Él hizo Política: ejerció como abogado en la defensa de la libertad de expresión en momentos muy peligrosos y  se mostró como un dirigente de gran capacidad. 

  El hombre… ¿Cómo era el hombre a quien conocí personalmente cuando acudí a él,  especialista en derecho penal capaz de  enfrentarse dialécticamente a un tribunal militar? Fue durante la dictadura franquista: defendía la inocencia de un pollillo de diecinueve años acusado de “Insulto a la Institución Armada, que representa los más altos valores espirituales de la Nación”, tal como denunció en la prensa un personaje autodefinido como “seglar y militar de complemento”. 

SALVADOR SAGASETA DE ILURDOZ PARADAS (EN EL CÍRCULO) CON COMPAÑEROS
SALVADOR SAGASETA DE ILURDOZ PARADAS (EN EL CÍRCULO) CON COMPAÑEROS

  Una mediamañana de 1999 yo había puesto gran parte de mis esperanzas investigatorias en él para obtener desconocida información. A fin de cuentas iba a entrevistarme con el abogado defensor (1967) de Salvador Sagaseta de Ilurdoz Paradas (mi condiscípulo del preuniversitario en las aulas del instituto Pérez Galdós), sometido a consejo (-s) de guerra... aún menor de edad. 

CASTILLO DE MATA
CASTILLO DE MATA

  Treinta y dos años atrás la intervención de Olarte en el castillo de Mata (estuve presente) me había impactado por su inteligencia, brillantez, dominio de la cosa oratoria y personal convicción de inocencia. Cuando días después le comenté mis impresiones a don Andrés Hernández Navarro (abogado defensor del redactor-jefe de Diario de Las Palmas, Juan Hernández Rodríguez, también implicado), el letrado confirmó mis sospechas: “Fue la mejor defensa para Salvador,  no se acobarda”. 

  Por tales fechas la barbarie del fascismo tuvo a Salvador en su punto de mira, pues el periódico vespertino (sección “Luz verde a la juventud”, dirigida por él) había publicado un poema de Pedro Lezcano -”Consejo de paz”-. A los pocos días el capitán general ordena el consejo de guerra (“Había sido mandado a una colonia llamada Canarias porque en cualquier otro sitio sería impensable que se pudiese soportar con dignidad el tener una persona así”, me dijo Olarte). 

  Por tanto, el Juzgado permanente del Gobierno Militar de Las Palmas; distintos actos en sedes militares; la revista Sáhara (editada por el Ejército en El Aaiún); intervenciones personales (como “franquistas y fascistas” los definió Olarte) a través de escritos enviados a El Eco de Canarias... hablaron a viva voz de “consejo de guerra”. Y hubo dos, sí: en el primero el joven preuniversitario salió absuelto. En el segundo la pena de dos años de cárcel duplicó la solicitada por la fiscalía militar, es decir,  inmediato encarcelamiento.    

  Desde 1999 yo había iniciado la búsqueda de información sobre tales consejos de guerra, un “algo” interno me lo reclamaba con la idea de darlos a conocer. Como se trataba de un tema muy delicado debía ir con pies de plomo y absoluta precisión. Tuve la gran suerte de contactar inicialmente con Manuel Morales Ramos, hijo del poeta Tomás Morales y abogado defensor de Pedro Lezcano (al poeta lo incluyeron como acusado en el segundo consejo de guerra). Tras varios encuentros y la lectura de documentos recopilé material suficiente para cubrir la parte relacionada con Lezcano (“Consejo de paz”). Me faltaba la segunda, la concerniente a Salvador. 

GUILLERMO GARCÍA-ALCALDE
GUILLERMO GARCÍA-ALCALDE

  Un día conseguí el teléfono de Lorenzo Olarte y la recomendación de alguien muy vinculado a él (Guillermo García-Alcalde, periodista con gran poder en Editorial Prensa Canaria, hoy Prensa Ibérica). Cuando le expliqué cuál era mi intención (un libro que contara la historia según testigos imprescindibles e investigación como fuentes) me citó en el hotel Santa Catalina, muy cerca de Presidencia del Gobierno de Canarias en Las Palmas y del cual ejercía como vicepresidente y consejero. 

  El primer contacto directo fue muy acogedor: “Ya era hora de que alguien se ocupara de mostrar a los ciudadanos la inmoralidad que cometieron con Salvador”. Este era sobrino de Fernando Sagaseta, condenado también en consejo de guerra unos años antes junto a otros compañeros como cabecilla e ideólogo del Movimiento Canarias Libre (1962). Y así fue, en efecto: Salvador pagó con la cárcel el parentesco, afirmación que defiendo en 3 consejos de guerra y 1 ‘Consejo de paz’. De Sagaseta a Lezcano, CCPC. Olarte ratificó mi consideración inicial: “Hubo tres consejos de guerra a un apellido y hubo tres consejos de guerra a Fernando Sagaseta”. (A él, pues, le debo el título inicial del libro arriba citado.)

3 CONSEJOS DE GUERRA Y 1 CONSEJO DE PAZ
3 CONSEJOS DE GUERRA Y 1 CONSEJO DE PAZ

  Inmediatamente después de la charla informal pasamos a una salita reservada pues, me dijo esbozando una media sonrisa, “Que tenemos que hablar de muchas cosas, / compañero del alma, compañero”. Así iniciamos nuestra primera entrevista: con los  dos últimos versos de la “Elegía a Ramón Sijé”, obra de Miguel Hernández, muerto en la cárcel de Orihuela donde cumplía condena por su pertenencia al Partido Comunista de España durante la Guerra Civil. (La referencia a Hernández me relajó. Y me confirmó la idea que sobre el informante me había hecho durante el segundo juicio.) 

  A los pocos días mantuvimos otro encuentro, también muy provechoso para mí. Rigurosamente serio, directo y dolorido, Olarte definió ya no solo la condena sino el propio enjuiciamiento como “Una monstruosidad jurídica, puesto que el poema había sido publicado tras el depósito previo en Información y Turismo”. (Por cierto: se trataba del ministerio de Manuel Fraga Iribarne y su inquisitorial Ley de Prensa e Imprenta, 1966). 

  No mintió (fui testigo directo) Lorenzo Olarte cuando -no paraba de hablar, sus recuerdos afloraban como si se tratara de algo sucedido ayer mismo- me comentó que mientras caminaba hacia la sala “Tuvimos que atravesar fusiles y uniformes, era algo terrible, terrible”. Y cuando se dirigía al estrado para entregar documentos “Mi corazón latía tan apresuradamente, con tanta intensidad, que me parecía iba a reventar  de pura rabia contenida, de una infinita indignación que sentía”.

  Algunos años después volvimos a encontrarnos (foto). Fue en 2017, cuando presenté el trabajo de investigación sobre la revista canaria Sansofé (1969-1972), cuya voz fue también apagada por la Ley de Prensa e Imprenta del mismo ministro franquista Fraga Iribarne. Lo saludé con entrañable aprecio y agradecimiento, no podía olvidar nuestros anteriores encuentros y su gran ayuda. Aunque yo le había llevado a su despacho (año 2000) un ejemplar de 3 consejos de guerra... me pidió otro, pues el anterior lo había prestado y no hubo devolución. Y lo necesitaba, me dijo, pues estaba escribiendo sus memorias. Al día siguiente se lo entregué a uno de sus  hijos en mi casa. (No pude asistir en 2022 a la presentación de Biografía a cuatro manos, sus memorias: yo andaba por las vegas granaínas.)

LORENZO OLARTE
LORENZO OLARTE

  Así pues, estimado lector, las loas al político las dejo (con todos mis respetos, obviamente) para quienes ejercen y ejercieron como tales y lo conocieron. Yo hablo hoy del hombre que, togado, logró alterar al presidente del tribunal militar por sus continuadas protestas: Lorenzo Olarte sentía vergüenza e impotencia ante tal abuso de poder, tal montaje. El hombre, claro, creía en la Justicia.  

+ Gracias a NICOLÁS GUERRA AGUIAR
+ Gracias a NICOLÁS GUERRA AGUIAR

 

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