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viernes, 09 de diciembre de 2022 20:48h.

Manteos cabildicios en Teror - por Nicolás Guerra Aguiar

"La romería-ofrenda a la Virgen del Pino en Teror acaba de cumplir sesenta años después de que en 1952 el folclorista Néstor Álamo organizara la primera..."



 

Manteos cabildicios en Teror - por Nicolás Guerra Aguiar   

La romería-ofrenda a la Virgen del Pino en Teror acaba de cumplir sesenta años después de que en 1952 el folclorista Néstor Álamo organizara la primera. Los sesenta son edades de madurez, asentamiento de épicas y armonía: ya no se anda por los tiempos de belicosidades ni, por suerte, se ha llegado a los que definen la inanición total, la espera paciente o apurada de Ella. Si ácidos úricos, artrosis, artritis, glucosas, tensiones arteriales, ritmos cardíacos, triglicéridos, colesteroles, creatininas, ureas, plaquetas y cloros, sodios, potasios… funcionan como Dios manda, seis decenios no son nada, aunque dicen mis experimentados amigos generacionales que sí, que no es como antes.

 Pero hete aquí que, a veces, las cosas materiales se estropean antes que las personas, quizás porque no reciben cuidados, tal vez porque sus materiales son de ínfima calidad aunque en la factura aparecieran  como lo mejor del mercado internacional. Tal es el caso, por ejemplo, de un manto que el Cabildo de Gran Canaria  regaló a la Virgen del Pino, puñetero empeño en que solo se le vea la cara a la talla religiosa, no sé si es que está estropeada o incompleta.  Porque si el escultor pulió, dio forma, se recreó en su obra, estoy seguro de que lo hizo con calidad y belleza, pues no se adquiría cualquier escultura para la basílica terorense. Y parece que por ese empeño en cargarla de joyas, mantos, coronas y elementos ornamentales, precisamente por esa razón, la propia escultura se fue deteriorando aceleradamente: la carcoma se apoderó de ella y fue preciso someterla a urgente restauración.

  ¿Fue aquella la razón de que en 1975 sus riquezas ornamentales le fueran robadas la noche asaz ominosa del 15 de enero, cuando un corte de electricidad desconectó las alarmas y permitió que gentes se introdujeran en la basílica y con profundo conocimiento del lugar –parece- despojaran a la Virgen de sus joyas? Si no recuerdo mal, llegué a leer que en su afán recolector de lo que no eran baratijas, oropeles o bisuterías rajaron el manto que cubría a la Virgen, quizás cargado de impactantes piedras y oros. (Pero si  es así, aquel manto estropeado no tiene cincuenta años, deduzco.)

  No obstante, hay uno que dicen que ya es mediosiglero, dadivoso regalo del Cabildo grancanario. Está deteriorado por más que al señor Díaz Bertrana, presidente de tal institución  por aquel año de 1970, le prometieran eterna belleza y conservación, pero ya se sabe: la humedad no solo reumatiza y artritiza, sino que es capaz de atacar la esencia mantil de un regalo hecho en nombre de Gran Canaria pero sin conocimiento alguno por parte de sus habitantes, ni maldita la falta que hacía, pues la sensatez impuso sus normas, recogimiento,  devoción, que tu mano derecha no sepa lo que hizo la izquierda, o al revés, no recuerdo.

  Y como aquel manto pesa mucho, mucho, y es aparatoso,  y no se puede lucir más que envolviendo la figura de la Virgen, los ladrones no se lo llevaron, además era muy cantoso en la calle. Y aquí está el impacto, el contraste incluso con el propio señor cura párroco de Teror, don Manuel Reyes, paisano, vecino de la calle Audiencia, metódico en su primera juventud cuando de horarios y cumplimientos religiosos se trataba. (A veces, digo <>, yo lo esperaba en la puerta de mi casa para seguir hasta la iglesia, pues bien es cierto que me inicié en etapa monaguillil, aunque por aquello de que los caminos del Señor son inescrutables me encuentro hoy por otras rutas o vías, aunque recuerdo desde el <> hasta el <>.)

  Pues bien: el señor Bravo de Laguna, presidente del Cabildo, prometió por sí mismo y sin recato alguno que se restauraría el manto, aunque bien es cierto que nada dijo sobre quién cubriría los gastos pero, en conociéndolo desde tiempos ha, no es osado sospechar que no será su nómina, muy al contrario, intuyo que la factura correría a cargo del Cabildo, qué generosos somos con el dinero ajeno. Por suerte, el señor cura intervino y habló de que hay otras necesidades perentorias y urgentes en nuestra sociedad, hoy maltratada por todo lo que el señor presidente del Cabildo sabe. Los pies en la tierra, don Manuel, como cuando la UD Las Palmas fue a pedirle ayuda a la Virgen y usted, socarronamente, aclaró que la Virgen no marca goles.

  Porque esa improcedente dadivosidad me hace pensar, también, en los gastos (¿justificables hoy?) que estas fiestas (como las de la Candelaria, en Tenerife) producen. Así, por encima, decenas de coches oficiales con decenas de conductores por la romería y la procesión, dos días; presidente del Gobierno, escoltas, generales para acompañarlo mientras pasa revista, jefes, oficiales, suboficiales, soldados, camiones, alcaldes, consejeros, concejales, asesores, secretarios, representaciones oficiales de otras Islas, policías municipales, guardias civiles… Más: transportes de rondallas, cuerpos de baile desde los veintiún municipios, de otras Islas, manutención, aviones, barcos, guaguas, carretas, bueyes (transporte), boyeros…

  No, no son momentos de dispendios. Yo estoy seguro de que la Virgen no se hubiera cabreado en lo más mínimo si todo hubiera quedado en una simple y simbólica teatralización porque con aquellos miles y miles de euros, ¿cuántos problemas, como atinó el señor párroco, hay en viviendas vacías de dinero, en familias que solo comen una vez al día, en niños que necesitan materiales para el aula, que es educación…? Pero no, eso no es espectacularidad, teatralización, impacto político. Y es una pena, la Política es mucho más.