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jueves, 29 de septiembre de 2022 00:00h.

Preservativos cargados de sílabas - por Nicolás Guerra Aguiar

nicolás guerra aguiar pequeñaTres personas fueron detenidas por la Policía Nacional y acusadas de un delito contra la salud pública: vendían atrayentes objetos de látex (en este caso, goma elástica) que los varones usan para evitar embarazos o infecciones sexuales (los femeninos son mucho menos conocidos).

Preservativos cargados de sílabas - por Nicolás Guerra Aguiar *

   Tres personas fueron detenidas por la Policía Nacional y acusadas de un delito contra la salud pública: vendían atrayentes objetos de látex (en este caso, goma elástica) que los varones usan para evitar embarazos o infecciones sexuales (los femeninos son mucho menos conocidos). Pero aquellos requisados por la policía no eran seguros a pesar de impactantes policromías, sensibles tactos, irresistibles fragancias olorosas y suaves sabores fresáceos, aguacateráceos o agrios (naranja amarga), de todo hay en este mundo disparatado. Es decir, variantes sensoriales fundidas en un objeto de gandula, mediana o elemental preferencia.

   En rigor, los productos no respondían a las tales funciones pertinentes pues habían sido almacenados por la empresa productora para su destrucción: unos estaban caducados; algunos no cumplían elementales normas sanitarias; otros tenían defectos de fabricación: se trata de una funda muy fina y elástica hecha de látex, como digo, u otra materia similar. Por tanto, como reflexionaría un granaíno, “¡malafollá la de tales vendedores!”.

   Así, caducidades y fallas de los latexados elementos hubieran facilitado la destructiva acción de los bichitos llamados espermatozoides quienes, ruines de maldad y puñetera venganza, treparían por paredes del objeto y evacuarían sus cuerpos por picadas o roturas para coger el camino equivocado, es decir, embarazo o enfermedad de transmisión sexual. Y aunque bien es cierto que son sabios por milenarios (en condiciones normales solo uno sobrevive, el fecundador), con un látex perfecto ni tan siquiera el único superviviente escaparía.  De ahí su fría represalia antes de la muerte.

   Espermatozoides que, por el tamaño de la palabra (seis sílabas), pueden confundir: son microscópicos. Entonces, ¿por qué esa denominación tan rimbombante y estirada? Muy sencillo. La instruida lengua griega aportó al español dos nombres: spérma ('esperma') y zôion ('animal). Los franceses añadieron el sufijo –oïde. En conjunto, la voz espermatozoide. Este, el espermatozoide con todas las sílabas, viene a entallar con el látex más abajo llamado “ultrasuperior” o fantasmal – humano, el de quienes sueltan batatas cuando de contar batallitas se trata. El tal espermatozoide se convierte en –matoz-, la talla mediana. Y para otros, basta con el -oide: encaja a la perfección. Por estas razones de acoples y volúmenes se justifica tan pentasilaba palabra, fraccionable a medida. 

        El titular de la noticia (radio) fue contundente: “Robo y venta de profilácticos en mal estado”. Ya en su desarrollo, el locutor alternaba tal recatado eufemismo con un sinónimo, “preservativo”. Supongo que se refería a la talla ultrasuperior, la XXX, pues ambas voces son larguíiiisimas, quinteto silábico. Por tanto, acaso era mercadería (cinco sílabas) reservada para los metrosexuales (término pentasilábico como profiláctico, preservativo, mercadería). O, por aquello de las debilidades humanas, al alcance de quienes intentan aparentar ausencias. Ya lo apuntó Unamuno, don Miguel: “Quod Natura non dat…” (‘Lo que no da la Naturaleza…’.).

   Algunos donjuanes los dejan ver así como con disimulo, como quien no quiere la cosa… y asoman desde el bolsillo de la camisa. (¿A qué viene tal constancia en mostrarlos? ¿Qué pretenden demostrar? El doctor Marañón escribió sobre ellos, y dejó caer algunas sospechas...) Por el contrario, a ciertas avanzadas edades los restos almacenados y preservados vírgenes en sus compartimentos de plástico se usan como sopladeras para octogenarios cumpleaños y se sueltan al aire, símbolos negativos de lo que pudo haber sido el tal objeto… y su uso actual. Es decir, son representaciones poéticas del rapidísimo paso del tiempo. Además, mudos testigos que señalan variaciones centímetras. Ya lo dice el refranero anónimo, almacén de sabiduría almacenada durante siglos: “Arriba, canas; abajo, ganas”; “Soy viejo, incluso en el aparejo”; “-¿Qué es la vejez?- Estornudar, toser y preguntar qué hora es”; “Cenizas no levantan llama”…  

   Frente a aquellas gigantescas palabras de cinco sílabas (metrosexuales, profiláctico, preservativo, mercadería) prefiero la voz original: condón, bisílaba. Por dos razones: una, como seguidor del realismo. Otra, por rigor histórico e, incluso, lingüístico. A fin de cuentas se relaciona tal instrumento con el apellido de un médico inglés -doctor Condom-, quien parece que los fabricó con tripas de cordero para relajar las inquietudes de un rey, promiscuo en las tales cosas de las variedades poligámicas (palabra también de cinco sílabas, pues se relaciona con ‘muchos cónyuges’). Y como algunos lingüistas vinculan la voz con los términos latinos “condus” (‘receptáculo’) y “condere” (‘proteger, ocultar’), tengo la impresión de que los tales profesionales de la filología pueden ser españoles, al menos en el primer caso. Lo supongo: la voz española receptáculo correspondiente a la latina condus (tan prudente esta en el número de sílabas)… ¡también es pentasílaba!

   Por tanto, ¿quiénes usan profilácticos o preservativos? Obviamente, personas normales. Pero también sectores varoniles que pregonan, divulgan y proclaman en ágoras, plazas públicas, foros y discotekas sus capacidades, paralelamente exaltadas a sus propias limitaciones racionales o de pensamiento. Para ellos la lengua –insisto en su sapiencia- reserva y aglomera listas de palabras relacionadas con la exagerada presunción. Así, entre ellas, chulo, fatuo, petulante, fantasma, creído, vanidoso… ¡y dieciocho más!

   En oposición a los inmediatamente anteriores están las personas normales  normales, las de talla intermedia o mediana, la llamada –mátoz- más arriba. Gentes anónimas muy reservadas con su intimidad. Y no se comportan así por temores, sensaciones de ridículos, complejos o amarguras viriles, en absoluto. Simplemente viven su normalidad como eso, lo natural. (Resta la talla mini, la –oide. Por lo que escuché en un reportaje televisivo es la preferida en Japón, salvo obvias excepciones. Jóvenes españoles residentes lo comprobaron en vestuarios, duchas y zonas de aguas termales. Dijeron que los occidentales latinos se sienten observados sin reparos ni disimulos cuando se quitan el bañador o la toalla: sus naturalidades llaman la atención. Y lo entienden, añaden sin coña ninguna. Pero alguno sonríe.

   Así, 800 000 unidades defectuosas fueron requisadas. Por suerte no llegaron a Brasil, sede de los inmediatos Juegos Olímpicos. Gran parte se vendería en la calle. El resto se repartiría en las instalaciones. “¡Juventud, divino tesoro!”.

 

* En La casa de mi tía por gentileza de Nicolás Guerra Aguiar

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