15-M De las plazas al Ayuntamiento - por Jacinto Ortega Del Rosario

15-M De las plazas al Ayuntamiento

Jacinto Ortega Del Rosario

Secretario General del Sindicato de Gremios Unificados. (SGU)

Quince años después del 15-M, conviene hacerse una pregunta incómoda: ¿qué queda de aquella indignación colectiva que llenó plazas, rompió el miedo y obligó a toda una generación a entrar en política?

15 m sueños

Muchos responderán que poco. Que el sistema absorbió el golpe. Que los partidos emergentes acabaron pareciéndose demasiado a los viejos partidos. Que la precariedad continúa, que la vivienda es aún más inaccesible y que la desafección política sigue creciendo. Y parte de razón tienen. Incluso algunos análisis recientes reconocen que el 15-M transformó el tablero político, pero no logró cambiar del todo las estructuras profundas del poder.

Pero quienes estuvimos allí sabemos que el 15-M no fue una campaña, ni una moda, ni un simple estallido emocional. Fue una ruptura cultural. Una generación dejó de pedir permiso para participar en política.

En mi caso, el camino fue del sindicalismo a la institución. De la protesta a gobernar en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria con Las Palmas Puede, una fuerza nacida directamente de aquel ciclo político abierto por las plazas. Y esa experiencia permite entender algo fundamental: el 15-M no solo cambió gobiernos; cambió personas. Nos hizo comprender que la política municipal podía ser una herramienta de transformación real y no solo administración rutinaria.

Porque si algo enseñó el 15-M es que la democracia no puede reducirse a votar cada cuatro años. La gente quería participar, decidir, fiscalizar y construir comunidad. Quería recuperar la política como algo colectivo frente a décadas de resignación.

Quizá uno de los mayores legados del 15-M fue precisamente el municipalismo. La idea de que las ciudades y los barrios eran el lugar desde donde empezar a reconstruir la política.

Las candidaturas municipalistas demostraron que era posible abrir ventanas en instituciones demasiado acostumbradas a funcionar de espaldas a la ciudadanía. No siempre se logró todo lo que se prometió. Hubo errores, contradicciones y límites evidentes. Gobernar no era lo mismo que resistir en una plaza. Pero también hubo avances sociales, participación ciudadana y una nueva forma de entender la cercanía política.

En Canarias, además, el municipalismo tiene una dimensión especial. Aquí las distancias sociales y económicas se viven de forma mucho más directa. El problema de la vivienda, la turistificación, los salarios bajos o la dependencia económica no son debates abstractos: son la vida cotidiana de miles de personas.

Por eso no es casual que hoy vuelva a hablarse del municipalismo como herramienta de cambio político en las Islas. Diversos actores políticos y sociales insistimos en reforzar el papel de los municipios frente al desgaste de las grandes estructuras partidarias.

¿Es posible un nuevo 15-M?

La respuesta corta es sí. Pero no será igual.

El 15-M nació en un momento muy concreto: crisis económica, bipartidismo agotado y una generación joven expulsada del futuro. Hoy el contexto es distinto. Hay más fragmentación, más polarización y también más cansancio. Incluso quienes participaron en aquel ciclo reconocen que repetir exactamente aquel fenómeno es improbable.

Sin embargo, las causas profundas siguen ahí.

La vivienda se ha convertido en una emergencia social. Los jóvenes trabajan más y viven peor. El modelo económico sigue concentrando riqueza mientras precariza vidas. Y en Canarias esto se multiplica por la dependencia turística, los bajos salarios y una sensación creciente de que las Islas funcionan para otros antes que para quienes viven en ellas.

La diferencia es que hoy la indignación ya no se expresa igual. En 2011 predominaba la esperanza colectiva. Ahora domina muchas veces el individualismo, la frustración o incluso el repliegue reaccionario. Parte del malestar social está siendo canalizado por discursos autoritarios en lugar de proyectos transformadores.

Ahí está el gran reto.

Un nuevo 15-M no puede limitarse a la nostalgia ni a repetir consignas. Tendría que aprender de los errores del pasado: el exceso de personalismo, las luchas internas, la desconexión progresiva con parte de la sociedad trabajadora y la institucionalización acelerada de muchas fuerzas nacidas al calor de las plazas.

Pero también debería recuperar lo mejor de aquella experiencia: la escucha, la participación, la horizontalidad y la capacidad de construir comunidad política desde abajo.

Canarias necesita volver a mirarse desde abajo.

En Canarias hay condiciones objetivas para un nuevo ciclo de movilización social. La pregunta es si existe capacidad colectiva para convertir el malestar en proyecto político y no solo en resignación.

Porque las Islas viven una contradicción brutal: baten récords turísticos mientras crecen la pobreza y la dificultad para acceder a una vivienda digna. Mucha gente siente que trabaja para sobrevivir en su propia tierra.

Y ahí el municipalismo vuelve a tener sentido.

15 M

No como una marca electoral vacía, sino como una política pegada a la realidad concreta de los barrios, de la gente que espera una guagua, que no llega al alquiler o que ve cómo su hijo tiene que emigrar para poder vivir.

Quince años después, quizá el mayor homenaje al 15-M no sea idealizarlo, sino recuperar su pregunta central: ¿quién decide realmente sobre nuestras vidas?

Mientras esa pregunta siga abierta, el espíritu del 15-M seguirá vivo.

Gracias a JACINTO ORTEGA DEL ROSARIO