CANARIAS: Abascal vino a “hacer las Canarias” y se fue en el primer avión porque no quedaban remos y chalanas para irse a la mierda en bote - por Javier Marrero

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Abascal vino a “hacer las Canarias” y se fue en el primer avión porque no quedaban remos y chalanas para irse a la mierda en bote

Javier Marrero

Por lo visto, Santiago Abascal decidió incluir a Canarias en su gira de patriotismo itinerante. Llegó convencido de que sus discursos de odio y de bandera en ristre iban a prender entre la población isleña. Pero la realidad se impuso sin contemplaciones: apenas un millar de asistentes en una isla, y en las demás, con dos taxis y un chófer de confianza se habría cubierto la convocatoria.

Abascal en Tenerife, junto a simpatizantes de Vox, que hacen el saludo fascista. (Fotograma de un vídeo publicado en las redes sociales de @FonsiLoaiza CANARIAS AHORA)

El líder de Vox (esa agrupación  fascista de la que usted me habla) vino a “hacer las Canarias”, pero acabó deshaciéndose en ellas. Porque si algo ha dejado claro su visita es que Canarias no traga con el fascismo de manual ni con el odio enlatado.

A punto de cumplirse cuarenta años del “No a la OTAN”, aquel grito que definió al archipiélago como tierra pacifista y neutral, las islas siguen reafirmando su identidad: un territorio que prefiere la solidaridad al discurso del miedo, la convivencia a la imposición.

CANARIAS OTAN

Y eso, a pesar de la militarización creciente que pesa sobre el territorio. En Canarias, uno de cada 145 habitantes es militar. En el Archipiélago Canario, los números hablan solos: edificios enteros destinados a personal de las Fuerzas Armadas y de seguridad, con cerca de 10.000 efectivos fijos, según datos del propio Ministerio. Una cifra que deja claro que aquí se despliega más músculo que escucha y concentrados principalmente en Gran Canaria y Tenerife.

Así que, tras su fugaz visita, Abascal se fue. No sin antes comprobar que su retórica de barricada rancia no cala en un pueblo que lleva décadas defendiendo querer la paz, la neutralidad y la dignidad.

ABASCAL

Canarias habló bajito, pero claro: por aquí no le aguantamos.

Así que señor Abascal, bájeme el labio y mándese a mudar.

Javier Marrero

JAVIER MARRERO