Las alarmantes consideraciones de un “halcón” ruso sobre el “peligro” de Europa - por Joaquín Rábago

Las alarmantes consideraciones de un “halcón” ruso sobre el “peligro” de Europa

Joaquín Rábago

A comienzos de abril, varios medios rusos, entre ellos la revista “Russia in Global Affairs”,  se hicieron eco de unas declaraciones de Serguéi Karaganov, politólogo ruso con ganada fama de halcón, a la emisora estatal Rossiya 24.

El  sector más ultra de la clase política rusa, que es el que representa Karagánov,  se ha tomado muy en serio el actual rearme de Europa, continente militar y demográficamente superior a Rusia, según reconoce aquél.

SERGÉI KARAGÁNOV

Y aunque es cierto que atraviesa una crisis, Europa  es lo suficientemente rica y potente como para representar un peligro militar real al que Rusia debe hacer frente antes de que sea demasiado tarde, sostiene Karagánov´.

Entre sus propuestas más alarmantes está la de rebajar el umbral establecido por los estrategas del Kremlin para el empleo del arma nuclear.

Sus reflexiones pueden interpretarse como una crítica a la línea política de Vladimir Putin, que el politólogo  considera prudente en exceso.

 Karagánov habla de la posibilidad de que sea el alto mando militar, el único que tiene, según él, una visión completa del peligro enemigo, quien decida en cada momento el tipo de armamento que conviene emplear, incluido el nuclear.

Al margen de las consideraciones de estrategia militar, las declaraciones de Karagánov son a la vez  un claro ajuste de cuentas con la política cultural de Occidente.

“Hay que recordar que Europa ha sido desde hace ya 500 años el semillero de todo lo malo en la historia de la humanidad: el colonialismo, el racismo, el genocidio, las dos guerras mundiales”, afirma el ruso, según el cual, aunque resulte difícil porque Europa es al mismo tiempo parte de la cultura rusa, hay que romper con ella.

Karagánov califica despectivamente de “vlasovianos” a quienes se niegan a esa ruptura,  que él considera necesaria y urgente. Andréi Andréyevich Vlásov fue un general soviético que, tras ser capturado tras el sitio d Leningrado, desertó para colaborar con la Alemania nazi.

Capturado por los estadounidenses, Vlásov fue enviado a la Rusia de Stalin, donde fue juzgado, condenado a muerte y ahorcado.

Las declaraciones de Karagánov constituyen una andanada contra los “occidentalistas” y “eurófilos” de su patria, a los que acusa de “debilidad intelectual y suciedad moral” cuando no directamente de traición.

El principal peligro para Rusia no es, según dice, Estados Unidos, sino los europeos. “Con los estadounidenses uno puede entenderse porque hay allí gente razonable. Pero ésta no existe en Europa”.

Los ciudadanos europeos, argumenta el politólogo ruso, no pintan nada. Quienes deciden son las fracasadas e idiotizadas elites, que además “ya no nos temen”.  Por lo que hay que enseñarles a temer y respetar a Rusia.

Entre sus propuestas, llevar a cabo acciones de sabotaje, cortar, por ejemplo, los cables submarinos o volver a realizar pruebas nucleares en territorio ruso.

Karagánov, a quien uno podría comparar con ciertos políticos ultras estadounidenses como el senador Lindsay Graham, habla de eventuales ataques convencionales contra objetivos europeos muy concretos y no descarta el recurso al arma nuclear si no  funcionan.

Rusia debe por fin despedirse, según Karagánov, de la “estupidez” consistente en afirmar que no podrá ganarse nunca una guerra nuclear porque es mentira.

Su entrevistador le argumenta que sus propuestas podrían causar fuertes divisiones entre los rusos, que apoyan mayoritariamente al presidente Putin, lo que no cabe decir de ciertos sectores de las elites rusas.

Según Karagánov, a quienes abogan por el acercamiento de Rusia a Occidente hay que “alejarlos de nuestra sociedad con métodos suaves si es posible, y si no, con otros más duros” porque la situación empeora de año en año.

Karagánov reconoce que sus polémicas declaraciones son parte de un combate cultural más amplio. La cultura rusia procede del sur, de Bizancio y Palestina, del este de Asia, no de Occidente.

Y son a la vez una acerada crítica al presidente ruso, que tiene en su despacho un retrato de Pedro el Grande, el zar ruso que, a comienzos del siglo XVIII, transformó al país mediante una política activa de modernización y aproximación a Europa.

Como escribe el periodista alemán Reinhard Lauterbach, la pregunta que hay que hacerse es por qué los medios rusos dieron tanta publicidad a las declaraciones de Karagánov.

¿Se trata acaso de un aviso a los antiputinistas europeos de que mejor entenderse con el actual líder del Kremlin  porque lo que pudiera venir tras él podría ser mucho peor?

JOAQUÍN RÁBAGO