El “amigo americano” se nos volvió de pronto hostil - por Joaquín Rábago
EEUU EUROPA:
El “amigo americano” se nos volvió de pronto hostil
Joaquín Rábago
El “amigo americano”, en quien habíamos depositado todas nuestras esperanzas de seguridad, se nos volvió de pronto hostil.
Y exclamamos, como se dice que exclamó el hijo de Dios en el Gólgota, ¿por qué nos has abandonado?
¿Todavía no se han enterado nuestros preclaros líderes de una idea, sin embargo, tan antigua como que los países no tienen “amigos”, sino solo “intereses”?
Intereses que siempre ha defendido Estados Unidos aunque nunca hasta ahora, es verdad, con la crudeza y brutalidad con la que lo hace su actual presidente.
¿O es que no estaba defendiendo el demócrata Joe Biden los intereses energéticos y estratégicos de su país cuando dio luz verde a la voladura de los gasoductos NordStream, por los que llegaba el gas baso barato a Europa occidental?
¿Acaso era interés de Alemania, copropietaria por cierto con Rusia de esos gasoductos, y otros países europeos su destrucción, que los obligaría a comprar el gas natural licuado de EEUU, cuatro veces más caro y más contaminante?
¿Por qué callaron entonces nuestros líderes ante el mayor atentado ecoterrorista de la historia, cometido, para más inri por un aliado, ya fuera EEUU, como dice el periodista Seymour Hersh, ya un comando ucraniano que no pudo actuar sin conocimiento de Washington?
¿Y no fue también Estados Unidos quien, por interés propio, embarcó en su día a los países europeos en su cruzada antirrusa con la ampliación de la OTAN y su insistencia en que Ucrania debía renunciar a su neutralidad para integrarse también en la Alianza?
¿Es que hemos olvidado ya que los países europeos que entonces contaban, como Alemania y Francia, expusieron serias objeciones a esa ampliación, contraria a lo prometido en su día a Mijaíl Gorbachov?
Aquello interesaba entonces a EEUU porque se sentía todopoderoso en el mundo unipolar que siguió a la disolución de la Unión Soviética y del bloque comunista.
Pero hoy ese mundo unipolar ya no existe- hay otras potencias en juego- y Washington ha entendido que no puede abarcarlo todo y debe elegir dónde poner el foco en defensa de sus intereses: su propio hemisferio, resucitando la doctrina Monroe, y la región del Asia-Pacífico frente a su gran rival económico y militar, China.
Europa mientras tanto, una región con más de 700 millones de habitantes, un enorme mercado, y con una extraordinaria capacidad tecnológica, pero que carece de las materias primas que necesita su industria y abundan en Rusia y el resto del continente euroasiático parece optar por el suicidio industrial y económico.
Movida sólo por su rusofobia, Europa renunció a abrir cualquier canal de comunicación con Rusia, dejando en todo momento la iniciativa a EEUU, y ahora se queja amargamente de que Washington y Moscú la den de lado cuando están en juego sus propios intereses.
Pero ¿es acaso de interés de los ciudadanos europeos tener a un enorme vecino, potencia nuclear para colmo, como eterno “enemigo” aunque acabe la guerra de Rusia? Es al menos lo que afirman algunos de nuestros líderes.
Y todo ello cuando los Estados Unidos de Trump ya han dicho claramente en su recién publicada “estrategia de seguridad nacional” que Europa debe responsabilizarse en el futuro de su propia defensa.
Es decir que no cuenten los europeos con que EEUU vaya a aplicar, en el caso de ataque nuclear ruso, el artículo número 5 de la OTAN, corazón de la defensa colectiva.
Y en ese contexto, al almirante italiano Giuseppe Cavo Dragone, presidente del comité militar de la OTAN, no parece habérsele ocurrido otra cosa que declarar al Financial Times que la alianza está valorando la posibilidad de “ataques preventivos” contra Rusia para hacer frente a sus ”amenazas híbridas”. ¡En qué manos estamos!