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lunes, 20 de mayo de 2024 06:32h.

Si caer muy bajo fuese deporte olímpico, la política ganaría todas las medallas - por Benjamín Prado

 

 

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Antonio Aguado, coherente veterano socialista, exmilitante del PSOE, recomienda este artículo

Si caer muy bajo fuese deporte olímpico, la política ganaría todas las medallas

Benjamín Prado

INFO LIBRE

Si caer muy bajo fuese deporte olímpico, la política ganaría todas las medallas, porque en ella suele estar representado lo peor de la naturaleza humana: en la lucha por el poder valen los golpes bajos, las faltas tácticas y los árbitros comprados, entre otras cosas porque, se hagan las trampas que se hagan, el público local siempre aplaude.

En ese terreno, lejos de impartirse lecciones de ejemplaridad, se dan ejemplos de mala educación, descortesía y falta de respeto, y a menudo se jalea a quien peores modales tiene, lanza los insultos más ofensivos o cuenta más mentiras. De hecho, si a algunos discursos les quitas el jaleo de alrededor y las ovaciones de fondo, se quedan en nada.

Eso le ocurrió el otro día a la mano derecha de la lideresa madrileña Isabel Díaz Ayuso, cuando lanzó uno de los ataques más machistas, casposos, violentos y ofensivos que se recuerdan contra la esposa del presidente del Gobierno, de la que vino a decir que pagaba con favores sexuales prestados en habitaciones de hotel los servicios que obtenía de grandes empresarios. Da vergüenza repetirlo, de puro atroz. 

Lo peor del pobre hombre fue que pretendía ser irónico, seguramente para lograr la complicidad de algunos espectadores –que la obtendría, porque esas cosas son contagiosas– y mostrarse por encima de las circunstancias. Le salió mal, incluso en quienes no pueden criticarlo porque la famosa disciplina interna se lo prohíbe.

Dio asco, y en general nos llevó a preguntarnos, una vez más, cómo es posible que semejantes personajes lleguen tan alto siendo capaces de semejantes bajezas. Será, tal vez, porque en el fondo de estos cargos subalternos se sabe poco, se vota a las siglas tras las que se esconden y la información sobre ellos es mínima, puede que debido a que hasta los suyos estén seguros de que cuanto menos se sepa cómo son, mejor.

Pero tan malo como la presencia en nuestras instituciones de energúmenos de ese calibre, capaces de perder los papeles de semejante manera, es el silencio de quienes comparten intereses con ellos, el hecho inaudito de que absolutamente nadie de su partido saliera a llamarle la atención o a pedir disculpas por la parte que les toca.

Nadie, ni una voz en el Partido Popular, tampoco ninguna de sus representantes ha dicho esta boca es mía ante el flagrante ataque a la dignidad de las mujeres, que en mentes como la de ese individuo sólo llegan a los sitios saltando de cama en cama. Pero entre las suyas y los suyos, ni un reproche, al menos de cara a la galería, porque en privado te dicen otras cosas.

La famosa polarización no cae de los árboles ni la transmiten los pangolines, es un virus que se fabrica mezclando ideas tóxicas en los laboratorios de la crispación

El insecticida que lanzaba por la boca ese hombre increíblemente no cesado a los diez minutos de su atrocidad, vino después de que se le viera citarse –él dice que encontrarse por puro azar– en una cafetería con el novio de Díaz Ayuso, justo después de que este denunciara a la fiscalía para hacer ver que no es el conseguidor sino el perseguido, la víctima de no sé qué filtraciones y demás, un papel para el que tiene, sin duda, a la maestra en casa, no hay más que recordar las fotos de dolorosa abatida por el dolor que se hizo para aparentar que le partían el corazón las muertes por coronavirus, mientras su Gobierno firmaba el famoso protocolo que condenaba a morir a miles de ancianos en las residencias solos, encerrados y sin recibir tratamiento médico alguno. En las siguientes elecciones, logró una mayoría absoluta que, según parece, le lavó las manos. Cada sociedad se merece lo que vota, si damos por hecho, como sin duda así es, que sabe lo que vota.

Con la tormenta que la persigue, Díaz Ayuso trata de salir de ella como Tarzán de los ríos llenos de cocodrilos: seca y sin despeinarse. No sería raro, ya lo ha hecho otras veces y con el acompañamiento musical de la orquesta mediática que la defiende haga lo que haga y caiga quien caiga, porque la famosa polarización no cae de los árboles ni la transmiten los pangolines, es un virus que se fabrica mezclando ideas tóxicas en los laboratorios de la crispación, que además venden muy bien su género porque los mentirosos y calumniadores tienen de su parte a la clientela: todas las drogas son así, complacen a quienes envenenan. Y porque, a diferencia de otros casos, aquí ninguna fiscalía ni juez va a entrar de oficio y, misteriosamente, no parece que el propio PSOE tome el camino de los tribunales para defender el honor vulnerado de Begoña Gómez. Si no pasa nada, volverá a pasar. Y los más indignos seguirán ahí. Y se les seguirán riendo las gracias. ¿Qué va a ser lo próximo?

 

* Gracias a Benjamín Prado e INFO LIBRE y a la colaboración de Antonio Aguado

BENJAMÍN PRADO
BENJAMÍN PRADO

https://www.infolibre.es/opinion/columnas/que-ven-mis-ojos/si-caer-fuese-deporte-olimpico-politica-ganaria-medallas_129_1760505.html

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