Trump: Cambio de régimen en Irán - por Joaquín Rábago
Otros de Joaquín en La casa de mi tía
Trump: Cambio de régimen en Irán
Joaquín Rábago
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla ahora en su particular medio social de la conveniencia, si no urgencia, de un “cambio de régimen” en Teherán.
“Cambio de régimen para hacer Irán grande otra vez”, escribe el estólido republicano, parafraseando el eslogan que él mismo ha hecho famoso.
No constituye ninguna novedad: Estados Unidos lleva décadas dedicado a cambiar regímenes.
Y no porque no respeten los derechos humanos, que eso es solo un pretexto: los de Egipto, Arabia Saudí, Emiratos y tantos otros siguen ahí.
Lo hace porque se resisten a sus intereses, porque se niegan a que sus recursos naturales sean objeto de explotación de las multinacionales del otro país.
Irán no sólo humilló en su día a la superpotencia con la toma de rehenes en su embajada en Teherán, algo que, a pesar del tiempo transcurrido (duró 444 días y terminó en enero de 1981, Washington nunca ha olvidado.
Irán ha demostrado ser al mismo tiempo el principal obstáculo para que el Gobierno sionista de Benjamín Netanyahu lleve a cabo su descabellado proyecto del Gran Israel: un Israel que se extendería idealmente desde el Éufrates hasta el Tigris.
Hay quien dice que Netanyahu controla mejor el Congreso de Washington que los propios ocupantes de la Casa blanca. Lo hace gracias al lobby israelí, que tantas campañas de legisladores, además de presidenciales, ha untado con sus millones.
Neutralizadas ya Irak y Libia por la poderosa maquinaria de guerra de la superpotencia, derrocado el régimen del sirio al-Áshad por los yihadistas del reciclado Ahmed al-Charaa, sólo queda ya irán.
Y acabar con el régimen de los ayatolas es la vieja obsesión de Netanyahu, quien es al mismo tiempo consciente de que sólo conseguirá el objetivo embarcando a EEUU en su guerra con ese país.
Y a eso lleva años dedicándose, advirtiendo una y otra vez al Congreso de Washington, mapas en la mano, de que Irán no se contentará, si se le deja, con borrar a Israel del mapa, sino que atacará también a EEUU.
Y por fin lo ha logrado con Trump, el presidente más pro Israel de la historia a la vez que el más influenciable por el lobby sionista.
Sin contar con el Congreso como requiere la Constitución y con total desprecio del derecho internacional, Trump envió a su fuerza aérea a bombardear las tres principales instalaciones nucleares iraníes.
Los propios iraníes, pese a verse engañados por Washington con el pretexto de unas negociaciones sobre su programa nuclear, fueron lo suficientemente astutos como para sacar de las instalaciones el uranio enriquecido para llevárselo a otra parte.
Tras el bombardeo, Trump anunció al país y al mundo que la operación había sido un “éxito espectacular”. Triunfalismo que a uno le recuerda al presidente George W. Bush cuando en mayo de 2003, a bordo de un portaaviones, se refirió a la campaña contra Irak como “misión cumplida”. No sospechaba el desastre que vendría después.
Ahora, los neocons que rodean a Trump parecen haberle convencido de que con los bombardeos de Irán no se ha aplastado la cabeza de la serpiente, como le requiere Israel. De ahí que hable ya de “cambio de régimen”. Los medios harán su trabajo. Esto no ha terminado.