Desde Canarias Insumisa decimos: Nada que celebrar. Desmilitarizar el puerto, recuperar la ciudad
Desde Canarias Insumisa decimos: Nada que celebrar. Desmilitarizar el puerto, recuperar la ciudad
Con motivo del próximo Día de las Fuerzas Armadas, en un momento en que crece en la sociedad canaria y en muchas partes del mundo la exigencia de neutralidad, desmilitarización y recuperación de los espacios públicos para el bien común, resulta especialmente grave que la alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria, Carolina Darias San Sebastián, pretenda premiar a la Base Naval. O lo que es lo mismo: premiar la ocupación ilegítima de un espacio público en pleno centro de la ciudad.
El Muelle Virgen del Pino, conocido como Muelle Frutero y con vestigios del histórico Castillo de Santa Catalina, fue ocupado hace 75 años por las fuerzas armadas sin cumplir siquiera con los formalismos de la ya de por sí cuestionable legalidad franquista. Su destino inicial, según documentos oficiales, era servir como base de hidroaviones y de las fuerzas navales. Sin embargo, ya en 1965 se comunicó oficialmente que “ya no es necesario disponer de la base de hidroaviones”. A pesar de ello, con la excusa de la defensa de la isla, se ha mantenido un club de ocio, deportivo y de celebraciones exclusivamente para uso militar, no solo de la Marina, en una ciudad especialmente necesitada de espacios deportivos y públicos de calidad.
No existe informe jurídico alguno que justifique perpetuar este robo al puerto y, por extensión, a la ciudad. La ocupación comenzó con 6 hectáreas y ya alcanza las 11 tras ampliaciones que incluyen línea de atraque, edificios, piscinas y hasta un restaurante. Con el traslado en el año 2000 de la Agrupación de Infantería de Canarias al Cuartel “Manuel Lois”, un terreno ya recuperado para la ciudad, la Base Naval se queda reducida a un club exclusivo que incluso dispone de parking privado.
El penúltimo despropósito fue la firma en 2022 de un acuerdo para legalizar el muro exterior de la Base Naval a cambio de un leve retranqueo, en nombre de abrir el Museo Naval a la ciudadanía. Una operación que, en la práctica, beneficia más al Club Náutico (conectado físicamente con la Base) que a la ciudadanía, y que además desmiente los argumentos militares sobre la “sensibilidad” del recinto para la Defensa. Basta con recordar que, una vez al año, miles de personas acceden sin control alguno con motivo de la llegada de los Reyes Magos.
Cabría añadir que, además, por si fuera poco, se ha utilizado para la celebración de una ceremonia religiosa, con motivo de la “coronación canónica” de la Virgen del Carmen. Al margen de otras consideraciones, si se usa para estos fines, mucho interés “estratégico/militar” no puede tener.
Décadas de demandas ciudadanas exigiendo la devolución de este espacio, incluidas mociones plenarias, una declaración institucional unánime del Ayuntamiento en 2004 solicitando el traslado de la Base Naval “a la mayor brevedad posible”, y proposiciones no de ley en el Parlamento de Canarias, el Congreso y el Senado, no han bastado para que se condicione ningún pacto político en la ciudad ni en la isla.
Y ahora, sin cumplir siquiera los requisitos establecidos por el propio Reglamento para la Institución y Otorgamiento de Títulos, Condecoraciones y Distinciones Honoríficas de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad del Real de Las Palmas, la alcaldesa decide unilateralmente premiar esta ocupación. El reglamento es claro:
* Artículo 10 establece los requisitos para la concesión de medallas a entidades.
* Artículo 11 exige una propuesta firmada por al menos dos quintas partes del pleno municipal.
* Artículo 12 y siguientes fijan un proceso reglado, con investigación de méritos, participación de un juez instructor y una comisión especial, y plazos concretos de actuación.
Nada de eso se ha respetado.
Estamos, en definitiva, ante una decisión autoritaria, una cacicada institucional que contradice todos los pronunciamientos democráticos realizados durante décadas por la sociedad canaria en general y la palmense en particular. En un contexto en que cada vez más voces reclaman la recuperación de nuestros puertos y costas, el fin de los privilegios militares, y un modelo de ciudad abierta, democrática y en paz, premiar a la Base Naval es premiar la militarización, el oscurantismo y la pérdida del derecho ciudadano sobre su propio territorio.
No hay nada que celebrar. Hay mucho por recuperar.
Canarias Insumisa.
26 mayo 2025