ESPAÑA: La conexión militar con Israel - por Joaquín Rábago

 

 

 

 

ESPAÑA:

La conexión militar con Israel

 Joaquín Rábago

 

Leo en nuestros medios que la conexión militar con Israel amenaza la formación de nuestros pilotos de caza.

“La simbiosis entre la tecnología militar occidental y la israelí es tan profunda que sus componentes se encuentran en productos que no son originalmente israelíes”.

Y su sustitución, añade el diario El País, de donde saco ese párrafo,  “puede demorar algunos años importantes programas”.

Se trata, según parece, de un problema  que afecta a los cazas F-5 del Ejército de Aire y que puede poner en riesgo la formación de nuestros pilotos de la Fuerza Aérea.

¿Es ésa la complejidad a la que se aferraba el Gobierno  para justificar la tardanza en publicar el decreto que prohíbe la exportación de armas al  Estado sionista? ¿O son, como dice ahora, sólo problemas de tipo aduanero?

Si una cosa pone de manifiesto esas explicaciones oficiales es el hecho de que desde demasiado tiempo se ha tratado a Israel como a un Estado normal.

Un Estado  que cumple sus obligaciones internacionales, incluido el derecho internacional o el derecho internacional humanitario, las leyes de la guerra, que prohíben tajantemente el asesinato de civiles.

Y no era cierto. No lo fue desde el momento mismo de la fundación de ese Estado por la ONU en 1948. 

Israel ha estado cometiendo desde entonces un genocidio, una limpieza étnica o como queramos llamarlo, a cámara lenta, y todos los países, especialmente, pero no sólo Occidente, han preferido siempre mirar para otro lado.

Al fin y al cabo las víctimas eran un pueblo de tez morena y otra religión que la nuestra, dada además en su desesperación  al terrorismo,  como se demostró en acciones tan espectaculares como el atentado de Múnich de 1972,  cuando once miembros del equipo olímpico israelí fueron asesinados por un comando de Septiembre Negro.

O más próximamente, con el atentado de Hamás del 7 de octubre de 2007 contra territorio israelí próximo a Gaza, en el que murieron en torno a 1.200 `personas, entre ellas algunas por “fuego amigo”,  y 250 fueron secuestradas.

La repuesta israelí a ese horrible atentado ha sido brutal: bombardeos sistemáticos de la franja que no han respetado ni hospitales, ni escuelas ni lugares de oración, tampoco cristianos, ni por supuesto bloques de viviendas con la muerte de más de 60.000 personas y no se sabe cuántas más bajo los escombros y 1.9 millones de desplazados, según Amnistía Internacional.

ISRAEL USA

Sin hablar de la más cruel de las hambrunas,  que ha convertido a muchos menores gazatíes en una especie de muertos vivientes. Todo ello avalado por cierto por Estados Unidos, que ha interpuesto una y otra vez más su veto en el Consejo de Seguridad de la ONU a cualquier condena del genocidio israelí.

USA VETA ALTO EL FUEGO EN GAZA EN EL CONSEJO DE SEGURIDAD ONU

Por condenable que fuera,  como todo asesinato de civiles, el atentado del 7 de octubre ha servido, sin embargo, para desenmascarar de pronto a ojos del mundo a un Estado cuyo comportamiento genocida, que data desde su fundación, se había preferido ignorar demasiado tiempo. 

Ése fue seguramente el motivo que impulsó a los militantes de Hamás a cometerlo,  aun conscientes de las consecuencias que pudiera tener para su propio pueblo.

JOAQUÍN RÁBAGO