¿Corrupción? Esto no es nada - por Chema Tante

¿Corrupción? Esto no es nada - por Chema Tante

 

Estrépito político que a punto ha estado de tumbar al gobierno de Sánchez, porque culpa de otro caso de una panda de pillos que desde las administraciones se confabulan con otros pillos en las empresas. Digo otro caso y digo bien. Una trama más de la que se publican los datos. Un caso de los que saltan, porque se conocen los detalles, cuando existen muchos, muchísimos más, que no se saben, aunque se intuyen, a poca perspicacia que se aplique. Basta con calcular el coste de las campañas electorales y el funcionamiento suntuoso de algunas organizaciones políticas, que no tienen más explicación que la financiación inconfesable.

Lo del trío Koldo Ábalos Cerdán, como la Gürtel, la Púnica y demás catálogo, es lo que se ve. Queda lo que no se ve o no se quiere ver.

Todo puras estafas en el mismo campo de operaciones: La contratación con el estado y las aprobaciones administrativas de proyectos innecesarios o perjudiciales. Ayuntamientos, cabildos y diputaciones, gobiernos territoriales y gobierno central y también las alturas del tabernáculo del neoliberalismo europeo, en Bruselas, practican la benevolencia con los intereses particulares, empresariales, de cualquiera que esté dispuesto a pagar por ello. Y esto es corrupción también y más grave, por ser más abundante.

Las personas de la calle escuchan estupefactas que faltan perras para la sanidad, la educación, la dependencia, para dar trabajo a todo quisque, perras que se deslizan por los vericuetos burocráticos, por la simple fórmula de “tú me das este contrato a mí, o me autorizas a hacer lo que me convenga, yo te doy a ti parte de la pasta que me gane”

Porque eso es todo. Y como resulta tan fácil, yo, sin pruebas, pero con indicios, indicios de verdad, no los de ciertos jueces, declaro mis incontenibles y potentes sospechas de que en la inmensa mayoría de tales contrataciones y autorizaciones están presentes los conchavos entre corruptores y corrompidos.

Eso, a pesar de una legislación exquisitamente cuidadosa en preservar la libre concurrencia y -se supone- la equidad en las adjudicaciones y permisos. Y con el control -se supone- de la Intervención sin cuya fiscalización no se mueve un euro público.

Sánchez se rasga la alba túnica de la pureza y anuncia ahora un paquete de 15 medidas, dice él que contra la corrupción. Feijóo, por su parte, no hace ni eso. Y Clavijo, por cierto, tiene el cinismo de "escandalizarse" por las corrupciones ajenas. No me los pierdan, a los tres y compañía. 

Sin embargo, el ardid político supremo de los partidos hegemónicos, en el estado o en los territorios, es implantar excelentes medidas legislativas que frenan las fechorías y, en su caso, las castigan, pero luego, simplemente, ni se acatan, ni se respetan ni se cumplen. Y esto es posible, porque cuentan con la benevolencia cómplice de muchos tribunales. Hay que reconocer la obviedad de que en la Justicia en el estado español hay multitud de personas con honestidad que practican la limpieza imparcial. Pero también es preciso preguntarse porqué la inmensa mayoría de los casos de corrupción, en adjudicación de contratos y concesión de permisos siempre terminan cayendo precisamente en los tribunales más sospechosos. Los que acosan a la gente de enfrente y perdonan a la gente propia.

Ellos saben cómo lo hacen y yo sé cómo lo hacen, pero lo que ocurre es que las contrataciones con el estado y los permisos administrativos siempre caen en las mismas empresas. Sean obras públicas, servicios de seguridad, suministro de alimentos, gestión de residencias de mayores, organización de la fiesta mayor … sea un hotel, una urbanización, una instalación deportiva para que disfruten las élites, hay algunos empresarios con extraordinaria habilidad para ejecutar lo que haga falta, siempre que sea rentable. Y lo será. Siempre será rentable. Porque el coste no importa y la calidad del bien o servicio adjudicado o el perjuicio del proyecto autorizado importan menos todavía, porque nadie lo va a comprobar.

Y como la voracidad de corruptores y corruptos es insaciable y las campañas electorales son muy caras, a las necesidades reales de la sociedad, mal atendidas, por el efecto de la corrupción, les añaden otros asuntos de interés inventado. No es solamente que adjudiquen contrataciones a dedo. Es que además encuentran infinidad de justificaciones para más contrataciones innecesarias. Desde el alcalde que sustituye unas duchas playeras que funcionan por otras nuevas o coloca semáforos donde maldita la falta que hacen, a los grandes estrategas que  se empeñan en construir carreteras o trenes o auditorios o puertos que luego no reciben barcos. La cuestión es presentar falsamente las bondades de proyectos y licitarlos para adjudicarlo al corruptor que corresponda. Cómo explicar la obsesión de tantos gobiernos municipales, insulares, territoriales, estatales, por aprobar y proteger proyectos, macrogranjas, macrofábricas, macrocomplejos turísticos, macropuertos, macrotelescopios, macroinstalaciones de renovables que terminan contaminando más, en fin, megaloquesea, comprobadamente agresores del medio ambiente, de la cultura, de la historia, de la economía local, del sentido común… Proyectos que salen adelante, a pesar de los dictámenes técnicos que demuestran su inconveniencia. Cómo explicarlo, si no es porque existe el pago correspondiente. No debería hacer falta otra prueba. Quizá la evidencia no sirva para condenar o empapelar o entalegar a nadie, por más que se lo merezca. Pero, desde luego que sirve para impedirles que sigan con su bastarda comercialización de la propiedad colectiva. O, al menos debería bastar para que a nadie le extrañe que de vez en cuando caiga algún forajido.

Sin embargo, las altas direcciones de los partidos hegemónicos, PP o PsoE, que son iguales, no reparan en los chanchullos de sus líderes locales o territoriales porque esos compañeros, esas compañeras con los ingentes recursos financieros que brinda la corrupción, ganan elecciones y esos votos locales o territoriales que engordan los resultados totales. Es lo único que importa…

Y todo ello, por supuesto, con la complicidad de los medios mercenarios de comunicación que arman mucho ruido en algunos casos, y callan ominosamente en los más, según convenga.

De vez en cuando, alguna banda corrupta cae y alguna gente termina presa. Son las gotas que se ven porque salpican, mientras la inmensa catarata de la corrupción permanece oculta.

La solución a la corrupción no está en auditorias “externas” que hacen auditorías vendidas ni en normas de una OCDE caduca, abducida por intereses empresariales. La corrupción se  aniquilaría con la transparencia en los procesos de adjudicación de contratos, en la comprobación de los resultados de las faraónicas obras públicas y en la exigencia de responsabilidad por las sentencias o archivos que deciden juezas y jueces.

Sin olvidar la investigación de los evidentes signos de poderío económico que ostenta mucha de la gente que ha estado en el poder.

CHEMA TANTE