Cuando la guerra se convierte en un videojuego - por Joaquín Rábago
Cuando la guerra se convierte en un videojuego
Por Joaquín Rábago
Con la utilización masiva de drones por parte de los dos contendientes, la guerra de Ucrania parece haberse convertido en un videojuego.
Se sabe, por ejemplo, que los militares reclutan a individuos del ámbito de los videojuegos para el manejo de esas armas.
Las batallas a las que se libran rusos y ucranianos representan un peligroso giro radical en la conducción de la guerra.
No se trata ya sólo de los llamados “drones asesinos”, que van armados, sino de los de “reconocimiento”, que recopilan datos muy dentro de territorio enemigo e identifican los objetivos a atacar.
Como señala la profesora de ética digital y tecnologías de la Defensa del Oxford Internet Institute, Mariarosaria Taddeo (1), resulta a la vez harto problemático el uso de drones para la vigilancia masiva de no combatientes, de la población civil en general.
“Sus derechos deben ser respetados. Hay que saber con qué objetivo se recogieron esos datos y cuánto tiempo se guardarán. Pues ello puede llevar a nuevos incidentes y crímenes de guerra”, explica la filósofa italiana.
Taddeo considera en cualquier caso que la utilización de esa nueva tecnología militar no debería invalidar el derecho internacional humanitario.
Es “moralmente inaceptable”, afirma, que una máquina pueda decidir sobre la vida o muerte de un individuo.
Se trata ante todo de saber cuánto son de fiables esas armas: se les dan unas instrucciones, pero sólo hasta cierto punto se puede estar seguros de que las cumplirán al pie de la letra.
“Imaginémonos lo que significa en el campo de batalla que unas armas automáticas identifiquen objetivos que no preveían los militares”, dice Taddeo.
El tribunal de Nuremberg, que juzgó los crímenes cometidos por la Alemania nazi en la SGM, dictaminó que “los crímenes contra los derechos humanos los perpetran siempre las personas, no unidades abstractas, y sólo así se puede hacer valer el derecho internacional”.
“En mi opinión, dice la filósofa italiana, eso sigue siendo hoy válido. Si renunciamos a ese principio, habremos dicho “adiós” al imperio de la moral en las guerras”.
Lo que hace falta en este momento, añade, es establecer reglas claras que permitan atribuir la responsabilidad moral de modo justo.
Y en lugar de discutir en abstracto sobre la dignidad humana, habría sobre todo que sopesar los riesgos del empleo de ese tipo de armas.
“Como sociedad, explica, debemos, por ejemplo, decidir cuánta autonomía dejamos a esos sistemas en la elección de objetivos. Y qué margen de error consideramos tolerable.”
El daño no puede ser nunca superior al beneficio que sse obtenga y hay además que limitarlo lo más posible en la consecución de un determinado objetivo.
Y en ningún caso, dice, podrá atacarse a los civiles, a los no combatientes, como por desgracia está ocurriendo ahora en la guerra de Ucrania. Por no hablar ya del genocidio de Gaza.
Las Naciones Unidas, critica Taddeo, llevan ya trece años discutiendo sobre las armas autómatas mortíferas, pero sin resultados tangibles.
Sería bueno, argumenta la filósofa, que la propia Unión Europea se implicase en ese asunto como ha hecho al regular otras tecnologías digitales.
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En declaraciones al semanario alemán Der Spiegel.