Demasiado tarde se han dado cuenta los gobiernos europeos de la amenaza trumpiana - por Joaquín Rábago
Demasiado tarde se han dado cuenta los gobiernos europeos de la amenaza trumpiana
Joaquín Rábago
Confiados en la seguridad que proporcionaba la OTAN frente a la “amenaza rusa”, continuamente agitada por su propaganda, los gobiernos europeos tardaron en darse cuenta de lo que iba a suponer una presidencia como la de Donald Trump.
Para muchos dirigentes europeos, el continente había superado ya antes otras tormentas con Washington, por ejemplo, cuando la guerra ilegal de Irak, por lo que no había que preocuparse demasiado.
Pero como tantos de sus votantes en Estados Unidos, los europeos creyeron además al republicano cuando anunciaba su intención de no comenzar guerras insensatas y costosas en cualquier parte del mundo como habían hecho los demócratas.
¡Qué chasco debe de haber sido para muchos ver cómo el candidato al Nobel de la Paz ha atacado en el año que lleva en la Casa Blanca a más países -Venezuela, Nigeria, Irán, Yemen, Somalia, Siria-que muchos que le precedieron!
Y al mismo tiempo qué decepción la que ha generado su Estrategia de Seguridad Nacional, que ya no define a Rusia como una amenaza directa a la seguridad europea y busca por el contrario la desescalada y la reapertura de canales diplomáticos justo cuando los europeos insisten en la necesidad de continuar la guerra de Ucrania para debilitar a Putin.
Ese documento estratégico señala claramente que no es ya Europa, sino que son otras las prioridades de Washington: la hegemonía sobre su propio hemisferio, en el que ahora incluye a Groenlandia, y la rivalidad estratégica con China, de la que denuncia su creciente influencia no sólo en el Indo-Pacífico sino s también en Latinoamérica.
Trump parece haberse propuesto al mismo tiempo hacer trizas el viejo orden internacional basado en reglas, aunque fueran siempre las reglas de Washington, que por otro lado ese país violaba con cualquier pretexto, algo que preocupa muy especialmente a los europeos.
Sobre todo en un momento en que no sólo militarmente, sino también en el terreno económico, financiero o digital, la dependencia europea de Estados Unidos resulta especialmente preocupante.
Estados Unidos domina no sólo la OTAN sino también los mercados financieros y el sector tecnológico y digital. Los gigantes de Silicon Valley son quienes marcan el paso en todo el mundo.
Incluso los automóviles orgullo de la industria alemana como Mercedes dependen del gigante estadounidense Nvidia, líder mundial en inteligencia artificial, para funcionar autónomamente.
La inmensa mayoría de las empresas europeas emplean los productos o servicios de Apple, Microsoft, Meta o Google, aunque muchas no ocultan que les gustaría contar con alternativas europeas.
El foso tecnológico entre EEUU y Europa se ha agrandado con el desarrollo de la inteligencia artificial y así, como critica el semanario Der Spiegel, ningún modelo de lenguaje de IA ha salido de nuestro continente, al menos ninguno importante.
El desarrollado por la empresa emergente francesa Mistral o el de la alemana Aleph Alpha no pueden competir ni de lejos con la estadounidense OpenAI y su modelo ChatGPT.
La ley federal estadounidense conocida como Cloud Act permite como colmo a las autoridades de ese país exigir a sus tecnológicas como Google, Microsoft o Amazon que entreguen los datos almacenados en sus servidores, incluso si están fuera de EEUU. El control de Washington es pues total.
Y el propio vicepresidente de EEUU, JD Vance, amenazó a las autoridades europeas con retirar el apoyo de Washington a la Alianza Atlántica si la UE sancionaba a las tecnológicas estadounidenses.
Sobre todo ahora, con un personaje en la Casa Blanca que presume de ciscarse en el derecho internacional, Europa tiene que acabar con una relación de excesiva dependencia que la hace especialmente vulnerable a los caprichos de Washington.
Las autoridades europeas han firmado acuerdos multimillonarios con gigantes tecnológicos de EEUU como Oracle, Google Cloud o Palantir, la empresa del antidemócrata Peter Thiel especializada en la vigilancia y el control de los ciudadanos.
Y, sin embargo, como escribe el semanario Der Spiegel, hay alternativas, y así en Alemania, el “land” de Schleswig Holstein ha transferido de Microsoft a un “solfware” libre buena parte de sus servicios, lo que le permite ahorrar anualmente millones en concepto de licencias.
También en Alemania, el Centro para la Soberanía Digital (ZenDis) ha creado más de 80.000 puestos de trabajo en el sector público con su alternativa “Opendesk”.
Pero es necesario acabar con la dependencia de EEUU también en otros sectores, por ejemplo, el de la defensa, incluido los satélites, dominado también actualmente por empresas como Starlink y SpaceX, de Elon Musk.
Y está sobre todo el dominio hasta ahora casi absoluto del dólar. Bancos, bolsas de valores, agencias de calificación están dominados por el sistema de pagos del dólar, que utiliza infraestructuras como la red Swift que permite a EEUU presionar a otros países.
En torno al 60 por ciento de todos los pagos en Europa se hacen a través de Visa y Mastercard, a las que se suma la también muy popular PayPal.
¿Qué va a suceder a partir de ahora, cuando europeos y estadounidenses manifiestan intereses divergentes, si no directamente antagónicos, como demuestran el caso de Groenlandia, las relaciones con Rusia, el trato fiscal a las tecnológicas y tantos asuntos de política internacional?