El desierto ha florecido ya, Álvaro Frutos, pero las flores son robadas a un pueblo ausente o esclavizado – por Chema Tante
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En respuesta a Cuando el desierto vuelva a florecer, de Álvaro Frutos Rosado
No dudo, Álvaro Frutos, de tu buena voluntad, de tu sinceridad en el deseo de hallar una solución para la tragedia del pueblo saharaui.
Pero tampoco tengo dudas de tu ingenuidad, cuando confías en la palabra de Mohamed VI, el déspota de Rabat, al que citas: ““Marruecos no busca vencer, sino convencer; no quiere imponer, sino construir con todos una paz duradera.”
La verdad histórica es que el gobierno -que no el pueblo- de Marruecos ha intentado siempre vencer, imponer sus intereses, destruir al pueblo saharaui. Y, si pudiera, también al pueblo canario, por cierto. Mira el mapa del Gran Marruecos que campea en el programa político del primo de Juan Carlos de Borbón, Mohamed. No. No podemos confiar en la buena fe del régimen de Rabat.
El estado español tiene sobradas pruebas de la doblez marroquí. Y los sucesivos gobiernos, desde los tiempos de Franco, han venido inexplicablemente tolerando y soportando las deslealtades de un régimen que hace de la mentira y el incumplimiento de compromisos la norma en sus relaciones internacionales. De Ifni y la Marcha Verde, al desprecio de todos los acuerdos comerciales y a la utilización del chantaje con la migración, el Majcen, la aristocracia que manda en Marruecos, con el rey de turno a la cabeza, le han venido propinando cachetadas al estado español, sin recibir más respuesta que la sumisión complaciente de Madrid.
Parece, Álvaro Frutos, que no te has enterado de que el gobierno marroquí ignora sistemáticamente las sentencias de los tribunales europeos, que le prohíben aprovecharse de los recursos saharauis sin contar con el FPolisario.
Bucraa, el Banco Canario Sahariano, la arena y ahora, las frutas y hortalizas que, con tecnología israelí, se cultivan en el territorio saharaui. Fosfatos, pescado y cefalópodo, la dicha arena y los tomates, cítricos, fresas, pimientos, pepinos que Marruecos exporta con su etiqueta, de manera falsaria, porque no son “Made in Morocco” sino “Made in Sahara”. Un caso flagrante de saqueo colonial. ¿No te das cuenta, cuando te refieres a ese 10% de las exportaciones marroquíes que procede del Sáhara (el porcentaje es mayor, te lo aseguro, pero Rabat lo camufla) de que estás describiendo un robo? Me parece que hablar, a continuación, de “riqueza compartida” es un sarcasmo. Mohamed VI y el Majcen no comparten la riqueza ni con su propio pueblo, menos todavía, con el saharaui.
No hay manera de creer en la palabra del régimen de Marruecos que, además, tiene a su propio pueblo tan dominado como tiene al saharaui.
No hay, tampoco, manera de creer que sea posible una “autonomía genuina” en el Sáhara. Pero es que, además, la voluntad inamovible del pueblo saharaui es acceder a la autodeterminación que, por cierto, vuelve a citar la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, como tu muy acertadamente recuerdas.
Y también aciertas, aunque marras en la aplicación, con esta frase “El liderazgo del futuro será el de quien haga florecer el desierto, no el de quien lo conquiste”. Marruecos ha hecho florecer el desierto, pero utilizando la conquista y, con eso, su liderazgo es bastardo.
No hay autonomía que valga, Álvaro Frutos. El Sahara debe ser y será, libre. Como también el pueblo de Marruecos. Pero cada cual por su lado, como mejor convenga.