Donald Trump y el arte de incordiar - por Suso Morán Gago

Donald Trump y el arte de incordiar 

Suso Morán Gago

Si hay algo que debemos reconocerle a Donald Trump, es su capacidad de mantenernos en vilo. No porque sus ideas sean revolucionarias, sino porque nunca sabemos cuál de sus versiones creer. Hoy promete una cosa con toda la solemnidad de un emperador romano, y mañana, sin el más mínimo rubor, dice exactamente lo contrario.

Esta habilidad –o trastorno, según a quién le preguntes– ha alcanzado niveles de arte. Es como ver una obra de teatro en la que el guion cambia cada vez que el actor va al baño. De ahí que la frase popular “cada vez que mea, piensa” le venga como anillo al dedo. Lo curioso es que pensar, lo que se dice pensar, no parece ser su fuerte, pero eso no impide que su flujo de ideas sea tan constante como… bueno, ya saben.

Un día anuncia que endurecerá las políticas migratorias. Al siguiente, dice que los inmigrantes son necesarios para la economía. Mañana firma una orden ejecutiva para salvar a la industria del carbón. Pasado, jura que la energía renovable es el futuro. Y así, en una espiral de contradicciones que haría sudar hasta al más flexible de los contorsionistas.

¿Es estrategia o simple espontaneidad? ¿Nos está engañando o simplemente tiene la memoria de un pez dorado? Nunca lo sabremos. Lo único seguro es que cada vez que Trump entra al baño, el mundo espera con nerviosismo su próximo tuit. Porque en la política de Trump, las decisiones no se toman en la Oficina Oval, sino en la intimidad del inodoro.

SUSO MORÁN GAGO