EEUU fomenta con sanciones el descontento ciudadano para luego explotarlo - por Joaquín Rábago

EEUU fomenta con sanciones el descontento ciudadano para luego explotarlo

Joaquín Rábago

Estados Unidos fomenta con draconianas y a todas luces ilegales sanciones económicas el descontento popular en aquellos países cuyos gobiernos se le resisten, lo que luego aprovecha para sus objetivos de dominación. 

 SANCIONES DE EEUU

Lo volvió a hacer de forma descarada con el endurecimiento de sus sanciones a Irán, la república islámica que considera una amenaza para Israel y las monarquías teocráticas de la región aliadas también de Washington.

Nadie lo ha expresado con mayor crudeza que el senador republicano Lindsey Graham, según el cual “ese régimen tiránico tiene que acabar para nuestra seguridad y la del pueblo de Israel”.

LINDSEY GRAHAM

Irán es entre otras cosas un país étnicamente muy heterogéneo, por lo que no debe de resultar difícil para la CIA o el Mosadd explotar las divisiones entre sus minorías, entre las que están kurdos, azeríes y baluchíes.

El ambiente estaba ya caldeado por el claro descontento de los ciudadanos por una inflación asfixiante, y resultó así fácil prender una llama que, con ayuda de internet y todo tipo de agentes provocadores, se extendió rápidamente por el país.

Buena parte del trabajo correspondió una vez más a  la agencia de inteligencia israelí, como reconoció con su habitual desparpajo el ex secretario de Estado y ex director de la CIA Mike Pompeo.

Cuando aún parecía que podía triunfar la rebelión, Pompeo felicitó el año “a todos los iraníes en la calle, y a los agentes del Mosad que caminan a su lado”.

MIKE POMPEO

Los medios estadounidenses y en general de Occidente parecían convencidos de que esta vez el régimen no resistiría, acosado como estaba por los iracundos manifestantes en Teherán y numerosas regiones del país.

Se quemaron coranes, se incendiaron mezquitas. Ardieron comercios, gasolineras, vehículos particulares y coches de la policía, y hubo disparos letales que nadie sabía de dónde habían salido. 

Fue, como señalaron algunos analistas, como una reedición del Euromaidán, sólo que esta vez no habría cambio de gobierno como en Ucrania, sino que al final las autoridades lograron al menos de momento reprimir la revuelta.

Elon Musk intentó ayudar a los rebeldes poniendo a su disposición su red satelital Starlink, pero las autoridades consiguieron desactivarla con equipos suministrados al parecer por China.

Lo cual impidió que agentes de inteligencia y provocadores siguieran comunicándose entre ellos o que los rebeldes recibieran mensajes e instrucciones de fuera como los llamamientos a la sublevación del impopular hijo del último sha de Persia, Reza Pahlavi.

La llamarada por fin se apagó, y hubo de pronto otro tipo de manifestaciones en Teherán y otras ciudades, esta vez, sin embargo, multitudinarias y a favor del régimen, que desmentían una vez más a quienes una y otra vez han pronosticado su inminente caída.

Lo trágico como siempre en estos casos es la muerte de cientos de personas, lo mismo manifestantes que agentes de la autoridad. Las organizaciones de derechos humanos y el Gobierno dan distintas cifras de víctimas. Hay quien habla incluso de miles de muertos.

Pero a quienes atizan ese tipo de revueltas, nada parece importarles las consecuencias de una guerra civil, ni piensan en que el régimen, cada vez más sometido a presión, tenderá a reforzar las medidas represivas para impedir una repetición de lo ocurrido.

Y para colmo, en una vuelta más de tuerca, el vengativo presidente de EEUU amenaza con aranceles del 25 por ciento a los países que sigan comerciando con Irán. Sanciones destinadas a aumentar aún más su  aislamiento internacional.

 

JOAQUÍN RÁBAGO