Epstein, un síntoma del capitalismo patriarcal - por Manon Bolstanky
Epstein, un síntoma del capitalismo patriarcal
Manon Bolstanky
L'ANTICAPITALISTE
Escándalo masivo de pederastia, ramificaciones políticas internacionales, un aluvión de teorías conspirativas: el caso Epstein es de una magnitud asombrosa. Sobre todo, revela los mecanismos estructurales del capitalismo patriarcal.
El caso Epstein es difícil de comprender debido a su enorme magnitud. Incluso antes de que se revelaran sus numerosos y variados crímenes, Jeffrey Epstein era un símbolo del capitalismo contemporáneo: un niño prodigio, un "inversionista empresarial" cuya riqueza se originó de forma misteriosa, con una extensa agenda de contactos y conexiones en todos los círculos de la élite capitalista: financieros, famosos, culturales y políticos. Una figura global de poder y dinero, muy similar a Trump en la década de 1990, antes de su giro político.
Hoy, el escándalo se revela en toda su magnitud: una red internacional de pedofilia, maquinaciones financieras, financiación semioculta de figuras políticas, partidos de extrema derecha y ministros, tanto en Estados Unidos como en Europa, y vínculos con diversos servicios de inteligencia. Es extenso, no en el sentido fantástico del pulpo inventado por los teóricos de la conspiración, sino porque sus ramificaciones son reales, numerosas y están documentadas: actores poderosos, enlaces institucionales y, sobre todo, cientos de víctimas, la mayoría de las veces invisibles.
Teorías de conspiración, antisemitismo y manipulación
El vocabulario empleado en los debates públicos revela otro fenómeno significativo: la interpretación conspirativa del caso. Las caricaturas de Epstein como el diablo o un pulpo han proliferado, reviviendo códigos visuales históricamente vinculados al antisemitismo. En la extrema derecha, el caso alimenta narrativas sobre "élites degeneradas", redes "satánicas" y fantasías al estilo de QAnon.
El propio Trump está explotando el caso a medida que se acercan las elecciones intermedias, mientras que sus propios vínculos pasados con Epstein debilitan su base de apoyo al MAGA. Es una táctica clásica: saturar el espacio informativo. La publicación de casi tres millones de documentos por parte de la administración estadounidense desborda la capacidad de procesamiento de los medios, con el objetivo de desviar la atención de ciertos datos y ocultar información genuina bajo el mero volumen.
Además, esta desclasificación sigue siendo parcial: millones de documentos permanecen censurados o considerados demasiado sensibles. La divulgación fragmentaria alimenta las sospechas que pretende disipar, especialmente porque la fiscal general Pam Bondi, exabogada de Trump, supervisa el proceso.
Violencia sistémica
Si bien el caso es extraordinario en su escala, no lo es en su naturaleza. Al contrario, representa la expresión extrema del funcionamiento cotidiano del capitalismo patriarcal: el dinero y el poder que permiten la compra, explotación y destrucción de cuerpos, en particular los de mujeres jóvenes, vulnerables y aisladas. Los testimonios describen un sistema depredador que ataca metódicamente a las víctimas más vulnerables, aquellas sin recursos ni protección.
No se trata de un solo hombre, sino de una red de depredadores sexuales, protegidos por su posición social. La burguesía posee los medios de producción, pero también el poder político, mediático y simbólico. Esta dominación crea formas de impunidad que posibilitan estos sistemas.
Existe una fuerte tentación de construir la figura del "monstruo" y atribuir estos crímenes a una élite inmoral externa a la sociedad. Sin embargo, la violencia sexual está generalizada y es omnipresente. Las estadísticas sobre incesto, abuso sexual infantil y violencia sexual demuestran su alcance estructural, mucho más allá de las "élites con morales desviadas". El caso Pelicot, con su gran número de perpetradores, sirvió como un duro recordatorio de la banalidad social de estos crímenes, que afectan a todos los niveles de la sociedad.
Impunidad de clase y trivialización
El hecho es que la riqueza y el poder brindan protección. En una sociedad donde figuras políticas o de los medios de comunicación continúan sus carreras a pesar de acusaciones o condenas, la impunidad no es la excepción, sino la norma.
Por lo tanto, el caso Epstein debe arrojar luz sobre la lógica material de un sistema: la concentración extrema de poder, la mercantilización de los cuerpos y la normalización de la violencia sexual. Nos recuerda que estos crímenes no se originan en márgenes oscuros, sino en el corazón mismo de un orden social fundado en la dominación capitalista y patriarcal. Es este sistema el que debe ser destruido para que no haya más Epstein ni más víctimas.
Gracias a Manon Boltansky, L'ANTICAPITALISTE y a la colaboración de Manuel de la Rosa
https://lanticapitaliste.org/actualite/politique/epstein-symptome-du-capitalisme-patriarcal?