¡Escuchen a Daniel!: Violencia contra Juana Rivas y sus hijos - por Laura Arroyo

¡Escuchen a Daniel!: Violencia contra Juana Rivas y sus hijos Laura Arroyo

#ElCierre

DIARIO RED

En el país del "hermana yo te creo" todavía no se nos cree siempre, pero ahora vemos que también hace falta un “pequeño, yo te escucho" 

¿Cómo puede un niño llorar ante los juzgados porque no se le oye ni se le cree? Eso ha pasado esta mañana en España. ¿Cómo puede una madre sentirse desamparada porque no se le permite proteger a su hijo de un maltratador? Eso ha pasado esta mañana en España. ¿Cómo puede la "Justicia" decir que al ser un tema complejo pone por delante una disputa jurídica territorial antes que una excepcionalidad legítima y legal para proteger a un menor? Eso ha pasado esta mañana en España. ¿Cómo puede ser que un hermano mayor vea que su hermano menor tenga que volver con el padre que él mismo ha denunciado por maltrato? Eso ha pasado esta mañana. ¿Cómo puede ser que los periodistas que cubren el caso hayan dado voz al padre maltratador y le hayan preguntado "si quiere ver a su hijo" en lugar de preguntar por los testimonios del niño? Eso ha pasado esta mañana en España. ¿Cómo puede ser que se siga diciendo que cuando la vida de una persona, en este caso un niño, está en peligro igual prima una complejidad jurídica que no es tal en lugar de salvar una vida? Eso ha pasado esta mañana en España. ¿Cómo puede ser que siendo casi las 13 horas del día, el ministerio de Justicia o el Ministerio de Infancia no estén haciendo uso de todo su poder y su exposición mediática para forzar una detención de urgencia de esta medida contra un niño? Eso está pasando esta mañana en España. ¿Cómo puede ser que durante casi una década una madre sea criminalizada judicial, política y mediáticamente por proteger a su hijo? Eso sigue pasando hace años hasta esta mañana en España. 

En el país del "hermana yo te creo" todavía no se nos cree siempre (o no nos creen a algunas según cómo somos o incluso según dónde haces la denuncia que debe ser creída...), pero esta mañana vemos que también hace falta un "pequeño, yo te escucho" porque la justicia ha decidido saltarse un testimonio clarísimo de un niño aterrado que quiere seguir viviendo con su familia, es decir, con su madre y su hermano. Con quienes se siente seguro. Con quienes es feliz. 

A veces en el periodismo no sabemos cómo hacer, a mí me pasa, para intentar construir empatía y no sólo narrar historias. Porque el periodismo supone tomar partido, supone contar lo que pasa pero nunca desde una perspectiva neutral y aséptica, sino comprometida y empática. En tiempos de deshumanización, qué importante es un periodismo cargado de humanidad. Familia tableristas, hemos sido todas, todos, todes, niños. Y hemos sabido de la indefensión que supone serlo. De la importancia de lo que sentimos, creemos y decimos, pero también de la vulnerabilidad de serlo. Si siendo adultos nos indigna -y en algunos casos puede llegar a aterrarnos- que no se nos crea cuando decimos lo que sentimos, cuando expresamos lo que tememos, cuando contamos lo que nos ha pasado, ¿Cómo debe ser para un niño sentir exactamente eso? No sólo que no se le cree, sino que en el camino de no creerle, están maltratando a su madre, la que sí le cree, ignorando a su hermano, quien también le cree, y que parece que no hay nada qué hacer. ¿Qué clase de infancia estás construyéndole a Daniel? ¿Qué mensaje le das a un niño que ve la frustración de su madre todos los días pese a seguir todos los caminos que la institucionalidad le permite? ¿Y qué mensaje le das a las madres o a quienes quieran serlo algún día? 

Cuando hablamos de justicia machista hablamos de esto (esto también es lo que denunciamos cuando nos contrarreformaron con apoyo del feminismo liberal blanco la ley del sólo sí es sí). Cuando hablamos de justicia reaccionaria también hablamos de esto. Porque la reacción es siempre desprotección de los y las vulnerables. Cuando hablamos de democratizar la justicia hablamos de la receta para precisamente esto. Para acabar con estas violencias y con estos llantos.

Hoy Daniel ha estado llorando en los juzgados aterrado. Pero de sus lágrimas se hablará poco. De su terror se dirá que es por su condición de niño. Y una infancia se rompe y fractura de este modo con el aval de una justicia que no actúa como debiera y de un poder político que tampoco lo hace. Como periodistas tenemos un deber. El de ejercer un periodismo que proteja y cuide a niños como Daniel y a madres como Juana y a hermanos protectores como Gabriel. El periodismo toma partido. Nosotras elegimos no ponerle el micrófono a un agresor. Tampoco hacerle las preguntas que le permiten lavar su imagen o volver el caso un caso de paternidades o separación entre un progenitor y su hijo, en lugar de dejar muy claro que hablamos de un caso de violencia. y, por tanto, de un agresor y unas víctimas. Mañanas como esta, la tibieza, la timidez y la equidistancia son la complicidad máxima del terror que sufre un niño. Con nosotras nunca cuenten para eso. Nuestro periodismo es otro. Nuestro periodismo está con las madres protectoras y los niños que han de ser protegidos. Nuestro periodismo está con Juana, con Gabriel y con Daniel. Nuestro periodismo, de verdad lo es. Hasta mañana.

 

Gracias a Laura Arroyo y DIARIO RED

Gracias a DIARIO RED. En La casa de mi tía con autorización

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