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lunes, 24 de junio de 2024 07:11h.

El fascismo ataca la inmigración para confrontar a la clase obrera y salvaguardar el capitalismo - PCOE

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El fascismo ataca la inmigración para confrontar a la clase obrera y salvaguardar el capitalismo

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Los diferentes peleles de los monopolios, cuya función es engañar a la clase obrera, dividirla y atomizarla para garantizar el dominio de un sistema económico capitalista que se derrumba como consecuencia de su inviabilidad hoy, de manera cotidiana, y en los sucesivos procesos electorales de manera exacerbada, sacan a la palestra como uno de los puntos más importantes de la agenda política la inmigración. Veamos lo que vomitan los fascistas al pueblo trabajador a través de los medios de comunicación / manipulación de los empresarios:

El pasado día 7 de mayo, en las elecciones catalanas, en Cornellà de Llobregat, el dirigente franquista Alberto Núñez Feijóo – conocido por sus paseos en el yate de un famoso narcotraficante gallego – decía “Yo le pido el voto a aquellos que están a favor de la inmigración legal, pero los que no admiten que la inmigración ilegal se deje en nuestras casas ocupando nuestros domicilios y nosotros no poder entrar en nuestras propiedades”, también demandando el voto asimilando que el incremento de los índices de criminalidad se relacionan con el incremento de la inmigración.

Los dirigentes de la marca verde del PP, igual de fascista que el partido fundado por el ministro franquista Manuel Fraga, vinculando la delincuencia en los barrios obreros con la inmigración ilegal poniendo en sus carteles que la solución es la deportación de los inmigrantes y de los menores no acompañados.

Los fascistas periféricos, como Orriols, al igual que los fascistas que se autodenominan “obreristas” cuyo cacique dice ser “comunista”, aunque quienes lo conocen bien dicen que es falangista y no lo sabe, y lo sacan a pasear por todos los medios abiertamente fascistas del país, tienen una cruzada contra el islam y contra la inmigración ilegal declarando frontalmente la guerra a lo que denominan “islamización de Europa” y advierten de que van a proteger con uñas y dientes las fronteras y deportarán a los inmigrantes ilegales, o irregulares, a los que señalan como responsables de la delincuencia en Cataluña, unos, o en España otros, así como de la desnaturalización del sentimiento “patrio”. Al final los que dicen que no son “ni de izquierda ni de derecha” en realidad son de extrema derecha, ultranacionalistas, racistas y chovinistas y, consecuentemente, todos ellos antiobreros, enemigos jurados del proletariado y de la Revolución proletaria, del socialismo.

Según datos del INE, a 1 de abril de 2024, en el Estado español habitaban 48.692.804 personas, de los que 42.111.776 tienen nacionalidad española (el 86,5% del total) y 6.581.028 nacionalidad extranjera, que equivalen al 13,5%.

El mayor número de inmigrantes en el Estado español provienen de América Latina y de países europeos, en total, en torno a 5.200.000 personas según datos del INE. A principios de 2023 la inmigración en España provenía del continente americano y del continente europeo, o lo que es lo mismo, en torno al 80% de la inmigración. Por el contrario, la inmigración proveniente de países musulmanes asciende a 1.098.396 personas (883.243 personas de Marruecos, 100.496 de Pakistán, 63.964 de Argelia, 31.792 de Mali y 18.901 de Bangladés), lo que es lo mismo, en torno al 16,7% del total de la inmigración y el equivalente al 2,6% del conjunto de la población española.

Basta hacer este análisis numérico para comprobar la falacia de aquellos que hacen demagogia con la islamización del Estado español, con la desnaturalización de España por mor de los inmigrantes de credo musulmán. Es evidente que el fascismo divide y confronta a la clase obrera con el nacionalismo y con la cuestión religiosa y los números dejan al descubierto la falacia de tal aseveración.

Según la agencia de seguros de viajes norteamericana Berkshire Hathaway Travel Protection, España ocupa el puesto 14 en el ranking de los países más seguros del mundo. Según el Ministerio del Interior informó en marzo de 2023, la tasa de criminalidad en España se situó en 48,8 hechos penales conocidos por cada 1000 habitantes. Muy lejos de Reino Unido (79,5), Bélgica (74,8) o Alemania (60,7). Los datos desmontan a aquellos que crean alarma social con respecto de mostrar un escenario de delincuencia generalizada y creciente, justificándola en la inmigración al objeto de verter su racismo.

De hecho en el Estado español la criminalidad convencional (homicidios, delitos graves de lesiones, robos con violencia, delitos contra la libertad sexual, etcétera) en 2022 (1.949.852 delitos penales) fue menor a 2019 (1.981.173 delitos penales). Ciertamente el conjunto de la delincuencia se incrementó, como consecuencia del incremento de los delitos cibernéticos, de la cibercriminalidad, que pasó de 218.302 delitos en 2019 a 375.506 ciberdelitos en 2022. Los ciberdelitos significaban el 7,5% de los delitos penales en 2018, significando en 2022 el 16,1% con respecto del conjunto de los delitos penales. Y un gran número de estos delitos se perpetran desde fuera del país.

Del conjunto de delitos penales acaecidos en 2022, último año informado en el INE, el 9,23% de los delitos penales fueron realizados por africanos, el 0,88% por asiáticos, el 9,4% por americanos, siendo de nacionalidad española los que realizaron el 80,49% del total de los delitos penales.

Como puede constatarse en base a los datos emitidos por el Estado reaccionario español, la equivalencia entre delincuencia e inmigración que hacen los fascistas no se sostiene por ningún lugar.

Según el ministerio del interior, el 2% de las llegadas irregulares a España en el año 2023 se hicieron a través de vías terrestres – Ceuta y Melilla – por lo que por dichas fronteras entraron 1.234 personas en dicho año. El 98% restante entró por vías marítimas, un total de 55.618 personas, de los que el 72% lo hicieron a través de las costas canarias.

Esta inmigración, que los capitalistas y fascistas denominan ilegal, es la que más molesta al fascismo y a sus frentes y bandas de diferente pelaje, incluso las que tienen la desfachatez de emplear la palabra “obrero”. Para esos indocumentados, que introducen el racismo y la islamofobia, todos los que acceden por dichas vías son irracionales islamistas cuando, un número importante de esos proletarios que huyen de sus países condenados a la miseria y a la guerra por mor de los intereses de los monopolios capitalistas, ni tan siquiera profesan la religión musulmana, pues hay que recordar que un número importante de estados africanos de los que provienen dichos proletarios no son comunidades humanas donde la religión musulmana sea mayoritaria, cuando no son estados laicos.

Pero lo importante aquí no es valorar ni el color de piel, ni la religión que profesen – si es así – los seres humanos pertenecientes a la clase proletaria que huyen de sus países de origen para, fundamentalmente, salvar sus vidas, sino evaluar qué causas provocan dichos flujos migratorios.

Europa y EEUU llevan décadas saqueando al continente africano, generando guerras étnicas y tribales, asesinando inmisericordemente a trabajadores, asestando golpes de estado y colocando gobiernos títeres verdugos de sus pueblos y serviles al imperialismo al objeto de expoliar los inmensos recursos naturales de los países africanos. Existen múltiples ejemplos que así lo demuestran, de cómo potencias imperialistas europeas como Francia o Bélgica o la potencia imperialista más asesina de la historia, EEUU, condenan al proletariado en África. Véase, por ejemplo, Sudán, Mali, República del Congo, República Democrática del Congo, Ruanda o Uganda, todos ellos países con enormes riquezas minerales (coltán, diamantes, oro, tántalo, uranio, cobalto, estaño, cobre,…) así como otros recursos energéticos, son países saqueados por esas potencias imperialistas, esas “patrias” que defienden los “patrioteros” fascistas, que temen sean desnaturalizadas por los flujos migratorios que sus monopolios e instituciones generan en su labor de sojuzgamiento y saqueo. Esos vulgares fascistas, paseados por los medios de comunicación abiertamente reaccionarios, señalan a la clase obrera en el Estado español como enemigos a su propia clase, a los proletarios africanos, y les hacen llamamientos a defender a una “patria”, de los monopolios, que nos condena a los obreros a malvivir, que nos niega todo tipo de derechos, que nos roba y explota de manera inmisericorde a nosotros, los obreros del Estado español, y que condena a la emigración y al desarraigo, cuando no a la muerte, a los obreros de África y otros puntos del planeta.

El “jardín” europeo del chovinista Borrell, al igual que la prosperidad de “Occidente” – mejor dicho, de los monopolios europeos y norteamericanos- del que hablan los fascistas como Milei, denominado por los libertarados “Faro de Occidente”, emana de la explotación y de la miseria de la clase obrera en esos países europeos y norteamericanos, al igual que de la sangre y de la vida de la clase obrera en África, Asia y Latinoamérica.

El marxismo-leninismo es el arma más poderosa que tiene el proletariado, que es una clase universal, una fuerza universal y es el sujeto revolucionario cuyo proyecto histórico es la única alternativa al criminal y decadente imperialismo, el socialismo. La única patria del proletariado es la emancipación de la humanidad, es la erradicación del capitalismo de la faz de la Tierra, es la Revolución Proletaria, es el socialismo como paso previo al Comunismo. El imperialismo, en franca bancarrota, no tiene más salvavidas que el fascismo – el nacionalismo, la guerra imperialista, el revisionismo histórico más exacerbado – para someter y dividir a la clase obrera. El internacionalismo proletario es la parte integrante del marxismo-leninismo que desenmascara a los parásitos fascistas patrioteros e islamófobos cuyo objetivo es dividir al proletariado para que éste odie a su clase y defienda a su verdugo.

Hacemos un llamamiento a la clase obrera, al proletariado, a la unidad, y ello pasa por combatir todo tipo de racismo, de xenofobia, en definitiva, por atacar frontalmente al fascismo. Para un proletario del Estado español no es enemigo un obrero de Islamabad o de Niamey, pero sí lo es un señorito andaluz o cualquier mequetrefe de éstos que les editan bodrios donde vomitan fascismo y que son paseados por los medios de manipulación de la mano de reaccionarios “amigos” como Alfonso Rojo o Iker Jiménez, dándose golpes de pecho con España, que son sacados por dichos medios para que cale el veneno fascista entre el proletariado, para dividir a los obreros y exculpar al imperialismo.

Hacemos un llamamiento a la clase obrera – provenga de donde provenga – a conformar un frente antifascista para confrontar al fascismo, para acabar con el sistema económico que defiende, el capitalismo, y construir el socialismo.

 

¡PROLETARIOS DEL MUNDO, UNÍOS!

¡EL FASCISMO NO PASARÁ!

¡POR LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA!

 

Madrid, 30 de mayo de 2024

 

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

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mancheta mayo 24