El fin de la historia tocó ya a su fin - por Joaquín Rábago

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El fin de la historia tocó ya a su fin

Joaquín Rábago

Muchos recordarán seguramente el gran eco que tuvo en su momento en todo el mundo el libro de Francis Fukuyama titulado “El fin de la historia y el último hombre”.

FRANCIS FUKUYAMA

El politólogo estadounidense daba por terminada,  con la disolución del bloque comunista,  la lucha de ideologías, a la que había sustituido, al parecer para siempre, un nuevo mundo basado en la democracia liberal.

El éxito de aquel libro, como el de otro de temática parecida del periodista Thomas L. Friedman, “La Tierra es plana”, son sólo ejemplos de lo que se ha dado en llamar “el poder blando” de la única superpotencia, es decir su eficacísima propaganda.

THOMAS FRIEDMAN

Pero nada de lo pronosticado por Fukuyama ha ocurrido: la historia ha vuelto con fuerza y con ella,  la geopolítica, las esferas de influencia, las intromisiones en las políticas de otros países y  las guerras.

Hay que volver a leer a Maquiavelo, al teórico de la guerra Clausewitz, a Jean Bodin y sobre todo, pensando sobre todo en los Estados Unidos de Donald Trump,  a Thomas Hobbes.

MAQUIAVELO, CLAUSEWITZ, BODIN, HOBBES Y, ACTUALIZADO AL S. XXI, EL LEVIATÁN DE HOBBES

Su Leviatán justificaba el Estado absoluto con renuncia a la separación de poderes y defendía las restricciones a la libertad de expresión para la preservación del orden público. ¿No es lo que parece ocurrir últimamente al otro lado del Atlántico?

Las viejas reglas, ese “orden internacional basado en reglas” que trató de imponer, tras la desaparición de la URSS,  Estados Unidos y que sus aliados asumieron sin rechistar mientras tanto ya no sirven.

Han surgido Estados, que son potencias regionales  como China, India, Brasil y la propia Rusia de Vladimir Putin, que no se sienten ya vinculados por unas reglas establecidas por un país que sólo aspira a mantener su hegemonía global a costa de los demás.

Ya no hay alianzas firmes y estables como ocurrió durante la Guerra Fría, y el mundo se ha convertido en un lugar mucho menos seguro, entre otras cosas por las nuevas potencias nucleares y el abandono de todos los acuerdos de desarme.

En todas partes estallan nuevos conflictos tantos internos como entre países,  y parece cada vez más imponerse  la ley del más fuerte.

Instituciones como las Naciones Unidas se ven impotentes para hacer aplicar el derecho internacional y Estados totalmente al margen de la ley como Israel actúan con la más absoluta  impunidad.

Y ello, gracias en ese caso a la protección de EEUU, que  no ha dejado de suministrarle armas y financiación, y a la complicidad también de muchos gobiernos europeos como los de Francia, Alemania y el Reino Unido.

 Al mismo tiempo, como hemos visto ocurrir en los antiguos territorios de la Unión Soviética, vuelven a resurgir con fuerza, tras la disolución, los etnonacionalismos que  EEUU fomenta y trata de explotar para sus fines hegemónicos

¿Qué hacen mientras tanto los europeos, incapaces de tener una política propia, de defender  en un mundo cada vez más complejo sus propios intereses en lugar de contentarse con seguir a unos Estados Unidos que, con Donald Trump en la Casa Blanca, parece incluso despreciarlos? 

TRUMP Y SUS "ALIADOS" EUROPEOS
JOAQUÍN RÁBAGO