GAZA: Colonialismo o muerte - por Gerardo Rodríguez
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Colonialismo o muerte
Gerardo Rodríguez
miembro del Secretariado Nacional del STEC-IC
El plan de Donald Trump para Gaza se puede resumir en una simple frase: colonialismo o muerte. Muerte si no se acepta la propuesta por parte palestina, fundamentalmente por Hamas, ya que la Autoridad Nacional Palestina ha quedado relegada a la nada más absoluta. De no aceptarse el Plan de Trump “Israel terminará su trabajo”, dijo el Presidente, o lo que es lo mismo, eliminará la población palestina de Gaza con un programa de limpieza étnica, anexionará Cisjordania y Jerusalén Este, donde ya lleva a cabo un “apartheid” desde su misma fundación, y erradicará toda posibilidad de un Estado palestino viable.
Pero si la propuesta es aceptada, el viejo colonialismo europea se instalará en la franja, con un blanco, sajón y protestante, además de ultraderechista consumado, como gobernante supremo, sin que nadie lo haya elegido y sin consultar al pueblo gazatí. Como en todo colonialismo, la población nativa será la mano de obra a precio de saldo que trabajará para reconstruir lo destruido y, posteriormente y con suerte, lo hará para las empresas que los “señores” tengan a bien instalar para su beneficio personal. Los palestinos no van a ocupar puestos de relevancia o responsabilidad en ese gobierno, ni siquiera los cuadros medios, salvo alguno para salvar las apariencias. Trump será el Sultán y Blair su Visir y de ahí para abajo todos blancos en Palacio. Dicen que los tecnócratas serán palestinos pero soy escéptico con respecto a ello y, en todo caso, serán los ejecutivos de las corporaciones transnacionales afines a Trump y a los intereses israelíes los que gestionarán y sellarán los acuerdos, mientras los palestinos en su propia tierra verán volar los beneficios, como tantos territorios antes de ellos, condenados al subdesarrollo de manera permanente.
Donald Trump, Marco Rubio, J.D. Vance, Netanyahu y su equipo de gobierno forman el verdadero “Cartel de los Soles”, incluyendo a un judas de origen palestino llamado Nayib Bukele. No habrá tribunal internacional de justicia que los detenga y los juzgue, como tampoco juzgaron a Bush, Blair y Aznar por la Guerra de Irak que tantas vidas costó. Solo existe la justicia penal internacional para la periferia del mundo y sus criminales, otro signo de colonialismo que ha llevado a que este mes de septiembre de 2025 algunos países africanos como Mali, Níger y Burkina Faso anunciaran su retirada con efecto inmediato de la Corte Penal Internacional.
Creo que todos consideramos un avance que la Corte Penal Internacional exista y se juzgue a los autores de crímenes de lesa humanidad y de genocidio, pero si de justicia se trata, deben llevarse a cabo los juicios y las condenas que correspondan, independientemente de dónde sea el autor o autores de esos crímenes. Netanyahu y su exministro de Defensa tienen órdenes de arresto emitidas por la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y contra la humanidad, pero su inmunidad está garantizada y se pasean por Washington o Budapest sin temor alguno, todo lo contrario, son arropados por sus colegas y agasajados como héroes. Tienen muchos precedentes para sentirse tranquilos, el mismo Ariel Sharon, ex primer ministro israelí, estuvo implicado en las matanzas de Sabra y Chatila, donde miles de refugiados palestinos fueron masacrados en Líbano por las falanges cristianas maronitas, sin que nada le pasara. La propia Guerra de Irak es una prueba evidente de la inoperancia de la CPI. No es de aceptable que los responsables de una guerra injustificada, sin pruebas de las acusaciones formuladas y mintiendo a la ONU y al mundo, no fueran juzgados y encarcelados porque forman parte del Occidente desarrollado, mientras otros criminales igualmente repudiables sí sean detenidos y juzgados porque son filipinos o africanos o enemigos de la OTAN, como los responsables de la antigua Yugoslavia.
Europa, tan altiva y autoritaria con los países que colonizó y subdesarrolló, se muestra solícita y servil ante el autócrata estadounidense, al que no contradice ni cuando atenta contra su propia estabilidad, e inoperante y contemplativa ante el genocidio perpretado por Israel. Una vez más Europa está en el lado oscuro de la Historia. La luz, la valentía y la determinación vienen de otras latitudes, en dirigentes como Gustavo Petro y su denuncia de los gobiernos de Trump y Netanyahu, con sus nombres y apellidos, como debe ser. Solo falta que le den el premio Nobel de la Paz a Trump, como a Kissinger, para que el desprestigio cobre carácter histórico.