GAZA: No se podrá hablar de paz hasta que Israel cese su ocupación - por Joaquín Rábago

 

GAZA: No se podrá hablar de paz hasta que Israel cese su ocupación - por Joaquín Rábago

Mientras Israel no ponga fin a su ocupación de Gaza y Cisjordania, no se podrá hablar de paz, sostiene el filósofo israelí y profesor de la New School of Social Research, de Nueva York Omri Boehm (1).

OMRI BOEHM

Sólo cuando israelíes y palestinos “sean ciudadanos de un Estado, ya sea éste un Estado compartido, una Federación o una Confederación. Cuando los derechos individuales y nacionales de unos y otros estén garantizados”, agrega.

Lo que el presidente de Estados Unidos ha conseguido, afirma Boehm, no es ningún plan de paz, sino “un trato  mafioso. Trump va a los palestinos y les dice: os hemos disparado a las rodillas, ahora os ponemos el revólver en la sien. O firmáis o aprieto el gatillo”.

“Es la suya la lógica del poder, pero cuidado. Si hace eso con Israel y con los palestinos, lo hará también con otros”, advierte el intelectual israelí.

Hamás, sostiene Boehm, sólo desaparecerá si los palestinos así lo deciden y buscan un sustituto, pero Trump trata a esa organización como si representase a los palestinos y al mismo tiempo prohíbe al presidente de la Autoridad Palestina participar en la Asamblea General de la ONU.

Hay organizaciones distintas de Hamás, explica, como la Autoridad Palestina, Fatah y otras, pero “son muy débiles en parte por culpa de su propia corrupción y porque en parte han funcionado como agentes de la ocupación (israelí)”.

Haría falta, dice, una dirección palestina capaz de hacer frente al ocupante israelí, pero que también al mismo tiempo pueda y quiera sentarse a la mesa de negociaciones

A Boehm se le ocurre un nombre,  y es Marwan Barghouti, pero es desde 2002 prisionero de Israel y no ha estado entre los presos liberados últimamente a cambio de los rehenes judíos.

MARWAN BARGHOUTI

Boehm se muestra escéptico sobre la solución de los dos Estados que proponen algunos y cree que, aunque se consiguiese, cosa que es más que dudoso, no traería la paz.

Incluso la más generosa de las propuestas no ofrece a los palestinos, que son la mitad de los habitantes de la región, más soberanía que sobre el 22 por ciento del territorio, y además en dos regiones separadas: Gaza y Cisjordania. Eso sin contar con los colonos.

“A los palestinos, dice Boehm, se les ofrece algo difícilmente aceptable y que tampoco puede calificarse propiamente como Estado. ¡Imagénense si a los judíos se les ofreciera  sólo ese 22 por ciento!”.

En el plan de partición de Palestina elaborado por la ONU,  la definición de la soberanía judía y palestina no incluía muros ni fronteras. Se planeó entonces una división, pero con una unión económica, explica.

“Se habló de dos Estados, pero como yo digo ahora, con instituciones comunes, con una divisa e incluso instancias jurídicas compartidas”, agrega Boehm.

Según el filósofo israelí, la dinámica que condujo a la limpieza étnica no empezó con el ataque de Hamás del 7 de octubre, ni fue tampoco consecuencia de la entrada en el Gobierno de los ultras Ben-Gvir y Smotrich.

“Esos extremistas llegaron al poder porque sus planes de limpieza étnica eran el único programa político después (de los acuerdos) de Oslo que sostenía la absoluta soberanía del pueblo judío”.

LOS ACUERDOS DE OSLO EN 1993 QUE DIERON PASO A LA OLP, HAN SIDO ARROLLADOS POR EL GOBIERNO DE ISRAEL

“Israel no tiene Constitución. Y hay razones para ello. La declaración de independencia preveía una Constitución, pero nunca se hizo. Cuando Benjamín Netanyahu acometió su reforma de la justicia, volvió a hablarse de ello, pero con la matanza del 7 de octubre, volvió a caer en el olvido”.

“Si Israel se diese una Constitución que lo definiese como Estado democrático y judío, automáticamente privaría de derechos como sujetos políticos a los palestinos, los ilegalizaría”, dice Boehm.

Incluso si no hay una Constitución, tienen que establecerse  unas “condiciones mínimas”. Y ello de común acuerdo entre judíos y palestinos, explica.

 

  1. En declaraciones al semanario alemán Der Spiegel.

JOAQUÍN RÁBAGO