El Gobierno de EEUU apoya al dirigente húngaro del que la UE está en cambio impaciente por deshacerse - por Joaquín Rábago
El Gobierno de EEUU apoya al dirigente húngaro del que la UE está en cambio impaciente por deshacerse
Joaquín Rábago
El vicepresidente de EEUU, J.D. Vance, se ha inmiscuido de lleno en la campaña para las elecciones húngaras del próximo 12 de abril apoyando descaradamente al primer ministro, Viktor Orbán.
Medios y políticos de la UE, que no ocultan su deseo de deshacerse del populista y ultranacionalista político húngaro, han puesto el grito en el cielo por tan intolerable injerencia.
En su intervención personal en la campaña electoral húngara, Vance no ocultó en ningún momento su deseo de ver a Orbán conseguir su quinto mandato frente al actual líder de la oposición, Péter Magyar, al que apoya claramente Bruselas.
El punto culminante de la misma fue cuando el vicepresidente hizo que se escuchara por su teléfono móvil un mensaje de Donald Trump en el que éste calificaba a Orbán de “personalidad extraordinaria”.
El propio J.D. Vance alabó al líder húngaro por defender, como dijo, la soberanía de su país y los valores cristianos que comparte con Estados Unidos.
No era precisamente el mejor momento para tales prédicas porque al otro lado del Atlántico, Trump amenazaba a Irán con el total aniquilamiento de su milenaria civilización si no abría al tráfico marítimo el estrecho de Ormuz.
El candidato de Bruselas en las elecciones búlgaras, Magyar, acusó con razón de injerencia a Trump aunque se olvidó de mencionar el también descarado apoyo que él mismo ha recibido de la Comisión y distintos gobiernos europeos.
Lo que más disgusta a éstos de Orbán es su tenaz oposición al apoyo tanto militar como económico de la UE a la Ucrania de Volodímir Zelenski y su insistencia en que hay que negociar con Rusia para evitar el suicido industrial europeo.
La cuestión es, como dice el periodista alemán Reinhard Lauterbach, si es Orbán o es, por el contrario, la UE quien ha cambiado desde que Hungría se unió en 2004 al bloque comunitario.
La Unión Europea, que nació como alianza económica y proyecto de paz, se ha transformado mientras tanto en una alianza militar en ciernes que, desde la invasión de Ucrania, habla de prepararse para hacer frente un día a la Rusia de Putin.
Orbán sabe que fue un adelantado de las políticas anti-inmigratorias que hoy defiende la Comisión, pero que durante mucho tiempo los gobiernos europeos progresistas consideraron tabú.
Y debe de pensar que es también él ahora quien tiene razón al defender una política de entendimiento diplomático con la vecina Rusia, a la que se opone tenazmente el resto del bloque.
Hay que tener en cuenta además la propia historia de Hungría, atravesada por las catástrofes a lo largo del siglo XX: a raíz de la Primera Guerra Mundial y con la derrota del Imperio Austrohúngaro del que formaba parte, perdió dos tercios de su territorio.
Su descabellado intento, en la siguiente guerra mundial, de compensar esa pérdida aliándose nada menos que con la Alemania hitleriana acabó en un nuevo desastre: el país cayó entonces bajo la hegemonía soviética.
Y cuando en 1956, los húngaros intentaron en un levantamiento popular salir del bloque soviético, nadie en Occidente acudió en su ayuda.
Todo ello puede contribuir a explicar la renuencia de Orbán a seguir las instrucciones de Bruselas en asuntos como el trato con el Kremlin.
A ello se suma el rechazo de Orbán y su partido Fidesz del multiculturalismo, el “wokismo” y la política verde, que últimamente ya no lo es tanto, auspiciada por Bruselas.
En todos esos asuntos, el populista húngaro se siente más próximo a Donald Trump, quien ve a su vez en Orbán un para él importante factor de división en su detestada UE