Las guerras y el sentimiento de omnipotencia del Donald indignan al Vaticano - por Joaquín Rábago

Las guerras y el sentimiento de omnipotencia del Donald indignan al Vaticano

Joaquín Rábago

Es difícil de olvidar, por su más absoluta ridiculez, aquella fotografía que mostraba a una veintena de líderes crisitianos imponiendo sus manos sobre un Donald Trump sentado con los ojos cerrados en su mesa del Despacho Oval mientras quienes le rodeaban rezaban en voz alta por el éxito de sus guerras.

TRUMP Y LA CLERECÍA

 Pero la supera sin duda esa otra imagen kitsch creada con inteligencia artificial en la que aparece el Donald vestido con una túnica blanca como si fuera el mismo Jesucristo, rodeado de águilas, soldados y alguna enfermera, en el momento de ungir con una mano la frente de un enfermo tendido en el lecho mientras porta una luz en la otra. Y con la bandera de EEUU, como corresponde, al fondo.

TRUMP

Que la religión siempre ha sido, como dijo a propósito de la lengua  nuestro humanista Antonio de Nebrija, “compañera del imperio”, es algo de sobra conocido, y lo es todavía más tratándose de un país tan religioso como Estados Unidos, pero con Trump en la Casa Blanca y Pete Hegseth, en el Pentágono, su presencia en la política llega a extremos de delirio.

No es pues de extrañar que sobre todo el Vaticano, con un papa estadounidense hoy al frente, esté cada vez más preocupado por el hecho de que Trump y su cruzado Hegseth estén abusando de la fe para justificar las guerras que lanzan caprichosamente en cualquier parte del mundo y no duden en condenarlas públicamente.

En una reunión celebrada el pasado enero entre el entonces nuncio papal  en Washington Christophe Pierce y el subsecretario de Defensa, Elbridge Colby, saltaron al parecer chispas cuando el primero defendió las críticas de León XIV a esas guerras y dijo que el Papa sólo se guiaba por los valores cristianos que defiende.

Uno de los funcionarios del Pentágono presente  mencionó entonces lo ocurrido en el cisma de Aviñón cuando en el siglo XIV el rey Felipe IV de Francia presionó a un cónclave para que los reunidos eligieran al arzobispo de Burdeos como sumo pontífice.

El nuevo papa, Clemente V, se negó a trasladarse a Roma y estableció su corte en la ciudad francesa de Aviñón, donde permanecería nada menos que 67 años hasta que en 1378, el último pontífice de Aviñón decidió devolver la sede papal a Roma.

¿Estaban insinuando aquel oscuro funcionario del Pentágono que Trump podría nombrar a un nuevo Papa si Robert Francis Prevost, el actual papa León XIV, continuaba criticando la política exterior de EEUU?

El propio Trump ha llegado a decir que la única razón por la que hay actualmente un papa estadounidense es porque él está en la Casa Blanca.

 Prevost no figuraba, según Trump, en la lista de papables, y sólo le incluyeron en ella porque pensaron que era la mejor manera de lidiar con él. Es decir que si ha llegado a papa es porque él mismo está en la Casa Blanca. A tal extremo llega la megalomanía del personaje.

Trump acusó a León XIV de ser “débil frente al crimen”, tener una política exterior “terrible” y  ser excesivamente complaciente con “la izquierda radical”. Debería dedicarse a ser un “gran papa en vez de un político”.

LEÓN XIV

“No quiero a un Papa que crea que está bien que Irán tenga la bomba nuclear y que critique al Presidente de EEUU por hacer exactamente algo para lo que fue elegido”, protestó Trump.

El Papa aprovechó un discurso pronunciado en una vigilia por la paz en la basílica de San Pedro para advertir del “engaño de la omnipotencia”, de la que dijo, en clara alusión a Trump, aunque sin mencionarle expresamente, que es “cada vez más impredecible y agresiva”.

Antes de emprender viaje a Argelia, León XIV dijo no temer al Gobierno de Trump y aseguró que seguiría hablando “alto y fuerte contra la guerra”.

Diversos cardenales han salido en defensa del Papa y condenado las guerras de Trump. Refiriéndose a la lanzada junto a Israel contra Irán, el cardenal Robert McElroy, arzobispo de Washington DC, dijo que era no tenía ninguna justificación y advirtió de que “nos enfrentamos a la posibilidad de un sinfín de guerras”.

El cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago, condenó la política de comunicaciones de la Casa Blanca, que “mezcla imágenes de bombas y destrucción con escenas triunfalistas del cine de Hollywood”.

“Estamos deshumanizando a las víctimas de las guerras,  convirtiendo en simple espectáculo el sufrimiento y el asesinato de niños y de nuestros propios soldados”, agregó Cupich.

El subsecretario del dicasterio de Cultura y Educación del Vaticano, Antonio Spadaro, dijo que los ataques de Trump al Papa son sólo “una declaración de su propia impotencia”. Y el fracaso de la guerra de Irán así lo demuestra.

 

 

JOAQUÍN RÁBAGO