Hablar de Ucrania y de Europa sin los europeos y sin  Zelenski, no estarán en la reunión de Alaska y se lo tienen merecido - por Joaquín Rábago

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Hablar de Ucrania y de Europa sin los europeos y sin  Zelenski, no estarán en la reunión de Alaska y se lo tienen merecido

Joaquín Rábago

Por fin ya es oficial: los presidentes de Estados Unidos y Rusia se reunirán el próximo viernes en Alaska para tratar de poner fin a la guerra de Ucrania.

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Y lo harán sin los gobiernos europeos y sin el presidente ucraniano, que intentó en vano hasta el último momento ser invitado a la mesa.

Con su decisión de dejar a un lado a uno y a otros,  Donald Trump demuestra una vez más lo que todos sabíamos o,  al menos de no estar cegados por la ideología,  deberíamos saber.

La guerra de Ucrania, que el republicano se empeña en llamar, en referencia a su predecesor en la Casa Blanca,  “la guerra de Biden”,  ha sido desde el principio una guerra por procuración de Occidente contra Rusia.

Una guerra provocada por Estados Unidos con la incesante ampliación de la OTAN y la invitación a entrar en la alianza militar a las dos repúblicas ex soviéticas de Ucrania y Georgia, “línea roja” que el Kremlin no estaba dispuesto a aceptar.

Esto se sabía desde el principio: politólogos y diplomáticos estadounidenses, entre ellos el ex embajador de ese país en Moscú y más tarde director de la CIA, William Burns, advirtieron de lo que acabaría sucediendo: Rusia invadió el país vecino.

Y como la guerra por procuración que es la de Ucrania, quien la impulsó es el único que puede ponerle ahora fin.  Trump demuestra al mismo tiempo una vez más el desprecio que siente por los gobiernos europeos.

Por supuesto que el dirigente republicano no se mueve por preocupaciones humanitarias pese a lo que diga una y otra vez en público.

Lo poco que le importan las vidas humanas lo demuestra con su continuado y repugnante apoyo financiero y militar al Estado genocida israelí. 

Trump solo piensa en el comercio y el dinero que puede proporcionar tanto a EEUU como a él personalmente la apertura de un diálogo interrumpido en su día por Biden y su equipo de halcones ( Tony Blinken y Jake Sullivan).

La ausencia de Zelenski, junto a la de los gobiernos europeos de la reunión de Alaska, permitirá a los dos líderes hablar no ya sólo del futuro de Ucrania sino, como quiere también Putin,  de la estructura de seguridad del continente.

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Se discutirá pues el futuro de Europa sin contar con los europeos, quienes, por su “servidumbre voluntaria”, para decirlo con palabras del filosófo francés del siglo XVI Étienne de la Boétie, se lo tienen por desgracia merecido.

Es de esperar que el presidente ruso se niegue a devolver a Ucrania el territorio ocupado en los tres años y medio transcurridos desde la invasión, que siguió por cierto, aunque de eso nunca se habla,  a una sangrienta guerra civil de ocho años en el rusófono Donbás tras el golpe de Estado del Euromaidán.

Y es muy probable que Donald Trump lo acepte, digan lo que digan el presidente ucraniano y sus aliados europeos, partidarios éstos en su inmensa mayoría de continuar la guerra.

Sin la ayuda militar de Estados Unidos, la Ucrania de Volodímir Zelenski tiene los días contados, y por mucho que lo nieguen en público, los Macron, los Starmer y los Merz deberían saberlo.

Ucrania pudo haber evitado la pérdida de los cuatro óblasts ocupados ilegalmente, es cierto,  por Rusia, la destrucción de buena parte del país y la muerte de cientos de miles de sus ciudadanos,  de haber aceptado su desmilitarización, la neutralidad y la autonomía para las regiones rusófonas que exigía el Kremlin. 

Pero, animado por estadounidenses, británicos, franceses, alemanes y polacos,  además de los bálticos,  Zelenski creyó que con las armas que le proporcionaría la OTAN podría ganar la guerra. 

Y para su desgracia y sobre todo la de sus compatriotas,  como la paloma del poema de Alberti,  “se equivocó”.

RAFAEL ALBERTI, 1941
JOAQUÍN RÁBAGO