Incapaces de ver la realidad por Joaquín Rábago
Incapaces de ver la realidad
Joaquín Rábago
Cegados sólo por su rusofobia, los dirigentes de los países ribereños del Báltico y alguno más entre los nórdicos como Finlandia parecen incapaces de ver la realidad.
Así, la estonia Kaja Kallas calificó el ataque masivo ruso de la pasada semana a Ucrania con sus misiles hipersónicos más modernos de simple “táctica de intimidación nuclear”.
Algunos de los misiles empleados en el ataque ruso como el Oreshnik y el Circón pueden ciertamente transportar lo mismo cabezas convencionales que nucleares.
El presidente finlandés, Alexander Stubb, afirmó por su parte alegremente que Ucrania está ahora en mejor posición frente a Rusia que en ningún otro momento desde que comenzó la guerra.
Y aseguró que por cada soldado ucraniano muerto, los rusos sufren ocho bajas mortales. ¿De dónde sacará Stubb esas cifras si no es de la propaganda de Kiev?
El finlandés se ofreció al mismo tiempo como posible interlocutor con Rusia para el caso de que la UE se decida un día por el diálogo diplomático con ese país, pero su ofrecimiento no es más que un brindis al sol.
Stubb precisó que sólo aceptaría ese papel en el caso de que Moscú se comprometiese antes a un alto el fuego, algo que el político finlandés sabe perfectamente que no es el caso.
Si en algo han insistido siempre los rusos es en que hace falta negociar las condiciones mínimas de un acuerdo antes de que se mande callar las armas.
Mientras tanto, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, visitó esta semana Lituania para tratar de las “incursiones” de drones en el espacio aéreo de los Estados bálticos aunque no quiso hablar de drones “ucranianos”.
La dirigente alemana calificó de “inaceptable” el comportamiento de los rusos, como si fueran éstos los responsables de esos incidentes y recordó que el ataque a cualquier país de la UE es una agresión a todos sus miembros.
Rusia acusa no sólo a las pequeñas Republicas Bálticas de permitir a Ucrania utilizar su espacio aéreo para sus ataques con drones a la región de Leningrado sino que sus servicios secretos han denunciado también la presencia de operadores de drones ucranianos en alguno de esos países, lo que los convierte en partícipes directos en el conflicto.
La versión de la OTAN es que si bien los drones que han caído o han sido derribados en algún caso en Lituania, Estonia o Letonia puedan ser ucranianos, fueron los rusos quienes con sus perturbaciones electrónicas los desviaron de su ruta.
Los incidentes con los drones han provocado incluso una crisis política en Letonia: los evidentes fallos de su defensa aérea motivaron el despido del titular de defensa, primero, y más tarde la dimisión de la propia jefa del Gobierno.
Una de las pocas noticias relacionadas con el conflicto militar ucraniano las que hay sin duda que felicitarse es del rechazo de la propuesta del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, de que sus miembros aportasen anualmente un 0.25 por ciento de su PIB a ayuda militar a un gobierno corroído por la corrupción como es el de Zelenski.
España, Alemania, Francia, el Reino Unido y Canadá votaron en contra mientras que los Países Bajos, Polonia, los nórdicos y las Repúblicas Bálticas la apoyaron.
El presidente ucraniano calienta mientras tanto aún más el ambiente y habla de que Rusia prepara un ataque a su país desde la vecina Bielorrusia.
Y es cierto que Rusia y su aliada Bielorrusia llevan a cabo cerca de la frontera con Ucrania maniobras militares conjuntas que pueden servir de preparación para un eventual conflicto nuclear, algo que también hace anualmente la Alianza Atlántica.
Pero cuando se escuchan cada vez más voces en Moscú que hablan de la posibilidad de recurrir a armamento nuclear de tipo táctico en caso de peligrar la propia existencia de Rusia como Estado, es posible interpretar ese tipo de maniobras como advertencia a Occidente.