Irán no es Gaza - por Joaquín Rábago
Irán no es Gaza - por Joaquín Rábago
No, Irán no es Gaza aunque los dos máximos Estados terroristas del planeta, Israel y Estados Unidos, crean poder reducirlo a escombros como ha hecho el Estado sionista con ese territorio palestino.
Nada tiene que ver esa pequeña franja junto al Mediterráneo convertida por Israel en una prisión al aire libre donde se hacinan los supervivientes de su genocidio con el país inmenso de los ayatolas.
Un país, Irán, además de montañoso, con una extensión de en torno a 1.745.150 kilómetros cuadrados y una población de 90 millones.
En su supina ignorancia, que corre pareja con su insufrible soberbia, el presidente Donald Trump creyó poder repetir en Irán lo que tan bien le había salido en Venezuela.
Pero, en lugar de secuestrar a su líder espiritual, como había hecho con Nicolás Maduro, optó de consuno con su aliado, el criminal de guerra israelí Benjamín Netanyahu, por algo más expeditivo: eliminarlo físicamente en bombardeo.
Pensó tal vez que en ese caso, se levantarían las masas iraníes y darían la bienvenida a las tropas liberadoras estadounidenses como hicieron los iraquíes cuando EEUU derrocó a Sadam Husein.
Trump y quienes le asesoran, ignorantes como él, parecen desconocerlo todo de esa rama del islam, mayoritaria en Irán, pero presente también en muchos otros países, árabes y no árabes, que es el chiísmo.
¿ No saben, por ejemplo, que una de las cosas que lo caracterizan y lo diferencian del sunismo es su profundo espíritu de sacrificio, el valor que dan al martirio?
Eliminando al líder espiritual del país, el ayatola Ali Jameneí, lo han convertido en un mártir, y no sólo para los fieles iraníes, sino los musulmanes chiítas de los países árabes y de algunas naciones asiáticas como Pakistán.
En una charla que di esta semana en la Facultad de Periodismo de la Universidad Carlos III, uno de los alumnos me preguntó si veía alguna diferencia entre la actual operación “Furia Épica” y la bautizada “Conmoción y Pavor” para acabar con el régimen iraquí.
Expliqué que en uno y otro caso se trata de operaciones ilegales, la de Irak, justificada en su día por la supuesta existencia en ese país de armas de destrucción masiva, lo que se revelaría totalmente falso.
Pero en el caso de la invasión de Irak, el entonces presidente de EEUU, George W. Bush, envió a su secretario de Estado, Colin Powell, a las Naciones Unidas a explicar los motivos de aquella guerra.
Aunque, como digo, Estados Unidos mintió cínicamente al mundo, al menos trató de justificarla ante la Asamblea General de la ONU, algo que no ha hecho, ni piensa hacer, el actual tirano de la Casa Blanca.
Trump se arroga el derecho de lanzar un ataque militar contra el país que quiera o de amenazarlo con sanciones, como ha hecho con España por negarse el Gobierno de Pedro Sánchez a prestar a EEUU las bases de Morón y Rota para una operación que supone una gravísima violación del derecho internacional.
Trump y los ignorantes halcones que le rodean debieron de pensar que la operación Furia Épica sería algo así como un paseo militar, pero se equivocaron totalmente.
Irán, aunque esta vez nuevamente engañado por Washington como en la llamada “guerra de los doce días” de junio pasado, estaba mucho mejor preparado militarmente con ayuda de Rusia y China, y su respuesta a la agresión fue inmediata y contundente.
Y esta vez no se contentó con atacar a Israel sino que lanzó sus misiles y sus drones contra las bases, infraestructuras miliares y demás intereses estadounidenses en sus aliados árabes del Golfo, a los que pilló desprevenidos.
La guerra promete ser larga aunque el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, presuma de que Estados Unidos e Israel, las más potentes fuerzas aéreas del planeta, van a dominar rápidamente el espacio aéreo iraní.
Irán ha diseminado su armamento por todo el territorio y ataca a los agresores y a los países que los apoyan como Arabia Saudí o los Emiratos con sus drones y misiles ocultos en túneles bajo las montañas.
EEUU e Israel, que aspiraban a un cambio de régimen, creían que podrían conseguirlo simplemente con sus bombardeos aéreos, pero las experiencias de Afganistán o el Yemen, entre otras, demuestran que no es posible.
Hace falta, como dicen en EEUU, “poner botas en el suelo” – es decir a sus soldados- algo a lo que no parecen estar dispuestos debido a la gran oposición a esta guerra en aquel país, a diferencia de lo que ocurrió con la invasión de Irak.
De ahí que Washington quiera ahora aprovechar la complejidad étnica de Irán – lo habitan distintos grupos que van desde los persas, mayoritarios, a los azeríes, kurdos, baluchíes y otros- para intentar dividirlo.
Y han apostado sobre todo por los aguerridos kurdos, que les han servido en otras ocasiones, últimamente, en Siria, pero no todos los grupos kurdos están de acuerdo con esa colaboración con los invasores.
Muchos desconfían de los estadounidenses, que los dejaron en la estacada después de haberlos ayudado a derrocar el presidente sirio, Bashar al-Ásad, para sustituirlo por los yihadistas del ex líder de Al Qaeda Ahmed al-Charaa.
El recurso a los kurdos para intentar fragmentar Irán, viejo sueño del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, puede además enardecer el patriotismo de los iraníes, incluso de aquellos que rechazan al actual régimen. Hay por desgracia guerra para rato.