Un Israel desencadenado pone en peligro las libertades en Occidente - por Joaquín Rábago
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Un Israel desencadenado pone en peligro las libertades en Occidente
Joaquín Rábago
O se pone el freno a Israel y se le trata como un Estado normal obligado a respetar la legislación internacional y los más elementales derechos humanos o peligrarán las libertades duramente conquistadas en Occidente.
Libertades como la de expresión y manifestación, una y otra vez restringidas cuando no pisoteadas por muchos gobiernos que cree hacer así un favor al Estado que, con el cínico recurso al Holocausto, se declara último refugio de los judíos del mundo entero.
También las libertades académicas con la reprobación cuando no despido, por ejemplo, en EEUU de los rectores de las universidades por las presiones del lobby israelí, que a tantos legisladores, políticos y periodistas soborna.
Todos los días leemos en la prensa o escuchamos por la radio o la televisión noticias alarmantes sobre la prohibición a ambos lados del Atlántico de manifestaciones pro palestinas y la detención en incluso procesamiento de algunos de quienes participan en ellas.
Basta llevar muchas veces una simple bandera, el pañuelo palestino o un cartel que diga “Palestina libre”, tal vez completado con “desde el río hasta el mar” para ser detenido como un terrorista. Se trata sobre todo de intimidar.
En el Reino Unido, el Gobierno laborista de Keir Starmer ha ilegalizado al grupo “Palestine Action” tras calificarlo sin más de organización terrorista.
Y ello pese que renuncia a la violencia contra las personas y se ha limitado hasta ahora a protestar con pintadas y ocupaciones alguna fábrica de la empresa armamentista israelí Elbit Systems en ese país como forma de protesta contra el genocidio de Gaza.
A principios de julio, las autoridades británicas no sólo penalizaron la pertenencia a ese grupo pro palestino sino también los donativos al mismo o el hecho de portar alguno de sus símbolos. Las penas pueden ir desde simples multas hasta años de cárcel.
Es la primera vez en la historia del Reino Unido que se clasifica como organización terrorista a un grupo no violento y se le coloca al mismo nivel que Hamás, el Estado islámico o al grupo nazi británico National Action.
Es verdad que el pasado mes de junio algunos activistas de Acción Palestina entraron ilegalmente en la base militar británica de Brize Norton donde arrojaron pintura roja a los motores de dos aviones cisterna de la Royal Air Force. Las autoridades calculan el daño en el equivalente de ocho millones de euros.
Pero resulta que esa base, la mayor de la Fuerza Aérea británica, se utiliza, por ejemplo, para vuelos hasta la base también británica de Acrotiri en Chipre, desde donde se realizan vuelos de espionaje sobre la franja de Gaza utilizados que Israel utiliza para el genocidio.
Según Acción Palestina, “aunque Gran Bretaña protesta oficialmente por lo que sucede en Gaza, sigue enviando a Israel material militar, espiando con sus aviones el territorio de la franja y reabasteciendo en pleno vuelo los aviones de EEUU e Israel”.
La intrusión de los activistas en la base de Brize Norton sirvió, sin embargo, de pretexto a la ministra británica del Interior Yvette Coopera para incluir a ese grupo en la lista de organizaciones terroristas.
¿Cómo pueden compararse unas manchas de pintura roja en varios aviones militares con la total destrucción de la franja de Gaza y el asesinato por las bombas y el hambre de más de 60.000 palestinos, de ellos más de un tercio menores ?
Uno escucha también todos los días en los medios alemanes referirse siempre a Hamás como “organización terrorista”, pero jamás hablar de Israel como el Estado terrorista que en realidad es.
Un Estado que se cree por encima de las leyes, gobernado por fanáticos racistas dispuestos, si se les deja, a crear el Gran Israel en territorios expoliados a los países vecinos como están ya haciendo con total impunidad gracias ala complicidad y el apoyo militar y diplomático de EEUU y de algunos de sus aliados.