UNIÓN EUROPEA: A Kaja Kallas le viene el cargo demasiado grande  - por Joaquín Rábago

UNIÓN EUROPEA:

A Kaja Kallas le viene el cargo demasiado grande 

Joaquín Rábago

Un cargo tan rimbombante como el de Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad le viene demasiado grande a la ex primera ministra de la pequeña Estonia, Kaja Kallas.

KAJA KALLAS

Su rabiosa rusofobia, sumada a su supina ignorancia son, como escribía recientemente Owen Matthews, colaborador del diario conservador británico The Telegraph,  “un regalo para el Kremlin”.

Un regalo para el Kremlin y, habría que añadir, una desgracia para Europa, sobre todo en un momento en que el continente parece más dividido que en ningún otro momento desde la caída del muro de Berlín por culpa de la guerra de Ucrania y la respuesta a Rusia.

Colocar en puestos de tanta responsabilidad a políticos fracasados que anteponen la ideología y las cuentas históricas que saldar con un país tan inmenso como Rusia es altamente peligroso.

¿Cómo se puede decir, como dijo públicamente Kallas, que Rusia atacó en el último siglo a diecinueve países que “no la habían atacado” sin mencionar que países como Finlandia, Hungría, Croacia, Eslovaquia o Italia se unieron a la Alemania de Hitler para atacar a la URSS?

¿O que su propio país, Estonia, junto a otras repúblicas bálticas colaboraron también con la Alemania nazi y muchos de sus nacionales se integraron en unidades militares como las SS y participaron en el Holocausto aunque fuera para liberarse de la ocupación soviética en la creencia de que Alemania ganaría la guerra?

En su reciente intervención en el Foro de Doha y en alusión al documento de Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU, tremendamente crítico con Bruselas, Kallas afirmó que Europa “ha subestimado su propio poder” con respecto a Rusia y que los “europeos deberíamos tener más confianza en nosotros mismos”.

E incluso echó de menos que ese documento, que no disimula su coincidencia con muchas de las ideas de loa ultraderecha europea, por ejemplo en materia migratoria o en las críticas a la obsesión regulatoria de Bruselas,  dijese “tan poco de Rusia, que es quien comenzó la guerra de Ucrania”. 

Como escribe el colaborador de The Telegraph, la postura inflexible de Kaja Kallas “no ayuda a Ucrania”. Europa no está sentada a la mesa de negociaciones en un momento en que otros deciden la futura arquitectura de seguridad del continente. 

OWEN MATTHEWS

A Kaja Kallas y a otros líderes fracasados como el presidente francés, Emmanuel Macron, el premier británico, Keir Starmer o el canciller federal alemán, Friedrich Merz, lo único que parece ocurrírseles es que hay que reforzar a Ucrania para así debilitar a Rusia.

Pero ese esfuerzo supone dinero, que no hay, a menos que se recurra a los activos rusos ilegalmente congelados, dinero para comprar armas a Estados Unidos, pero  también jóvenes dispuestos a seguir luchando en lugar de desertar o huir al extranjero, como sucede cada vez más.

De ahí lo hueras que suenan las palabras del Júpiter del parisino palacio del Elíseo cuando escribe  que su país continuará sus esfuerzos para,  junto a EEUU, ofrecer a Ucrania las “garantías de seguridad sin las cuales no será imposible una paz justa y duradera”.

Porque, repite Macron la vieja cantinela, “lo que está en juego en Ucrania es la seguridad del conjunto de Europa”.

Mucho más sensata y pegada a la realidad le parece a uno la afirmación del presidente eslovaco, Peter Pellegrini, de que “continuar la ayuda militar a Ucrania sólo prolongará la guerra”.

PETER PELLEGRINI

Sumas tan importantes como las propuestas por Bruselas deberían dedicarse, dice Pellegrini, a ayudar a la reconstrucción de Ucrania, de sus casas y ciudades, y restablecer el suministro eléctrico. Pero el sentido común parece que falta en muchas capitales europeas. 

JOAQUÍN RÁBAGO