Una líder potencialmente peligrosa para la paz en el Pacífico - por Joaquín Rábago
Una líder potencialmente peligrosa para la paz en el Pacífico
Joaquín Rábago
La victoria electoral, el pasado domingo, de la dirigente ultraconservadora nipona Sanae Takaichi, que la confirma en la jefatura del gobierno que ocupa desde octubre pasado, no resulta demasiado tranquilizadora en una región del globo tan conflictiva como la del Asia/Pacífico.
Los medios hablan estos días de “fiebre” o “huracán” Takaichi pues no es sólo la primera mujer al frente del país, sino que ha llevado a su Partido Liberal Demócrata al mejor resultado de su historia.
Los medios destacan su “perfil desenfadado”, cuentan que era motera en su juventud y tocaba en una banda de “heavy metal” y dicen que combina “suavidad y dureza”.
Lo que me parece en cualquier caso más importante es que, tras su victoria en las urnas, ciertamente arrolladora, anunciase casi inmediatamente su intención de llevar al orden del día un debate sobre la Constitución del país.
La Constitución, redactada bajo la ocupación de Japón por Estados Unidos después de la derrota en la Segunda Guerra Mundial, establece la renuncia explícita a la guerra y la prohibición de mantener Fuerzas Armadas, algo que se suavizaría más tarde con la creación en 1954 de un ejército puramente defensivo.
Ocurrió allí como en la también derrotada Alemania, que fue desmilitarizada con el fin del conflicto que asoló a toda Europa y estuvo sin fuerzas armadas propias hasta la creación en 1955, ya en plena Guerra Fría, de la nueva Bundeswehr.
Y como en Alemania, cuyo canciller federal, Friedrich Merz, quiere convertir al ejército de su país en el más importante de Europa, también Japón parece haberse olvidado mientras tanto de toda la destrucción y de millones de muertos que causó su pasado fascismo.
Y como si también se hubiese olvidado incluso de las dos bombas atómicas que arrojó Estados Unidos sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, su primera ministra no parece rehuir tampoco el tema nuclear.
Tema que, ante la deriva antieuropea de Donald Trump, también han abordado también últimamente ciertos políticos alemanes, aunque éstos lo disfracen de defensa colectiva europea porque la posibilidad de que Alemania por sí sola pudiera dotarse del arma nuclear provoca ciertamente escalofríos.
Por lo que se refiere al Japón, el partido Komeitó, de influencia budista y claramente antinuclear, que ha estado coaligado con el Liberal Demócrata, decidió abandonar la coalición por el rumbo militarista impreso por Takaichi cuando ésta asumió por primera vez el cargo el pasado octubre sin haber pasado antes por las urnas como ahora.
La jefa de Gobierno tiene que decidir hasta qué punto se pone al servicio del movimiento racista japonés, opuesto a la por cierto escasa inmigración, y, sobre todo, cómo se posiciona frente a China.
En los pocos meses que lleva al frente del país, Takaichi ha elevado el gasto militar hasta un 2 por ciento del PIB y ha destinado además a defensa una partida suplementaria equivalente a 100.000 millones de euros, otro paralelismo con Alemania.
Algunos se preguntan si, pese a la experiencia de Hiroshima y Nagasaki, Takaichi permitiría el estacionamiento de bombas nucleares de Estados Unidos en suelo japonés o incluso si aspira a dotar al país de arsenal nuclear propio, lo que provocaría una escalada militar con China.
Antes incluso de someterse por vez primera a las urnas, Takaichi había provocado un conflicto diplomático con Pekín al sugerir que un eventual intento chino de apoderarse de Taiwán se consideraría en Japón una “amenaza existencial”, que podría obligar a intervenir a sus Fuerzas de Autodefensa.