La locura del Donald - por Joaquín Rábago

La locura del Donald

Por Joaquín Rábago

Hubo un tiempo en que se hacían cábalas sobre el cada vez más extraño comportamiento público de Donald Trump.

Había quienes pensaban que sólo fingía estar loco como el príncipe de Dinamarca para mejor despistar a sus enemigos; otros, que su demencia era auténtica, como la que desarrolló el rey Lear.

Pero en ninguno de los dos casos tenía el republicano ni un mínimo de la grandeza de esos dos personajes del genial dramaturgo isabelino.

Yo diría más bien que, si hemos de asociarle a alguna figura de la literatura, el Donald se parece más al grotesco Ubu, creación del precursor del teatro del absurdo, el francés Alfred Jarry.

Ubu-Trump por M. Fish

Algunos psicoanalistas hablan de un caso grave de psicopatía, con todo lo que esta enfermedad de la mente tiene de frialdad emocional, falta de empatía e imposibilidad de quien la sufre de sentir remordimiento por las consecuencias de sus acciones.

El psicópata que cada vez es más seguro que es Trump no soporta nada ni a nadie que le contradiga. Salta continuamente de una idea a la contraria sin que parezca haber ilación alguna en su pensamiento.

Vive en una burbuja, rodeado totalmente de aduladores, que le animan a creerse sus propias mentiras y le ríen sus gracias y las barbaridades con las que amenaza continuamente a otros países aunque se trate de amigos.

No soporta las pocas preguntas incómodas que le hace la prensa,  insulta a quienes las formulan e incluso amenaza con demandar a los medios que representan, como acaba de hacer con la BBC, a la que acusa de propagar “fake news” sobre  la marcha de su guerra en Oriente Medio.

Ni oculta últimamente el desprecio que le producen los dirigentes europeos, sobre todo después de que se negasen a caer en la trampa que les tendía al requerirles que se sumaran a la guerra que ha lanzado de la mano de Israel contra Irán.

Estaba tan acostumbrado al servilismo de sus aliados, a los que convenció con ayuda de su mamporrero, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, para que aceptaran aumentar a un 5 por ciento del PIB el gasto militar,  que no puede soportar que ahora se le rebelen.

Los tacha de “desagradecidos”, sobre todo después de que, como dice, Washington haya dedicado a la defensa de Europa “billones de dólares” y  los haya ayudado en un conflicto como el de Ucrania, que no es del interés inmediato de EEUU.

Pero los europeos no se muestran esta vez dispuestos a sacarle  las castañas del fuego, implicándose en una guerra a todas luces ilegal, de consecuencias desastrosas para todo el mundo y sobre la que además nunca se les consultó.

Trump está “más furioso que nunca”, escribe su mayor sicofante, el senador por Carolina del Sur y conocido “halcón” Lindsey Graham.

Éste dice compartir su furia, critica “la arrogancia” de los europeos por desinteresarse del programa nuclear militar de Irán y advierte de que no es el único senador que duda del valor que puedan tener para  EEUU de alianzas militares como la OTAN.

Programa nuclear cuya existencia niega el hasta ahora director del Centro Nacional Antiterrorista de EEUU, que ha dimitido del cargo en protesta por la guerra de Irak ya que el régimen de Teherán no representa, según afirma, peligro alguno para su país.

JOE KENT

Kent dice no poder apoyar que el  Gobierno de Trump vaya  a mandar a la próxima generación de estadounidenses a luchar y morir en una guerra que en nada beneficia al país  ni justifica el costo en vidas humanas. 

JOAQUÍN RÁBAGO