Un mundo dividido en buenos y malos - por Joaquín Rábago

Un mundo dividido en buenos y malos

Joaquín Rábago

Hay muchos empeñados en dividir al mundo en buenos y malos. Los “buenos” somos por supuesto nosotros, los que siempre hemos estado en el lado correcto de la historia; los “malos” son  los demás.

Según esa visión maniquea de “buenos” y “malos”, las democracias están siempre a favor del progreso y de la paz mientras que los regímenes autoritarios son por naturaleza ignorantes y sobre todo agresivos.

Es una visión profundamente hipócrita porque no tiene en cuenta los numerosos crímenes de lesa humanidad, muchos de ellos auténticos genocidios, cometidos a lo largo de la historia en nombre de esos valores que decimos defender

Hay, sin embargo, una visión alternativa, que es del llamado “realismo político”, según la cual el mundo no está hecho de buenos y manos:  los países se guían sobre todo por intereses.

El mundo está dominado por la avidez y el miedo, y los países, como los individuos, buscan ante todo seguridad. Y esto es especialmente cierto de las grandes potencias, para las que la seguridad es la palabra clave.

Es el mundo que tenemos, el mundo que en su día analizó ya Tucídides, el gran historiador y militar ateniense, que estudió las guerras entre las ciudades Estado griegas.

Es también el mundo del fundador de la ciencia política moderna, el italiano Maquiavelo, pero también el que expuso el  filósofo inglés Thomas Hobbes en su Leviatán.

No se podrá resolver ningún conflicto si adoptamos la primera de esas dos visiones, la moralista, es decir,  si nos empeñamos en que nosotros, los occidentales somos los buenos, los únicos que tenemos razón.

Esa visión maniquea es la que inspiró a partidos como los Verdes alemanes, que convirtieron el celo ecologista de sus comienzos en celo belicista frente a la Rusia de Vladimir Putin, encarnación para ellos del mal absoluto.

Pero es la que defiende también ahora también en ese país el canciller federal Friedrich Merz, que ha llegado a comparar el presidente ruso nada menos que con el mayor criminal del Siglo XX, su compatriota Adolf Hitler.

Durante la Guerra Fría existió un equilibrio entre los dos grandes bloques antagónicos, que se rompió con la disolución de la URSS y del Pacto de Varsovia, sin que  lo haya sustituido uno nuevo.

Las organizaciones multilaterales existentes,  como  las Naciones Unidas, se muestran por desgracia inoperantes, incapaces de poner fin a guerras y genocidios, empezando por el peor de todos, el de Israel, lo que convierte la situación actual en explosiva.

Estamos en plena guerra nuclear y hay políticos que se comportan como si siguiéramos en la época de las alabardas y las bayonetas.


 

JOAQUÍN RÁBAGO