La nueva estrategia iraní y el cambio de régimen - por Joaquín Rábago

La nueva estrategia iraní y el cambio de régimen

Joaquín Rábago

 

En su respuesta al ataque conjunto de Estados Unidos e Israel a su territorio, los iraníes han optado por una estrategia distinta de la que emplearon cuando esos mismos países atacaron a su país el pasado mes de junio.

Esta vez, en lugar de limitar su contraataque al territorio del agresor sionista como en la “guerra de los doce días” de junio pasado, han regionalizado el conflicto, lanzando sus misiles y sus drones contra las bases militares de EEUU así como las infraestructuras civiles -puertos o aeropuertos- de los países árabes que las acogen.

CONTRATAQUES IRANÍES - AGENCIA ANADOLU

Y a pesar de que algunos de esos aliados de EEUU como Arabia Saudí o Jordania, habían declarado que no dejarían a la superpotencia utilizar esta vez su espacio aéreo para atacar a Irán, Teherán ha preferido no fiarse y considerarlos cómplices del binomio agresor.  

Teherán y sus aliados, los hutíes del Yemen, tienen además la posibilidad de causar un daño enorme a las monarquías petroleras del Golfo Pérsico para intentar presionarlas, cerrando a la navegación el estrecho de Ormuz, por donde pasan diariamente 20 millones de barriles de crudo, y el de Bab el-Mandeb, con 6 millones de barriles más.

ORMUZ BAD EL MANDEB, LA CUARTA PARTE DEL MERCADO PETROLERO MUNDIAL

Según fuentes de la Agencia Internacional de la Energía, la alternativa para no dejar sin ese suministro al mundo sería utilizar los oleoductos disponibles, aunque sólo se cubriría como máximo una cuarta parte de esa cantidad.

Kuwait, Qatar y Bahréin carecen en cualquier caso de alternativas y el gas natural licuado del segundo de esos países, que representa el 20 por ciento del suministro mundial, no se puede en ningún caso desviar, lo que va a provocar una fuerte subida de la energía en todo el mundo.

Por lo que concierne a la estrategia militar iraní, ésta consiste, por lo que se ha visto hasta ahora, en emplear en su fase inicial los misiles más viejos de su arsenal para  ver dónde están las defensas del enemigo y tratar de degradarlas o inutilizarlas antes de pasar a la fase siguiente, en la que se utilizarán las armas de última generación.

Como advirtió, por otro lado, antes del estallido del conflicto el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de EEUU, la superpotencia no tiene armas ni municiones suficientes para aguantar una guerra prolongada. 

Las baterías de defensa antiaéreas estadounidenses THAAD, que fabrica la empresa Lockheed Martin, cuestan 15 millones de dólares cada una y la empresa no da abasto pese al requerimiento del Pentágono. 

THAAD

Ya se vieron muy mermados esos lanzadores en la guerra del pasado junio , y desde entonces no han podido reponerse el material en grado suficiente. 

Irán está atacando al mismo tiempo los costosísimos sistemas de radar del enemigo, y así el primer día se destruyeron dos de ellos. Qatar informó de la destrucción de un radar de alerta temprana, que tiene un alcance de hasta 5.000 kilómetros y cuesta 1.100 millones de dólares.

También en Bahréin quedó inutilizado,  en un ataque iraní con misiles,  un sistema de comunicaciones del cuartel general de la Quinta Flota de la Armada de EEUU, responsable de las operaciones de la superpotencia en el Golfo Pérsico, el mar Rojo, el mar Arábigo y partes del océano Índico.

Para poder llevar a cabo este tipo de ataques en el caso de una nueva guerra con Israel, los iraníes llevaban ya años preparándose y enterrando en silos subterráneos sus misiles y sistemas móviles de lanzamiento.

Según el ex diplomático británico Alastair Crooke, fundador y director del Foro de Conflictos, con sede en Beirut, y profundo conocedor de la región, los iraníes no han mostrado prisas hasta ahora en hacer uso de los misiles de última generación de su arsenal y con seguridad los utilizarán conforme avance el conflicto.

Donald Trump apostaba en su ignorante soberbia por un conflicto rápido con un pueblo levantado en armas contra “un régimen opresor”, pero ha ocurrido justo lo contrario.

El asesinato del ayatolá Ali Jamenei, ahora convertido en “mártir”, ha enardecido a las masas chiíes y no sólo en Irán, Irak o el Líbano, sino hasta en Pakistán.

Y Trump no puede permitirse, aunque haya declarado en público lo contrario, una guerra larga con cadáveres de soldados estadounidenses repatriados en bolsas, sobre todo con las elecciones de medio mandato casi a la vuelta de la esquina.

De ahí que el republicano haya mentido una vez más declarando a los medios estadounidenses que los iraníes habían aceptado volver a la mesa de negociaciones. ¿Cómo va Teherán a negociar con quien los ha engañado una y otra vez?

Su problema, y eso es lo que más teme, es que en las elecciones del próximo 3 de noviembre, los demócratas recuperen no sólo una sino las dos cámaras del Congreso, lo que les permitiría iniciar contra él un proceso de destitución (impeachment).

En ese caso, Trump podría incluso acabar en la cárcel. Y el  “cambio de régimen” no ocurriría entonces en Irán, sino en Estados Unidos.

JOAQUÍN RÁBAGO