Occidente debe protegerse de sí mismo - por Joaquín Rábago

Occidente debe protegerse de sí mismo

Joaquín Rábago

No es de Rusia o de China de quien debe protegerse Occidente, sobre todo Europa, sino de sí mismo, afirma el empresario y politólogo malasio Chandran Nair.

CHANDRAN NAIR

Nair califica de “relación abusiva” la de Estados Unidos con los aliados europeos, de la que éstos deberían  emanciparse lo antes posible (1).

En el rompedor discurso que pronunció en el Foro Económico de Davos el primer ministro canadiense, Mark Carney, denunció el actual estado de cosas con una vieja frase: “Si no estás sentado a la mesa, estás en el menú”.

MARK CARNEY

Hasta ahora,  los europeos pensaban que estaban siempre en la mesa y no,  como el 80 por ciento del mundo,  en el menú, pero con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuya única “virtud” es la brutalidad frente a la hipocresía de otros, han visto que estaban equivocados.

Y parecen haber comprendido  que las zalamerías, como las del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, o las tantas veces empleadas por los líderes europeos en su trato servil con Trump, sólo envalentonaban aún más a éste. 

Deberían fijarse, por ejemplo y aun salvadas las diferencias, en China, que supo parar rápidamente a Trump cuando intentó imponerle aranceles abusivos y defender así sus intereses, algo que la Comisión de Ursula von der Leyen no ha hecho.

TRUMP XI

Tienen que aprender a ver los europeos las exigencias de Trump como lo que realmente son, el farol de un matón de colegio que se imagina dueño del mundo, y decirle de una vez: “Hasta aquí hemos llegado”.

TRUMP VON DER LEYEN por IA

El primer ministro canadiense habló del fin del viejo orden global, basado en la coerción y el chantaje económicos de los fuertes, cuando no en intervenciones militares convenientemente disfrazadas de defensa de la democracia.

Lo denunciado por Carney no es algo que ocurra de pronto hoy, sólo que los dirigentes europeos y las elites del continente no habían querido la realidad porque estaban muy cómodos con ese viejo orden hasta que la propia brutalidad de Trump los ha despertado.

Y ahora al menos,  algunos se dan cuenta, aunque no se atrevan aún a decirlo, de que fue un malísimo negocio renunciar, por ejemplo, al gas natural ruso que les llegaba barato y abundante para depender del gas natural licuado de EEUU, mucho más caro y más contaminante tanto por el método de extracción como por el transporte marítimo.

Y comprenden por fin que tienen que desprenderse de su subordinación militar, económica y financiera a unos Estados Unidos que además los desprecia y buscar cuanto antes alternativas.

Diversificar, esto es, su comercio, abriéndose a China, a la India, a todo el sureste asiático como han hecho ya en el caso de América Latina con Mercosur. Y tratando sobre todo a esos socios comerciales de igual a igual.

Para ello tienen los europeos que vencer viejos prejuicios, abandonar el temor de que la cada vez más poderosa económicamente China vaya a convertirse en un nuevo hegemón y trate a los demás como los colonialistas la trataron a ella en su día.

Pero según el antes citado politólogo malasio, el enfoque de China es muy distinto del estadounidense. No pretende dominar el mundo por la fuerza, agrediendo militar o económicamente a otros países.

Su estrategia está recogida en un documento titulado Iniciativa de Desarrollo Global, muy distinto del último documento estratégico de los  EEUU de Trump, ya que aboga por promover el multilateralismo y reforzar la cooperación con los países del Sur global.

El documento se compone en realidad de cuatro iniciativas, adaptadas una tras otra: la relativa concretamente al desarrollo propone acelerar la agenda 2030 de la ONU y pone el foco en la reducción de la pobreza, la seguridad alimentaria y las energías limpias.

La llamada Iniciativa sobre seguridad mundial habla de fomentar una estructura de seguridad basada en la cooperación y la no injerencia, además de la mediación en conflictos.

La iniciativa sobre civilización global aboga por el respeto a las distintas culturas del planeta y por los que califica de “valores de la humanidad” al tiempo que rechaza la imposición de los llamados “valores de Occidente”.

La cuarta iniciativa, relativa a la “gobernanza global”, se centra en la reforma de los sistemas internacionales para dar mayor voz a los países del Sur global, e incluye propuestas como la llamada “organización internacional de mediación”.

Todo lo cual está evidentemente a años luz de la Junta de Paz que ha creado Donald Trump para la explotación económica de la devastada franja de Gaza y con la que el republicano pretende incluso reemplazar eventualmente a la ONU en las tareas de solución de conflictos.

  1.  En declaraciones al programa digital “Neutrality studies”, que modera desde Tokio el suizo Pascal Lottaz)

 

JOAQUÍN RÁBAGO