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viernes, 03 de febrero de 2023 09:53h.

El Parlament ha aprobado el inicio de un proceso democrático - por Chema Tante

La declaración de JxSí y CUP que ha aprobado el Parlament de Catalunya no proclama la indepedencia, sino el inicio de un proceso.

El Parlament ha aprobado el inicio de un proceso democrático - por Chema Tante

La declaración de JxSí y CUP que ha aprobado el Parlament de Catalunya no proclama la indepedencia, sino el inicio de un proceso.

Yo, que soy independentista y deseo la autodeterminación del pueblo de Canarias -como la de todos los pueblos- no creo que esa independencia sea un fin en sí misma, sino un medio para conseguir la liberación, en todos los órdenes, especialmente en el social y económico. Creo que eso es lo que busca Esquerra Republicana y las CUP, pero no, en absoluto, la Convergencia de Mas y Pujol.

Estoy convencido de que en todo este follón que se ha armado en Catalunya, la estupidez congénita de los partidos centralistas nacionalistas españoles les ha llevado a caer en la trampa urdida por Mas y su banda, en tanto que el propio Mas ha caído a su vez en su propia trampa. Y que los partidos de progreso soberanistas catalanes, Esquerra Republicana y la CUP no hacen más que aprovechar legítimamente la oportunidad que ha surgido con todo esto.

Mas planteó un envite terminal, "chico fuera y partido", con la intención evidente inicial de conseguir más beneficios políticos para su partido y económicos para su pais. Lo que planeara hacer con esos beneficios después, es otra cosa. Pero, después, se le presentó la otra alternativa, adicional y no menos evidente: ocultar, envuelto en la estelada la demostrada historia de corrupciones en que se encuentra enredada su organización.

Pero Rajoy, en uno de los errores capitales del largo catálogo de sus equivocaciones, ha aceptado el envite. Rajoy se ha resistido tercamente a aceptar una consulta popular que hubiera resuelto, antes de empezar, todo este problema en que se ha metido. Porque la cuestión fundamental, la única que en democracia vale esgrimir, es la de si el pueblo catalán se pronuncia de manera mayoritaria y contundente a favor de la independencia, o no.

Porque la única objeción que se le puede hacer a la declaración de un inicio de proceso a la independencia de catañunya, es que, en este momento, nadie sabe con exactitud, en ninguno de los bandos en conflicto, cuanta gente está en Catalunya a favor de tal independencia y cuánta en contra. Las elecciones autonómicas catalanas del 27 S, aunque se le quiso dar un carácter plebiscitario, implícitamente asumido por los propios partidos nacionalistas españoles, no aclararon el dilema. No podían hacerlo, porque no había una pregunta concreta en el sentido oportuno.

En todo caso, aunque en sentido estricto pudiera parecer poco elegante que una fuerzas políticas que no han conseguido un apoyo en votos mayoritario, tomen iniciativas tan trascendentales, no es menos cierto que ese apoyo mayoritario no puede ser entendido como una ausencia de inclinación mayoritaria popular catalana por la independencia. Por la sencilla razón de que no se conoce esa relación de los criterios en el seno de la sociedad catalana. Y tampoco es menos cierto que unos partidos que han aprovechado sus mayorías absolutas para perpetrar las mayores barbaridades, a pesar de haberlas obtenido con apoyos electorales minoritarios, no pueden ahora discutir la validez democrática de las decisiones que soberanamente tome el Parlament. Especialmente, el partido llamado popular, que lleva cuatro años cometiendo auténticos golpes de estado, que han siquitrillado todo el esquema de las pocas libertades, los limitados derechos y las pacatas condiciones laborales que existían en el estado español; y que ha lo ha hecho con una mayoría absoluta que no responde ni siquiera a un tercio del electorado, no puede ahora invocar una supuesta falta de consenso popular por parte de JxSï y las CUP.

A fin de cuentas, yo  estoy convencido de que todas las ideas políticas pueden ser defendidas y adelantadas si se hace de manera no violenta. Y el Parlament de Catalunya, ahí están las imágenes del debate y la votación, ha tomado su decisión en paz. Como dice Luis Bassets en su artículo en EL PAÍS, esta situación en 2015 es muy diferente de lo que pasó en 1934, a pesar de que el tolete de Alfonso Guerra haya pedido, a este gobierno de derecha de hoy, una actuación similar a la que tomó el otro, republicano, pero igualmente de derecha, de hace 81 años. Y la diferencia sustancial es esa: el republicanismo catalán del siglo XXI, hace las cosas en paz, democráticamente. 

Ahora vendrá la suspensión del acuerdo democrático catalán, por parte del parcializado políticamente Tribunal Constitucional. Pero el Parlament ya ha anunciado que no piensa acatar la decisión. Lo que pueda pasar después, nadie lo puede saber. Sin embargo, lo que sí es previsible es que la cólera del pueblo catalán irá en aumento.

Y todo, por culpa de la obcecación del nacionalismo español.

Yo terminaré proclamando que todo intento de salirse de este infernal estado de derecha español que sufrimos, goza de mis simpatias, no exentas de envidia.