Peligrosas provocaciones de los Estados bálticos - por Joaquín Rábago
Peligrosas provocaciones de los Estados bálticos
Joaquín Rábago
Las Repúblicas Bálticas no sólo no consideran llegado el momento de que Europa se siente a la mesa a negociar la paz con Rusia, sino que no vacilan en echar más leña al fuego.
Provocar al oso ruso a propósito de la guerra de Ucrania parece haberse convertido en práctica habitual en esa parte de Europa, y las últimas declaraciones de algunos de sus políticos no resultan precisamente tranquilizadoras.
Así, según afirmó esta semana el ministro de Exteriores lituano, Kestutis Budrys, “hay que mostrarles a los rusos que podemos penetrar en su pequeña fortaleza de Kaliningrado”.
“La OTAN tiene suficiente capacidad para destruir, llegado el caso, la defensa aérea y las bases de misiles (de Kaliningrado) y reducirlo todo a escombros”, declaró desafiante el político lituano como si nada le importase la condición de potencia nuclear del enemigo.
Budrys se refería con esas palabras a ese exclave ruso de 125.000 kilómetros y menos de medio millón de habitantes, situado entre Letonia y Polonia, que perteneció a Prusia hasta la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial.
Los servicios secretos rusos acusan mientras tanto a Lituania de autorizar el uso de su espacio aéreo por los drones ucranianos.
Incluso sospechan esos servicios de la presencia en ese país báltico de operadores de drones ucranianos que prepararían desde allí un ataque a la región de Leningrado, lo que significaría la participación directa de un miembro de la UE y de la OTAN en la guerra con Rusia.
Aún en el supuesto de que el Gobierno lituano no hubiese dado permiso a Kiev para que sus drones atravesaran su espacio aéreo y Ucrania se hubiese tomado esa libertad, las consecuencias políticas serian igualmente graves. Bruselas calla de momento.
La guerra de los drones ha provocado una crisis política en Lituania: el presidente del país, Edgars Rinkevics, nombró al político de la oposición Andris Kuhlberg, de la conservadora “Nueva Unidad” candidato a primer ministro después de que el Gobierno de Evike Silina perdiese la mayoría parlamentaria tras la dimisión forzada del titular de Defensa.
El diario suizo Neue Zürcher Zeitung publicaba esta semana un reportaje sobre una fábrica secreta de drones en Ucrania y citaba frases provocadoras como ésta: “Nuestro objetivo es destruir el imperio ruso. Rusia debe dejar de ser una cárcel para los pueblos”.
Destruir la Federación Rusa, dividir en repúblicas más pequeñas es también el objetivo proclamado de la jefa de la diplomacia europea, la estonia Kaja Kallas, como fue también siempre el de Washington.
Mientras tanto, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, acusa a Rusia de preparar un ataque masivo a su país desde territorio bielorruso a la vez que denuncia las maniobras nucleares de ambos países aliados en zonas próximas a su frontera.
También la Alianza Atlántica lleva a cabo anualmente maniobras de ese tipo como las llamadas “Steadfast Noon”: en las últimas participaron bases militares de la OTAN en Bélgica, Países Bajos y Dinamarca, pero a eso no hay nada que objetar.
Rusia persigue su campaña en el Donbás, ocupando territorio lentamente. Según el diario británico Financial Times, Moscú tal vez no se contente con el territorio que ya se ha anexionado, sino que su ambición podría llegar hasta Kiev por un lado y a Odesa, cerrando la salida de Ucrania al mar Negro, por otro.
Pero para Bruselas, no ha llegado el momento de negociar. ¿Llegará alguna vez?