Pese a sus bravuconadas, Trump trata de conseguir de Irán un alto el fuego - por Joaquín Rábago
Pese a sus bravuconadas, Trump trata de conseguir de Irán un alto el fuego
Joaquín Rábago
Pese a sus bravuconadas y a sus continuas mentiras sobre el desarrollo de la guerra que él mismo ha provocado, el tirano de la Casa Blanca ha tratado desesperadamente de conseguir un alto el fuego.
Pero ¿podía pensar Donald Trump un solo momento que los iraníes fuesen a tragarse ese señuelo cuando estadounidenses e israelíes han demostrado ya antes tantas veces su hipocresía y falsedad?
Occidente, y no sólo EEUU, ha actuado en otras ocasiones de mala fe como se demostró ya en la guerra de Ucrania con la ficción de los acuerdos de Minsk, que solo sirvieron, y así lo reconocieron Angela Merkel y François Hollande, para dar tiempo a armar a Ucrania.
Si uno lee hoy a la mayoría de los comentaristas de los medios europeos, lo que han hecho Israel y EEUU en Irak es, sin embargo, equiparable a la invasión rusa de Ucrania: el uso de la fuerza por dos potencias nucleares que desprecian el derecho internacional.
Pueden coincidir en su ilegalidad, pero no si se atiende al contexto y a sus causas: la invasión rusa del país vecino fue provocada por la ruptura de la promesa que se hizo EEUU al Kremlin de que no se llevaría a la OTAN hasta las mismas fronteras rusas y su objetivo de convertir a la hasta entonces neutral Ucrania en un ariete frente a Rusia.
Esto, que debería ser evidente, hay que repetirlo cada vez porque es tarea difícil, casi imposible, luchar contra lo que Noam Chomsky calificó de “manufactura del consenso”, es decir la propaganda masiva de los medios.
La operación Furia Épica es, por el contrario, el artero ataque a un país que estaba negociando en aquel momento con EEUU, se supone que de buena fe, su programa nuclear.
Un programa que su líder supremo, Ali Jamenei, asesinado en esa operación militar, había garantizado mediante no una, sino dos fatwas, que en ningún caso tendría como fin la construcción de un arsenal nuclear. Algo que ya no promete su hijo y sucesor, Mojtaba Jamenei, porque si algo por desgracia ha demostrado el ataque israelo-estadounidense a Irán es que la bomba atómica es la única garantía de que un país no será atacado. Véase el caso de Corea del Norte.
El daño está hecho. La Furia Épica no está saliendo como soñó el Donald, y éste ya no sabe cómo salir de un atolladero que le puede costar a su partido las elecciones de medio mandato, el próximo noviembre, y tal vez llevar incluso a su destitución mediante un nuevo “impeachment”.
El resto de Occidente, que debió protestar alto y claro desde el primer momento por ese ataque ilegal, algo que en su cobardía y su cierta complicidad con EEUU, no lo hizo, sufre ahora en sus propias carnes las consecuencias.
El cierre del estrecho de Ormuz al tráfico marítimo, con el que habían amenazado desde el principio los iraníes, es un hecho, al menos para los buques no aliados de Irán pues a otros sí se les permite pasar por esas aguas.
Y resulta poco menos que un escarnio a quienes trabajan en esos cargueros hoy paralizados a uno u otro lado del estrecho que Trump les preguntase si “no tenían agallas” para cruzarlo.
El republicano incluso habló de proteger con la marina de guerra de EEUU el paso de todos los cargueros que allí esperan además de ofrecer un seguro de 20.000 millones de dólares, que lógicamente nadie, en vista del peligro, ha aceptado.
Y el colmo es que mientras en esa guerra mueren cada vez más civiles inocentes y miles de personas ven en peligro su propia existencia económica, Trump se jacta impúicamente de que con la subida de precios del petróleo, Estados Unidos, que es un gran productor “hará mucho dinero”.