Los pies de barro de Dinamarca en Groenlandia - por Joaquín Rábago

Los pies de barro de Dinamarca en Groenlandia

Joaquín Rábago

La presencia del reino de Dinamarca en su territorio autónomo  de Groenlandia tiene los pies de barro.

Hay que defender por supuesto a esa isla del Ártico de la irracional codicia del matón de la Casa Blanca, pero sin ocultar esa circunstancia.

Me refiero a algo que seguramente no le gusta a Copenhague que se recuerde en este momento: la implantación en miles de mujeres inuit groenlandesas durante los años sesenta y setenta de un dispositivo intrauterino para impedirles el embarazo.

 

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Es verdad que la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, se disculpó por lo que algunos políticos de ese país llegaron incluso a calificar de genocidio y que revelaron hace sólo tres los propios medios de ese país.

Pero nada extrañaría que Estados Unidos tratase de aprovechar lo ocurrido entonces, que sin duda ha dejado huellas profundas en la sociedad groenlandesa, para sus objetivos imperialistas.

Claro que un político profundamente racista como Donald Trump, y además con la historia abiertamente genocida de su país,  sería  el menos indicado para dar lecciones a Dinamarca.

Recordemos las llamadas “guerras indias” contra los pueblos indígenas de EEUU, que se resolvieron con su  parcial exterminio, la asimilación cultural obligada de los supervivientes y su localización forzosa en reservas.

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Ni Estados Unidos ni por supuesto otros países del hoy llamado Occidente colectivo como Canadá o Australia, que tienen sus propias historias de represión, desplazamientos o exterminio de sus poblaciones indígenas.

Baste recordar también otro escándalo: el de las escuelas residenciales para indios de Canadá administradas por escuelas cristianas y que se crearon con el fin de apartar a los niños indígenas de su propia cultura.

O a las llamadas “generaciones robadas”, los descendientes de aborígenes australianos apartados por la fuerza de sus familias y colocados en otras no indígenas.

Por supuesto que no fueron sólo los anglosajones, sino también los españoles y portugueses en los países de América Latina, los responsables de tantas prácticas genocidas. 

Nuestro cristianísimo Occidente tiene mucho por lo que avergonzarse y pedir perdón aunque le cueste.

 

JOAQUÍN RÁBAGO