Política de doble rasero - por Joaquín Rábago

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Política de doble rasero

Joaquín Rábago

La jefa de la, llamémosla, “diplomacia” europea, Kaja Kallas, dice que la Unión Europea no quiere castigar a Israel con su última decisión de suspender parcialmente el acuerdo comercial con el Estado sionista.

KAJA KALLAS

El pueblo israelí, argumenta  la política de la minúscula Estonia, no tiene la culpa de lo que hace el Gobierno de Benjamín Nentanyahu.

La Unión Europea trata de encontrar, según explica, un equilibrio entre los distintos países miembros, que difieren en su valoración de lo que sucede en Gaza.

Y es cierto que esa medida necesita que la apruebe una mayoría cualificada de los Estados miembros, y hay algunos que se resisten, entre los que están por ejemplo Alemania e Italia, los dos países europeos del Eje en la SGM, a los que podría sumarse Austria, Hungría y la República Checa.

¿Cuánto tardó, sin embargo, esa misma Unión Europea en castigar a Rusia, no ya al líder del Kremlin o a los oligarcas que le apoyan, sino al pueblo ruso en general con unas sanciones económicas destinadas a hundir su economía?

¿Se tuvieron suficientemente en cuenta además en ese caso las distintas “sensibilidades” o más bien los distintos particulares intereses económicos de Hungría o Eslovaquia, por ejemplo,  a los que Bruselas incluso amenazó por resistirse al embargo contra el petróleo y el gas rusos?

Es cierto que no se puede castigar a todo un pueblo por lo que puedan hacer sus dirigentes, pero Israel precisamente presume de ser la única democracia en Oriente Medio, por lo que, a diferencia de lo que ocurre en las vecinas dictaduras árabes, algo tendrán que ver los ciudadanos con lo que hace su Gobierno.

Aunque ésos salgan todos los días a protestar en las calles de Tel Aviv y otras ciudades contra el primer ministro, al que responsabilizan de la posible muerte de la la veintena de rehenes que cree que siguen vivos por su negativa a firmar un alto el  fuego con Hamás.

Me temo que si por un milagro o golpe de suerte esos rehenes fuesen mañana liberados, una mayoría de los ciudadanos israelíes que reclaman hoy negociaciones, apoyarían, seguramente movidos por un deseo de venganza, la continuación del genocidio hasta la solución final, como decían los nazis en relación con el pueblo judío.

Bruselas en cualquier caso, siempre tan condescendiente con Israel, aspira a un diálogo con su Gobierno para que respete la legislación humanitaria en Gaza y no tener que imponer las medidas con las que ahora amenaza. 

Guantes de seda para Israel, puños de hierro para Rusia. Ésa es la política de roble rasero que propicia desde el principio  la Comisión de la cristianodemócrata alemana Ursula von der Leyen.

VON DER LEYEN
JOAQUÍN RÁBAGO