En punto a rusofobia no hay quien gane a los verdes alemanes - por Joaquín Rábago

 

En punto a rusofobia no hay quien gane a los verdes alemanes

Joaquín Rábago

Uno recuerda con nostalgia, y no sólo porque era mucho más joven, a aquellos verdes alemanes que a principios de los ochenta protestaban en Bonn contra la instalación en su país de los misiles Pershing 2 de EEUU en respuesta a los SS soviéticos.

PROTESTA EN MUNTLANGEN CONTRA MISILES PERSHING, 1983

Aquellos verdes de Petra Kelly y Gerd Bastian, a los que incluso perteneció el más tarde  fogoso belicista ministro de Exteriores Joshka Fischer, eran radicalmente pacifistas.

Los de hoy son igualmente radicales, sólo que el pacifismo de sus orígenes se ha transformado en militarismo frente a la Rusia, a la que sólo culpan de la invasión ilegal de Ucrania.

Su rusofobia militante  les ha llevado últimamente a proponer la idea de sancionar a quienes visiten la Russiches Haus, el Centro Ruso de la capital alemana,  con motivo, por ejemplo, de algunas de las exposiciones que organiza.

RUSSISCHES HAUS BERLIN

La propuesta en ese sentido la hizo la presidenta de los verdes en el Senado berlinés, Bettina Jarasch,  en el instituto polaco Pilecki, de la capital, que había convocado a un acto para hablar de las sanciones de la UE al país de Putin.

En el debate sólo se escucharon propuestas en el mismo sentido: había que cerrar el centro ruso, un gran edificio situado en pleno centro de Berlín, y que está de momento protegido por el tratado de Estado firmado en su día con Moscú.

El cierre del centro ruso berlinés podría acarrear como represalia al del instituto Goethe, de Moscú, algo que, sin embargo, no parece preocupar demasiado a los Verdes.

GOETHE INSTITUT MOSCÚ

Entre las ideas que formularon algunos de los participantes en el debate sobre cómo conseguir ese cierre estuvo la de acusar a Rusia de violar con sus prácticas censoras y represoras el tratado bilateral.

Un abogado cuyo nombre no merece la pena mencionar dijo que había que ser creativo y que podría, por ejemplo, revisarse si las medidas contra incendios del edificio cumplían todos los requisitos o si había otro tipo de defectos que justificaran su cierre.

La presidenta de la asociación de la diáspora nacionalista ucraniana Vitsche se quejó de que los rusos celebren todos los años el Día de la Victoria como si hubiesen sido ellos quienes liberaron Berlín y propuso reconvertir la Casa Rusa, como se llama oficialmente, en un centro de “los pueblos agredidos y asesinados” por los rusos.

Según otro representante del partido ecobelicista berlinés, el simple hecho de adquirir  una entrada para visitar alguno de los actos culturales que organiza el centro es ya una violación del régimen de sanciones y habría que castigarlo al menos con una multa.

Un periodista del diario Junge Welt, el único que informa de lo ocurrido, preguntó a la diputada berlinesa Jarasch si los Verdes estaban también dispuestos a sancionar a los centros culturales que tiene EEUU en Berlín como la llamada “Amerika Haus” en  protesta por la guerra contra Irán, el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, o el boicot a Cuba, a lo que aquélla respondió que la UE no había dictado sanciones en esos casos.

JOAQUÍN RÁBAGO