Reírse de un genocidio - por David Torres

 

AYUSO

Reírse de un genocidio

David Torres

DIARIO RED

Cuando, dentro de unos años, le pregunten por el genocidio de Gaza, Ayuso podrá decir: “Hacía chistes. Me divertía mucho que masacraran niños”

Pocas dudas caben de que Gaza se ha convertido en el gran termómetro moral de nuestra época. En otros conflictos -la guerra de Ucrania, por ejemplo- uno puede aducir argumentos históricos, motivos económicos, rencillas geopolíticas y discutir la barbarie en términos militares, pero en Gaza no hay ninguna guerra: no hay otra cosa que la masacre indiscriminada de la población civil, un genocidio televisado y retransmitido en directo que se alarga ya dos años. Gaza es el último capítulo del colonialismo israelí, un crimen contra la humanidad que se remonta más de medio siglo atrás y una limpieza étnica que pretende levantar un complejo hotelero sobre un campo de exterminio.

Puestos a discutir la barbarie, uno puede condenar sin ambages la brutalidad del ataque terrorista de Hamás el 7 de octubre de 2023, incluso pasando por alto que el ejército y los colonos israelíes no han cejado un solo día de perpetrar matanzas, secuestros y saqueos contra la población palestina indefensa desde hace décadas. Tampoco hará falta comentar que el estado de Israel se fabricó a base de ataques terroristas similares, no con discursos ni con besos, del mismo modo que la independencia de Irlanda se consiguió gracias a los atentados del IRA. No, no estoy hablando de las raíces históricas del conflicto sino de un hecho simple y monstruoso: ahora, ahora mismo Israel está asesinando civiles indefensos y niños por millares.

Ante una atrocidad semejante, no caben las medias tintas, no vale refugiarse en el desconocimiento, la ignorancia y hacerse el despistado. Estos días Woody Allen anda promocionando su primera novela (¿Qué pasa con Baum?) -un libro, por cierto, bastante flojo en comparación con sus primeros volúmenes- y cuando le preguntaron por Gaza, se escaqueó comentando que no estaba lo bastante informado al respecto, que hay gente muy preparada que lleva décadas intentando desentrañar el conflicto entre israelíes y palestinos, y que en realidad nadie sabe nada al respecto. Ahora resulta que masacrar niños inocentes es un tema complejo. Podía haber respondido del mismo modo que uno de sus personajes en Desmontando a Harry: “El Holocausto es un récord y los récords están para superarlos”. Con la de frases inteligentes y chistes magistrales con que Allen ha sembrado su filmografía y en la realidad, cuando hay que mojarse, habla como un auténtico imbécil.

Las risas de psicópata, las burlas de patio de colegio, los comentarios repugnantes con que Ayuso ha celebrado la detención de la Flotilla son un perfecto registro de la inmoralidad y la indecencia de una mujer que ha hecho de la mentira y la estupidez una forma de gobierno. “Ya se han dado el baño y, a partir de ahora, subvenciones para sus chiringuitos”

Sin embargo, mucho más hiriente que la clamorosa indiferencia de Allen o el entusiasmo sionista de papanatas como Nick Cave, es el desprecio y la mofa con que ciertos políticos españoles han acogido la noticia de la detención de la Flotilla humanitaria que navegaba rumbo a Gaza, uno más en la interminable serie de saqueos y pirateos con que Israel viola la legalidad internacional a diario. Sabíamos que ni Greta Thunberg, ni Ada Colau, ni el nieto de Nelson Mandela podían hacer mucho por detener los horrores cometidos contra el pueblo palestino, pero su acción era una forma de concienciar al mundo, a esa gente que, a estas alturas de la sangre, todavía no se ha enterado de que se está exterminando a un pueblo entero para construir una réplica de la Riviera cimentada sobre huesos humanos.

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Las risas de psicópata, las burlas de patio de colegio, los comentarios repugnantes con que Ayuso ha celebrado la detención de la Flotilla son un perfecto registro de la inmoralidad y la indecencia de una mujer que ha hecho de la mentira y la estupidez una forma de gobierno. “Ya se han dado el baño y, a partir de ahora, subvenciones para sus chiringuitos”. Es difícil creerlo, pero lo cierto es que lo más inteligente y lo más humano que ha dicho Ayuso en su breve y fulgurante carrera política son los tuits en los que ponía voz a Pecas, el perrito de Esperanza Aguirre. Casi todos terminaban con “guau”, que es lo único que se le ocurre a uno cada vez que lee una nueva infamia de la presidenta. Cuando, dentro de unos años, le pregunten por el genocidio de Gaza, Ayuso podrá decir: “Hacía chistes. Me divertía mucho que masacraran niños”. 

Gracias a David Torres y DIARIO RED

DAVID TORRES

https://www.diario-red.com/opinion/david-torres/reirse-genocidio/20251003125453055552.html

Gracias a DIARIO RED. En La casa de mi tía con autorización