Resulta difícil entender la fascinación europea por Zelenski - por Joaquín Rábago
Resulta difícil entender la fascinación europea por Zelenski
Por Joaquín Rábago
Cada vez le resulta a uno más difícil entender la fascinación que muestran los gobernantes europeos por el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski.
Hay algunos como el Júpiter del Elíseo, Emmanuel Macron, que parece incluso manosearle cada vez que se encuentran.
Otros le ponen la mano en el hombro como si se tratara de un niño pequeño al que hay que tratar con cariño.
Es, como digo, difícil de entender a menos que esas muestras de devoción sean sólo agradecimiento porque el ucraniano está haciendo algo que ellos no se atreven a hacer: la guerra directa con Rusia.
Es el papel que le encomendó en su día Washington en un claro intento de debilitarla económica y militarmente e incluso, si fuera posible, fragmentarla y provocar uno de esos cambios de régimen que son su especialidad.
No hace falta recordar el viejo plan estratégico de Estados Unidos consistente en separar a un país de los inmensos recursos energéticos de Rusia de la parte occidental del continente euroasiático, la más avanzada tecnológicamente.
Plan que los gobiernos europeos, suicidas o ciegos, acabaron aceptando con el resultado que ahora vemos: el estancamiento industrial y económico de todos sus países.
Rusia resultó mucho más “resiliente”, como se dice ahora, de lo que todos ellos pensaban y su sociedad, lejos de fragmentarse, parece más cohesionada que nunca por la guerra con Ucrania.
¡Qué equivocados estaban quienes, como el mientras tanto fallecido líder republicano John McCain, dijeron del país de Putin que era una “gasolinera con bombas atómicas”.
O como la petulante presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen, que se burlaba de que Rusia se viera obligada, según decía, a utilizar piezas de lavadoras como repuesto para sus misiles.
O la vicepresidenta y alta representante de la Unión para Asuntos exteriores, la estonia Kaja Kallas, que gobernó un país con menos habitantes que Barcelona y se permite ahora insultar a Putin y a su país todos los días.
Últimamente hemos escuchado al secretario general de la OTAN, el holandés Mark Rutte, decir en Praga que “no hay que tomarse demasiado en serio a Putin” porque es sólo como “el gobernador de Texas”.
Habíamos pensado que con su inmediato antecesor, Jens Stoltenberg, se había tocado fondo en ese puesto de tanta responsabilidad, pero vemos ahora que el lamebotas del presidente Donald Trump gana al noruego en estulticia.
Difícil no echar de menos al socialista español Javier Solana, que, estuviera uno no de acuerdo con él, sabía siempre de qué hablaba y además en qué términos hacerlo.