Rusofobia: el pan nuestro de cada día - por Joaquín Rábago

 

Rusofobia: el pan nuestro de cada día

Joaquín Rábago

¡Qué cansino resulta coger un periódico y en cualquier información o editorial dedicado a la guerra de Ucrania toparse siempre con el binomio “amenaza rusa”!

AMENAZA RUSA

¿Es que esos periodistas, esos opinadores no son capaces de pensar por su cuenta, es que han de limitarse siempre a repetir como papagayos los estereotipos de los políticos?

Da igual la ideología que puedan tener el periódico o la emisora: cuando de Rusia se trata, se impone el pensamiento único.  Roma (Bruselas) locuta, causa finita. 

Acaso la única etapa en que Rusia no parecía dar miedo a nuestros medios fue el que siguió inmediatamente a la fragmentación de la Unión Soviética.

Entonces, Rusia era ciertamente esa “gasolinera con bombas atómicas” de la que después se ha hablado: su economía estaba por los suelos, y sus oligarcas aprovechaban para quedarse a precios de saldo con todo lo que había sido propiedad del Estado.

Aquella Rusia parece ser la única mínimamente aceptable para Occidente: una Rusia, la de Boris Yeltsin,  empobrecida y débil en la que había caído espectacularmente el nivel de vida de los ciudadanos y proliferaban la dipsomanía  y los suicidios.

YELTSIN

Una Rusia que llamaría más tarde, ya con Putin en el Kremlin, a las puertas de la OTAN, deseosa de ser admitida en condiciones de igualdad en la comunidad occidental, pero se encontró con que allí no la querían.

¿Cómo explicar ese rechazo tan radical, cómo explicar la continua demonización de Rusia, fenómeno que no ha dejado de crecer en Occidente, sobre todo con la guerra de Ucrania?

Una guerra en la que, si hemos de creer a nuestros medios, que lo repiten ad nauseam,  el “malvado autócrata” del Kremlin se enfrenta a ese “valiente demócrata” que es el ucraniano Volodímir Zelenski.

Da igual que el Gobierno de Kiev haya prohibido la lengua rusa y todos los partidos y los medios críticos e incluso haya puesto el veto a la iglesia ortodoxa obediente al patriarcado de Moscú. 

Da igual que estallen allí escándalos de corrupción uno tras otro. Ucrania sólo defiende con las armas que tan generosamente le entregamos “nuestros valores”. 

Hace unos años, el periodista suizo Guy Mettan escribió un libro con el título de “Rusia-Occidente: una guerra de mil años” en el trataba de analizar el fenómeno desde un punto de vista histórico.

Se remontaba Mettan al Gran Cisma de la cristiandad, a la división entre la Iglesia católica de Occidente y la ortodoxa de Bizancio en 1054.

A partir de ese momento, Occidente consideró que la verdadera civilización comenzaba en sus mismas fronteras.  

Bizancio y la religión ortodoxa, el bizantinismo imperante en los Balcanes, en el imperio otomano y en los países eslavos sólo podía conducir a la barbarie.

Claro que la rusofobia actual, sobre todo la del Reino Unido, donde es especialmente fuerte y continuamente alimentada por sus medios, tiene mucho más que ver con algo sucedido ocho  siglos después del Gran Cisma: la Guerra de Crimea (1853-1856).

Gran Bretaña y Francia temían entonces la expansión rusa en el Mediterráneo, que representaba una amenaza a sus intereses coloniales, sobre todo a los británicos en la India.

A pesar del claro europeísmo de anteriores zares rusos como Pedro I el Grande  (1672-1725) o Catalina II (1729-1796), Rusia seguía siendo vista como una fuerza bárbara y expansionista.

PEDRO EL GRANDE, CATALINA LA GRANDE

Se alimentó entonces un sentimiento de temor irracional a la conquista rusa de Europa, que recuerda mucho a lo que sucedería después con la revolución bolchevique y años más tarde con la Guerra Fría. 

RUSOFOBIA EL PULPO RUSO AUGUSTO GROSSI 1878 - The Public Domain Review

Una notable excepción fue el período de la Segunda Guerra Mundial cuando la Unión Soviética de Stalin se unió al Reino Unido, Francia, Estados Unidos y China para,  con enorme sacrificio personal- 27 millones de muertos-,   combatir a las potencias del Eje. 

Algo que parece haberse olvidado rápidamente. Y así estamos con el continuo  soniquete de la “amenaza rusa”,  sin que las continuas seguridades  de Putin de que Rusia no atacará a ningún país de la OTAN si no es antes atacado por éste parezca servir de nada. 

JOAQUÍN RÁBAGO