Senadores de EEUU se inmiscuyen en la campaña de un país de la UE - por Joaquín Rábago
Senadores de EEUU se inmiscuyen en la campaña de un país de la UE
Joaquín Rábago
Cada vez que acusan al Kremlin de influir en unas elecciones europeas como las últimas presidenciales de Rumanía, los medios ponen el grito en el cielo, pero no cuando es un país europeo, en ese mismo caso Francia, quien lo hace.
Ahora es el turno de Hungría, cuyo primer ministro, Viktor Orbán, es desde hace tiempo la oveja negra de la UE y a quien Bruselas quisiera ver derrotado por el partido de su rival, Péter Magyar, en las elecciones parlamentarias del 12 de abril, algo que ni siquiera se oculta.
Pero no sólo sus socios europeos, sino también dos senadores estadounidenses, la demócrata Jeanne Shaheen y el republicano Tom Tillis han decidido inmiscuirse en la política húngara con el instrumento preferido de Washington, las sanciones.
Los dos legisladores han presentado un proyecto de ley por el que, de aprobarse, se sancionaría a los funcionarios húngaros que bloquean el crédito de 90.000 millones de euros prometido por Bruselas a Ucrania para que pueda continuar la guerra contra Rusia.
Según Tillis, Estados Unidos y sus aliados europeos han de permanecer unidos en el apoyo financiero y militar al país de Volodímir Zelenski, cuya resistencia a reparar el oleoducto por el que la energía llegaba a Hungría está en el origen del bloqueo de Orbán a ese crédito multimillonario de la UE al Gobierno de Kiev.
El proyecto de ley presentado por los dos senadores responsabiliza, sin embargo, exclusivamente al Gobierno de Budapest y busca, según sus proponentes, “allanar el camino para que Hungría se alinee con la política” de sus socios europeos y ponga fin a su dependencia de la energía rusa.
Con independencia de que le guste a uno o no la política del ultranacionalista Orbán, y su apoyo a la política de Trump o al genocida Israel es repugnante, ese país debería estar en su derecho de defender sus intereses económicos frente al acoso de la Ucrania de Zelenski, que ni siquiera pertenece a la UE.
Lo que parece molestar, sin embargo, a la Comisión Europea y a sus socios no es por supuesto su alineamiento con la derecha más nacionalista, sino su aproximación al Kremlin y su insistencia en que Europa está cometiendo un suicidio económico al negarse por motivos sobre todo ideológicos a comprar energía a Rusia.
Por cierto que no todos en Bruselas creen que un cambio de gobierno en Hungría tras las próximas elecciones vaya a significar un cambio importante en otros asuntos como la inmigración o el ingreso de Ucrania en la UE, al que se opone Orbán, porque el líder de la oposición, Magyar, tiene fama de negociador duro.
Si, pese a todo, el triunfador volviese a ser Orbán y éste se empeñase en seguir ejerciendo su poder de veto en Bruselas, habrá que estudiar la forma de darle de lado para que no siga entorpeciendo las decisiones colectivas del bloque, piensan ya muchos en la capital comunitaria.