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viernes, 19 de abril de 2024 00:10h.

Simon Kuper: "Después del Brexit, Oxford sintió vergüenza de que Boris Johnson hubiera salido de sus aulas" - entrevista por David Valiente

 

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Federico Aguilera Klink señala esta reseña del libro de Kuper, diciendo "Va de charlatanes que venden la moto, como en España..."  Y yo, Chema Tante, que siempre he considerado que la Universidad era el último reducto de la civilización, hago ver como la cerrilidad neoliberal capitalista se ha cargado hasta sus propios mitos. Las universidades elitistas occidentales han caido en la peor vergüenza, a pesar del esfuerzo de tanta gente abnegada que brega en ellas. El conocimiento se derrumba.

Simon Kuper: "Después del Brexit, Oxford sintió vergüenza de que Boris Johnson hubiera salido de sus aulas"

Entrevista por David Valiente

LIBRÚJULA / PÚBLICO

El periodista y escritor Simon Kuper (Kampala, 1969) en «Amigrocracia. Cómo una pequeña casta de tories de Oxford se apoderó de Reino Unido» (Capitan Swing) revela las conexiones entre los tories y Oxford

La prestigiosa universidad de Oxford es el alma mater de la mayoría de los ideólogos y políticos que llevaron a cabo el acuerdo del Brexit, el cual será caracterizado en los libros de historia como el mayor error cometido por Reino Unido en el siglo XXI. El periodista y escritor Simon Kuper muestra que no todo lo que reluce es oro. Sí, en Oxford se forma una parte importante de la flor y nata de la intelectualidad universal, pero durante los años 80 y 90, décadas en las que él estuvo vinculado a la universidad, la indolencia, las juergas sin límites y la mala praxis educativa conformaban el día a día de la institución. Y de este contexto, más propio de la corte de los milagros que de una universidad mundialmente reconocida, salió el núcleo duro de los conservadores, quien tiene como cabeza más visible por su esperpéntica pero divertida figura a un Boris Johnson ya retirado del escándalo (perdón, del escenario) político.

En Amigocraciael retrato de algunos dirigentes no es especialmente halagador, además la propia universidad no queda en una posición muy buena. Quiero saber si ha recibido algún tipo de presión o amenaza por parte de las esferas políticas o universitarias.

La respuesta mayoritaria ha sido bastante positiva. La universidad y algunas figuras públicas mencionadas en el libro escucharon las críticas y estuvieron dispuestas a debatir. Desconozco si Boris Johnson ha leído el libro, sé que otros políticos lo han hecho y su respuesta no ha sido desfavorable. Aun con la guerra cultural en torno al Brexit abierta, el público se ha mostrado receptivo, lo que no quita que haya partidarios de la desconexión a los que el libro no les ha sentado muy bien. Algunas facultades de Oxford me invitaron a impartir una serie de charlas y en los escaparates de las librerías se podía encontrar Amigocracia. Eso demuestra que parte de la institución tiene los oídos abiertos, incluso algunos de sus miembros están de acuerdo con mis críticas. No podemos negar que, después del Brexit, Oxford fue muy autocrítica y sintió algo parecido a la vergüenza de que un personaje como Boris Johnson hubiera salido de sus aulas. Son conscientes de que se deben hacer reformas y diversificar el perfil de los alumnos aceptados.

¿Cómo recuerda sus años en Oxford?

Fueron años de mucha alegría, lo pasé muy bien. En Reino Unido, a diferencia de otros lugares de Europa, cuando vas a la universidad, sales de casa de los padres y te independizas en otra ciudad, por lo que está implícita la emocionante sensación de la libertad. Amé mi estancia en Oxford; hubo veces que trabajé muy poco, otras que lo hice muy duro y aprendí muchas cosas. Mi experiencia es satisfactoria, por lo tanto, no piense que mi crítica nace de la amargura. La marca Oxford ha contribuido al crecimiento de mi carrera profesional de una manera que a veces ni siquiera he merecido.

¿Se arrepiente de no haber trabajado más duro?

Cada cierto tiempo me reúno con mis amigos, y un día expresé mi pesar por haber perdido el tiempo en la universidad. Uno de ellos me dijo que a mis 50 años no me puedo arrepentir de lo que hice o dejé de hacer a los 18, no merece la pena comerse la cabeza con si tendría o no que haber sido más maduro de lo que fui. Creo que la experiencia en Oxford, no digo que sea en todos los casos, se diluye en gente muy joven, que no se toma lo suficientemente en serio tener a su disposición un tutor con el que poder trabajar y progresar en los estudios de forma personalizada. No siempre se le saca todo el jugo.

En esos años que usted cursó sus estudios, Oxford era una fiesta y no precisamente para los más talentosos. ¿Cómo hizo la universidad para mantener el prestigio que hoy atesora?

En Oxford hay muchos alumnos con talento y profesores e investigadores magníficos; la universidad sigue siendo muy selectiva, por lo tanto, el nivel es elevado. Por supuesto, los estudiantes son excelentes y trabajan muy duro, de hecho, estudian mucho más de lo que se estudiaba en los años 80, cuando se podían permitir el lujo de elegir entre hincar codos o pasárselo bien. En esos años se permitió mucha indolencia. En los campus, convivían la mediocridad y la excelencia, y no resultaba extraño que un alumno, que no se lo merecía,  saliera al mundo con la marca de la universidad como tarjeta de presentación. Hasta hace no mucho, no había una gran competitividad, pues solían ser admitidos hombres británicos de una clase alta muy específica, pero, en la actualidad, la competencia se ha endurecido y, por primera vez en la historia, el número de mujeres es superior al de hombres. El talento se busca por todo el país y no se niegan a aceptar la excelencia que procede de las escuelas de clases más populares. El nivel ha mejorado y creo que la reputación no es tan inmerecida.

¿Por regla general, cómo eran los profesores?

A muchos académicos solo les interesaba la investigación y escribir libros. Entiendo que frustra perder el tiempo con un joven de 18 años mediocre y vago (o ambas cosas) que entrega ensayos mal elaborados. Pero los buenos alumnos podían trabajar con profesores que, al ver el esfuerzo y la seriedad, invertían su tiempo con mucho gusto para ayudarlos; también se podía dar el caso de que le asignaran un tutor alcohólico o acosador.

Una cantidad de estudiantes provenían de la clase media y no de la élite política y económica, no obstante, accedían a los grupos más selectos de la institución universitaria. ¿Cuáles eran loa atributos que debía poseer los estudiantes en cuestión?

En realidad existían diferentes círculos. Una persona de clase media o, incluso, de clase más popular, si tenía talento, se esforzaba y trabajaba duro, podía llamar la atención de algún ministerio, medio de comunicación de primer nivel o también tenía la posibilidad de iniciar una carrera académica haciendo un doctorado. De algún modo, Oxford siempre cuidó de sus alumnos y no olvidemos que las élites siempre buscan nuevos talentos. Pero también es verdad que a ciertos grupos se accedía con muchísima dificultad, porque se nutrían de los alumnos de escuelas privadas, tipo Eton. Estos privilegiados que entraban en el partido conservador no trababan amistad con gente de clase media, quienes siempre sentían ciertas dosis de exclusión. El elitismo de según qué círculos era tan imperioso que daban una gran importancia a la escuela donde se educaron en su niñez.

De Oxford ha salido el núcleo político que ha defendido con determinación espartana el Brexit, ¿entraban defendiendo ese ideario a la universidad?

No creo que Boris Johnson en 1983, año de inicio de sus estudios universitarios, tuviera una especial fijación por aislar a Reino Unido del resto de Europa. Esa idea política empezó a tomar peso cuando Margaret Thatcher, que en un principio defendió el mercado único, asumió una postura crítica respecto a Bruselas porque percibía un exceso de federalización en su sistema y no le gustaba que el presidente del consejo fuera tan de izquierdas. A partir de este momento, los recelos de Thatcher calaron en el partido conservador; no obstante, no pensemos que la primera intención fue buscar la manera de romper con los acuerdos, sino poco a poco surgieron los ánimos de romper con el continente.

Bueno… pero Reino Unido nunca se ha caracterizado por poseer un fuerte sentimiento europeísta.

Los alumnos de la élite tradicional educados en Eton crecían con una idea muy romántica de su país. Es muy complicado pasar de ser una superpotencia a un país con un poder más moderado, y fue un shock para estos jóvenes afrontar la realidad. Y serán ellos mismos los que se convenzan de sus capacidades para volver a convertir Reino Unido en una potencia y, en ese camino, la Unión Europea presentaba un obstáculo a sortear.

Muchos de los conservadores se inscribían en carreras de humanidades o, a lo sumo, cursaban tres años de PPE (Filosofía, Política y Economía), ¿esta carencia de conocimientos más concretos y diversos está detrás del descalabro del Brexit?

El conocimiento económico de esta élite no es tan sólido como debería ser. Aunque cursen tres años de PPE no es lo mismo que dedicar cuatro años de vida a una única disciplina; los tres años de carrera en Oxford equivalen a 72 semanas lectivas, lo que en términos netos se traduce a un año y medio. Los futuros dirigentes salían de la universidad con muy poco conocimiento en economía y ningún saber científico (algunos directamente no han cursado asignaturas de ciencias o matemáticas desde los 16 años), y esto se ha notado sobre todo cuando han tenido que hacer frente a una pandemia o les oyes hablar de las medidas contra el cambio climático. Nuestra élite política conservadora exuda grandes cantidades de conocimientos en humanidades, pero su saber se limita a esas materias.

Hablemos un poco de Boris Johnson, un ex primer ministro con mucha labia y guasa. ¿Se le podría calificar de antipolítico?

Pero no en el sentido de Donald Trump. Johnson no dejó el imperio económico familiar para ocupar Downing Street, siempre estuvo vinculado a la política. De hecho, lo escogieron por ese buen humor que desprendía que contrastaba con la apariencia aburrida y pomposa de la política formal. En este contexto, Boris Johnson estaba haciendo una actuación antipolítica debido a que no se comportaba de la misma manera que el resto de ministros, a él no le importaban los escándalos o cometer errores.

De hecho, durante la pandemia se pudo apreciar su faceta más desinhibida, ¿considera que el ‘partygate’ ha terminado con la carrera política del señor Johnson?

Creo que sí. Boris esperaba regresar al foco político, y lo intentó después de la expulsión de Liz Truss, pero su arraigo resultó insuficiente: tanto su partido como las bases se han dado cuenta de que no es competente para ocupar el cargo de primer ministro, tiene un serio problema con su falta de honestidad. Ya ha comprendido que su carrera política está acabada, por eso ahora se dedica a ganar mucho dinero, haciendo algo que se le da muy bien: impartir conferencias a lo largo y el ancho del país.

¿Cuál fue el detonante principal del Brexit?

Para la élite política era una cuestión nostálgica, echaban de menos tiempos pretéritos. Asimismo, fue una manera de deshacerse de David Cameron. Sin embargo, los votantes apoyaron el Brexit porque cayeron en las promesas de que la inmigración se iba a detener y se podría destinar más dinero al servicio público sanitario muy maltrecho. Pero todo resultó ser mentira, porque los flujos migratorios siguen llegando a Reino Unido y el sistema de salud continúa siendo un desastre. A los ideólogos se les olvidó especificar que, aunque un tanto por ciento del dinero público iba destinado a Bruselas, la salida de la Unión Europea suponía crear desde cero una administración que cubriera las funciones de la anterior, lo que supone más dinero.

Qué curioso, ¿por qué querían deshacerse de David Cameron?

Supongo que la idea partió de algunos conservadores, entre los que se encontraba Boris Johnson, quien pensó que podría ser primer ministro si explotaba su carisma y su popularidad. También había una rivalidad personal entre los dos mandatarios. El plan de Boris era ganar el referéndum o conseguir un número significativo de votos para debilitar a Cameron. Y, ya ve, no estaba desencaminado. Por otro parte, David Cameron llevaba en Downing Street seis años, tanto tiempo en el escalafón más elevado de la política británica termina generando algunos enemigos, aspirantes a puestos más altos que con David vieron sus anhelos truncados. Johnson vive la política como una cuestión de poder personal, no tiene ideología ni cree en nada; el Brexit fue una apuesta para ascender a primer ministro. Una apuesta acertada.

¿La victoria del Brexit ha supuesto una ruptura dentro del seno de los tories?

Por supuesto. Los conservadores estuvieron divididos entre una gran mayoría, donde se encontraba Cameron, que querían quedarse en la Unión Europea, y una minoría que es la que de verdad ansiaba salir. Solucionaron el conflicto echando a aquellas personas críticas con la ruptura. Ahora directamente no hablan del asunto o lo tratan como si fuera un desafío de un pasado muy lejano, con el fin de intentar reconstruir la dirección política del partido.

Comenta en Amigocracia que la política británica ha cometido 4 grandes fracasos: la guerra en Irak, la crisis financiera de 2008, la gestión de la Covid-19 y el Brexit, ¿podemos añadir un quinto y hasta un sexto error con la guerra en Ucrania y el conflicto entre Israel y Hamás?

No lo creo. En cuanto a la guerra de Ucrania, Londres lleva apoyando al país de Europa del Este desde el 2014, antes incluso que los franceses. Me gustaría que tomaran menos partido a favor de Israel, es un error respaldar a un Estado que comete crímenes de guerra. Ahora bien, en el conflicto del Próximo Oriente, Reino Unido no cuenta con una voz preponderante, Londres ya no es una superpotencia, a nadie le importa lo que pueda decir.  El verdadero asunto aquí es el recorte presupuestario que desde el 2010 los Gobiernos conservadores llevan implementado en servicios sociales, lo que se traduce en escuelas faltas de profesores que se caen a pedazos, en un sistema de salud incapaz de atender como es debido los casos de salud mental… Tradicionalmente, Reino Unido ha sido un país más rico que España, pero la experiencia de ir en tren es mucho más reconfortante en el segundo que en el primero.

Bueno, a Liz Truss la expulsaron del gobierno porque elevó el gasto público…

No. Truss abandonó Downing Street por la bajada tan drástica de impuestos a los ricos en un momento que las cuentas nacionales no salían. Los inversores vendieron sus bonos ante la posibilidad de que el Estado no pudiera pagar. La medida no fue para nada socialista, sino una medida, me atrevería a decir, muy neoliberal.

Cuando se refiere a los miembros de esta casta política suele emplear también la palabra ‘blanco’, ¿cómo se explica que un nieto de la colonia, Rishi Sunak, ocupe el cargo de primer ministro?

Me impresiona el interés que la gente muestra por el color de piel del primer ministro británico, los gobiernos conservadores recientes han tenido a gente no blanca ocupando cargos de relevancia. No estoy de acuerdo con su política, y hay gente que crítica a Sunak por sus planes de gobierno, pero no por su color de piel, la sociedad lo acepta abiertamente. De hecho, diría que somos más abiertos que los franceses, nuestra integración resulta más efectiva.

¿Se podría decir que el partido conservador se está modernizando?

De algún modo. David Cameron abrió el camino a esta promoción de personas no blancas para que ocuparan cargos relevantes en el partido y el futuro gobierno. Aunque creo que después de las elecciones se va a radicalizar y acercarse más a la extrema derecha. Los tories en la actualidad se encuentran dentro del espectro político que separa vuestro Partido Popular de Vox. Sin embargo, las elecciones que se celebrarán en este año o el siguiente aproximarán el programa conservador a una posición más cercana de Vox, pero con el matiz de que sus líderes serán racializados.

 

* Gracias a Pol Pareja y LIBRÚJULA / PÚBLICO y a la colaboración de Federico Aguilera Klink

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PÚBLICO La casa de mi tía republica por el alto interés del contenido, bajo las Normas de Uso Justo de la UE
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https://librujula.publico.es/simon-kuper-despues-del-brexit-oxford-sintio-verguenza-de-que-boris-johnson-hubiera-salido-de-sus-aulas/

SIMON KUPER

Sinopsis de AMIGOCRACIA:

Poder. Privilegio. Fiestas. Es un mundo muy pequeño en la cima. Boris Johnson, Michael Gove, David Cameron, George Osborne, Theresa May, Dominic Cummings, Daniel Hannan, Jacob Rees-Mogg: Whitehall está plagado de viejos oxonianos. Han debatido entre ellos en las tutorías, se han enfrentado en las elecciones estudiantiles y han asistido a los mismos bailes y cenas de etiqueta. No son sólo colegas: son compañeros, rivales, amigos. Y, cuando salieron del mundo de los debates estudiantiles para entrar en la escena nacional, llevaron consigo su política universitaria. Trece de los diecisiete primeros ministros británicos de la posguerra estudiaron en la Universidad de Oxford. En Chums, Simon Kuper analiza cómo la atmósfera enrarecida y privilegiada de este estrechísimo grupo de talentos -y las amistades y visiones del mundo que creó- dio forma a la Gran Bretaña moderna. Una mirada condenatoria a la camarilla universitaria convertida en mayoría en la Cámara de los Comunes que abrirá de par en par las puertas de Westminster y cambiará para siempre la forma de ver la democracia del Reino Unido.
‘Brillante... remonta el Brexit a las cámaras de debate de la Oxford Union en la década de 1980'- James O'Brien ‘Un mordaz ataque a la sonriente insinuación de Oxford de que la política es sólo un juego. No lo es. Es importante' - Matthew Parris ‘Un libro de fuegos artificiales' Lynn Barber, Spectator ‘Exquisito y deprimente a partes iguales' -Matthew Syed, Sunday Times ‘Fascinante ... El cuadro que dibuja Kuper es el de una nación con una clase dirigente decadente y profundamente poco profesional, un diagnóstico con el que es imposible no estar de acuerdo' - THE TIMES OF LONDON ‘Un penetrante análisis de las conexiones que permitieron a una incestuosa red universitaria dominar Westminster y dar a luz al Brexit. Perspicaz y lleno de sorpresas’- Tim Adams, The Guardian

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