Terrorismo 'trumpetero' - por José García Molina

Terrorismo 'trumpetero'

José García Molina

NUEVA TRIBUNA

Parece evidente que el empeño de Trump en hacer America great again choca con la realidad de que EE.UU es un “imperio en decadencia”.

Empecemos por afirmar lo obvio: el secuestro del presidente de Venezuela por parte de Estados Unidos no es una captura ni un arresto; es un secuestro de manual. El “espectacular espectáculo” de secuestro, orquestado por Trump y unos pocos militares made in USA, se parece más a lo que podemos ver en un capítulo de serie de narcos que a una operación política o intervención militar a gran escala. La naturaleza y la apariencia del espectáculo, salvo por la relevancia de los actores, no es muy diferente al del secuestro del líder de un cártel por parte de un cártel rival.

En cualquier caso, y más allá del impacto mediático circense (que en estos tiempos de trending topic parece ser el único objetivo de las decisiones políticas), vale la pena detenerse en otro tipo de análisis de lo ocurrido. ¿Por qué ha recurrido Trump a esta fórmula y no ha invadido directamente Venezuela? La hipótesis que pongo sobre la mesa, abierta a consideración y debate por parte de los lectores, es que el secuestro no muestra el antiguo poder de los EE.UU., sino su impotencia. Ni hard power ni soft power: ni imposición en forma de invasión militar, ni seducción para lograr un cambio de régimen más acorde a sus intereses comerciales. La nueva fórmula no es política, sino económica: bajo coste y alto rendimiento (mediático).

El espectacular espectáculo de secuestro, orquestado por Trump y unos pocos militares made in USA, se parece más a lo que podemos ver en un capítulo de serie de narcos que a una operación política o intervención militar a gran escala

Bajo coste, ya que ha sido perpetrado por un puñado de militares, con la casi segura colaboración de algún sector del propio gobierno venezolano. Considero que es esta la prueba de que no puede ir más allá; la evidencia de que para EE.UU resulta totalmente imposible comenzar, y luego sostener, un conflicto armado a gran escala contra Venezuela en suelo venezolano. Seguramente, como ya nos tiene acostumbrados, le basta y sobra con el alto rendimiento mediático de la escena. Ayer todo el mundo la comentaba y hoy sigue la secuela. Alto rendimiento, porque en el imaginario colectivo de sus seguidores (y el submundo MAGA & cía) Trump ha “ganado la guerra y liberado Venezuela de la tiranía comunista”. Se entiende mejor porqué quien ha perpetrado el secuestro no solo no lo niega, sino que alardea públicamente, en rueda de prensa, de ser el responsable directo del secuestro.

Una operación que no solo es de bajo coste, sino también de bajo riesgo. Porque ¿qué puede y debe hacer ahora el gobierno venezolano? ¿Declarar la guerra a los EE. UU? Parecería lo lógico, ¿no? Históricamente, al menos cuando se trata de un Estado soberano o de un país medio normal, cuando un otro secuestra o asesina al emperador, el rey o el presidente se ha seguido una declaración formal de guerra. Sin embargo, creo que nadie espera una declaración de guerra a EE. UU por parte de Venezuela. Los por qué darían para otro artículo.

El empeño de Trump en hacer America great again choca con la realidad de que EE.UU es un imperio en decadencia

A la luz de lo expuesto, parece evidente que el empeño de Trump en hacer America great again choca con la realidad de que EE.UU es un “imperio en decadencia”. Trump es consecuencia directa de esa etapa de decadencia: un emperador sin imperio, esperpéntico, similar a nuestro Fernando VII. Los EE. UU de Trump no están en condiciones de invadir Venezuela (como hicieron con Irak en 2003), ni siquiera de patrocinar un golpe de Estado (como hicieron en Chile en 1973), a lo más que puede aspirar el presidente Trump es a buscar cómplices, comprar voluntades y retransmitir operaciones low cost. EE.UU se suma al grupo de estados terroristas (al estilo de Israel) y deja de ser un imperio con la fuerza suficiente para ocupar un territorio cuando este se revela contra la metrópoli.

El reverso de esta impotencia, y su consecuencia, es el caso. Cuando las antiguas o nuevas potencias operan como un cártel de narcos, el futuro de las relaciones internacionales, las propias reglas de la geopolítica quedan sometidas a la impotente lógica del matón de instituto. Ayer vimos a uno de esos matones alardear de lo que no puede hacer: invadir Venezuela.

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Gracias a José García Molina y NUEVA TRIBUNA y a la colaboración de Antonio Aguado

JOSÉ GARCÍA MOLINA

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