¿Trata la Comisión Europea de acelerar la toma de decisiones en detrimento del proceso democrático? - por Joaquín Rábago

¿Trata la Comisión Europea de acelerar la toma de decisiones en detrimento del proceso democrático?

Joaquín Rábago

No es la primera vez que la Comisión Europea despierta sospechas de que trata de acelerar el proceso legislativo y la toma de decisiones en claro perjuicio del proceso democrático al que está comprometida.

Tal  es la acusación que formulan decenas de grupos de la sociedad civil  contra la Comisión que preside la alemana Ursula von der Leyen, a la que además acusan de crecientes tendencias  centralistas.

COMISIÓN EUROPEA

Según esos grupos, muchos de ellos del movimiento ecologista como Client Earth o Health and Environment Alliance, pero también grupos sindicales como la Federación de Sindicatos Austriacos, el ejecutivo comunitario quiere proponer nuevas directrices para abreviar la llamada “evaluación de impacto”.

Se trata, por ejemplo, de los efectos que las iniciativas legislativas puedan tener sobre el medio ambiente, la economía, la sociedad, la protección de datos o los derechos fundamentales de los ciudadanos.

La Comisión justifica la simplificación de la toma de decisiones por la que aboga por la existencia de un comercio cada vez más global, las necesidades de defensa y lo que califica de “creciente sentimiento anticomunitario” en algunos países.

Según sus críticos, las nuevas propuestas de la Comisión que buscan acortar los procesos de evaluación del impacto de sus medidas resultaran en “peores leyes”, seguramente bajo la influencia de poderosos grupos de presión empresariales o determinados gobiernos.

La Federación de Sindicatos Austriacos acusa a la Comisión de atentar contra sus propios objetivos y principios de “buena administración, transparencia y responsabilidad” y rechaza el argumento de la necesaria urgencia para sortear las salvaguardas democráticas.

Mientras tanto, el presidente del Partido Popular Europeo, el cristianosocial bávaro Manfred Weber, manifiesta a su vez su impaciencia con quienes, como los jefes de gobierno de Hungría y Eslovaquia, bloquean democráticamente las decisiones comunitarias.

MANFRED WEBER

Weber busca acabar con el principio de unanimidad en la política exterior de la UE en la que ve sólo un freno y propone un nuevo tratado que permita a los Estados miembros actuar juntos y con rapidez en asuntos de política exterior y de seguridad.

Preguntado por el semanario Der Spiegel si los jefes de gobierno de países como Alemania, Francia o Italia estarían de acuerdo, Weber responde afirmativamente porque todos están, asegura,  a favor de “una Europa fuerte”.

Weber no quiere siquiera plantearse qué ocurriría si fracasase el proyecto de fortalecer la UE, y así recuerda que en 2025 hubo en Rumanía unas elecciones presidenciales que ganó por poco un pro europeo.

Lo cual ocurrió, por cierto, aunque él no lo diga, gracias a la anulación por presiones exteriores de la primera ronda electoral, en la que salió primero otro candidato que no gustaba a Bruselas.

Según Weber, los sondeos electorales en Francia y Polonia son también preocupantes, y así Europa podría cambiar totalmente de rostro el próximo año, advierte el líder popular, de ganar las presidenciales francesas el candidato de la derecha populista , Jordan Bardella.

Éste podría decir sólo el día después de su toma de posesión que no se interesa por Estonia o Lituania, sino sólo por Francia, con lo que Alemania, Polonia y Finlandia se encontrarían de pronto solas frente a Putin. ¡Ay, siempre Putin!

 

JOAQUÍN RÁBAGO