Trump, un déspota desencadenado - por Manel García Biel
Trump, un déspota desencadenado
Manel García Biel
NUEVA TRIBUNA
Si hay algo que pueda caricaturizar a Donald Trump “es el del matón bravucón del patio del colegio”. Podemos hablar y no parar de la compleja personalidad del actual inquilino de la Casa Blanca y seguramente quedará incompleto.
Recordemos que Donald Trump ha vuelto a ganar por segunda vez las elecciones presidenciales, después de haber perdido las anteriores ante Biden. Debemos recordar su no acatamiento del resultado electoral y el intento inspirado por él de un asalto al Congreso, es decir a la sede de la soberanía popular, por una turba de partidarios ultras.
Trump es el líder de todo tipo de autócratas y liberticidas, que fomenta a nivel mundial la regresión de los valores democráticos y fomenta la ley del más fuerte
Pese a ello Trump ha vuelto a ganar las elecciones ampliamente, y tiene todo el poder en sus manos, el Tribunal Supremo (judicial), el Congreso y el Senado (legislativo). Trump considera que es el líder indiscutible de su nación y que tiene las manos libres para hacer lo que quiera, tanto dentro como fuera de sus fronteras. Todo ello con el amplio respaldo de los magnates multimillonarios del oligopolio de las multinacionales tecnológicas americanas que apuestan por sus “sueños de dominio mundial”.
Y así fundamentalmente a través de “órdenes ejecutivas” se ha dedicado a imponer su concepción dentro de su país y en el mundo. A Trump no le interesan las leyes, él ordena y hay que obedecer. Es un tirano sin control. Es un autócrata reaccionario.
Sin embargo, sus políticas comienzan a ser inaceptables hasta para sectores republicanos. En este sentido la reciente sentencia de Tribunal Supremo, de amplia mayoría conservadora, anulando la política de “aranceles recíprocos”, base de la política económica de Trump ha causado un gran revuelo. El propio Trump ha insultado con graves epítetos a la mayoría de los jueces (6 de 3) que han suscrito la sentencia. Puede que alguna cosa se comience a mover ante las reiteradas actuaciones poco claras de la Administración Trump.
A nivel interno también hemos visto como ha lanzado una política de caza al inmigrante, a los que retrata como criminales, violadores y gente despreciable. Así ha impulsado la campaña de ICE para detener y deportar según él a millones de indeseables. Trump tiene su concepción hecha, y para él no tiene sentido que muchos de esos inmigrantes lleven décadas en el país, ni que sean insustituibles en la economía norteamericana. Todo eso para el son discusiones vanas.
Desplazó a Minnesota más de 5.000 agentes del ICE, que actuaron de forma brutal, deteniendo sin identificar previamente a la gente, agrediéndola y llevándose a cualquiera que tuviera apariencia latina o del tercer mundo
Con su campaña inhumana Trump se ha encontrado que, pese a la asunción por parte de sus seguidores fundamentalmente “wasp”, una parte importante de la sociedad y también alcaldes y gobernadores demócratas se han opuesto, estableciendo “zonas o ciudades libres del ICE y de la caza al inmigrante”. Para dar un escarmiento a la rebelión de ciudadanos y políticos democráticos Trump tomó como referencia Mineápolis en el Estado de Minnesota. ¿Porqué? Para dar una lección a sus opositores, no en vano Minnesota es el único estado que, en los peores momentos del Partido Demócrata, siempre ha votado demócrata.
Desplazó a ese Estado más de 5.000 agentes del ICE, que actuaron de forma brutal, deteniendo sin identificar previamente a la gente, agrediéndola y llevándose a cualquiera que tuviera apariencia latina o del tercer mundo (cabe decir que llegaron a detener a “nativos americanos”). Esta actuación brutal provocó una amplia reacción ciudadana que fue reprimida sin contemplaciones llegando a comportar la muerte de un hombre y una mujer de raza blanca, muertos por agentes del ICE sin otra razón más que la de protestar contra la arbitraria y violenta forma de actuar de los agentes.
El impacto de las movilizaciones ciudadanas fue tan importante que obligó al Gobierno de Trump a retirar a los agentes del ICE del estado norteño. Otro pequeño éxito de la reacción contra las políticas de Trump.
Eso es un ejemplo de la actuación de Trump, lanza una operación, recluta al personal, al margen de su idoneidad, y los lanza a la calle de una ciudad que no le cae bien. Sin pasar por ningún veredicto legislativo, ya que él se considera el “amo de la nación”.
Por otra parte, Trump ha cerrado como mínimo siete Agencias Estatales y reducido diversos Departamentos del Gobierno Federal, despidiendo a miles de personas trabajadoras, así mismo se prevén cambios radicales del sistema Medicare y Medicaid, que repercutirán negativamente sobre el débil esquema de asistencia sanitaria estadounidense.
Pero no hay duda de que la mayor visibilidad de las políticas despóticas, propias de un matón se han dado en el ámbito de la política internacional.
El autocrático presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a través de una orden ejecutiva ha retirado a su país de la Convención Marco de la ONU para el Cambio Climático —la base para la cooperación internacional en la lucha contra el calentamiento global— y de la Alianza de Civilizaciones, así como de 31 entidades de la ONU y de 35 organizaciones multilaterales. El motivo que esgrime es que todas esas instituciones “operan de modo contrario a los intereses nacionales de Estados Unidos, son inútiles y comportan un derroche de fondos”. Asimismo, Trump considera que las NNUU no son la solución sino un freno para sus actuaciones a nivel mundial.
Trump ha cerrado como mínimo siete Agencias Estatales y reducido diversos Departamentos del Gobierno Federal, despidiendo a miles de personas trabajadoras
Trump tiene una concepción “autoritaria e imperialista” de las relaciones internacionales donde siempre debe prevalecer la razón de la fuerza. Su objetivo lo dejó claro “HACER AMERICA GRANDE DE NUEVO”, y para ello se plantea que la ley del más fuerte debe prevalecer. Por ello desprecia todos los organismos internacionales o convencionales como la ONU, que considera desfasados e inoperantes y contrarios a sus intereses internacionales.
Demos un repaso por zonas de los objetivos de Trump. En América pretende establecer de nuevo una “Doctrina Monroe” donde América dicte las normas, Desde el inicio lo demostró de forma grotesca tanto al cambiar el nombre del Golfo de Méjico por Golfo de América, o sugerir la integración de Canadá como un estado más de los Estados Unidos.
Trump considera toda America su patio trasero colonial, ya sea ayudando a llegar al poder a gente como Milei en Argentina o Bukele en El Salvador. Hasta ahora sólo Brasil, Canadá y Méjico (así como Uruguay y Colombia, de momento) se han atrevido a resistir el “pressing” de Trump. Y Trump ha dejado claro hasta donde está dispuesto a llegar. El caso de Venezuela es una prueba, no sólo ha violado las leyes internacionales, asesinando y bombardeando lanchas en aguas internacionales, sino atacando y secuestrando al presidente Maduro de forma ilegal e implantando en Venezuela un “estatus de libertad vigilada” a su gobierno. Y ahora ha implantado un embargo total de carburante a Cuba que tiene a su población al límite, sin electricidad, ni carburante, para llevarla a un agotamiento total.
En lo referente a Europa, Trump quiere que se someta a un vasallaje total. Y hasta el momento, y a pesar de algunos discursos no parece que le vaya tan mal. Al margen de países ya gobernados por lideres ultraderechistas proclives a Trump, casos de Meloni u Orban, los partidos de derechas eurófobos están presentes en los principales países, AFD en Alemania, Le Pen en Francia, Vox en España, Chega en Portugal, etc.
El autocrático presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a través de una orden ejecutiva ha retirado a su país de la Convención Marco de la ONU para el Cambio Climático
Por otra parte, en las instancias internacionales donde está presente la UE los países de ésta han demostrado un grado de subordinación total. Hemos visto la ridícula imagen de la presidenta de la UE, Von den Leyden, haciendo un público vasallaje a Trump en la negociación de los aranceles, la patética posición en la OTAN con su secretario Rutte y el conjunto de los países que aceptaron el peaje de subir el gasto militar al 5% con la única negativa que debe valorarse de España. Asimismo, en relación con la guerra de Ucrania, Trump ha hecho aceptar a los países europeos que paguen el material militar que Estados Unidos suministre a Ucrania.
El límite llegó cuando Trump planteó la compra de Groenlandia, un territorio de un país de la UE y socio de la OTAN como Dinamarca. Aquí por primera vez ha habido una reacción interesante de cara a plantear un punto y aparte, parece que el “amigo americano no es de fiar”. A la vez los países europeos, con la excepción húngara, a declinado participar en el “happening privado de Trump” sobre la supuesta reconstrucción de Gaza, donde se invita al grupo privado de Trump que tiene el poder absoluto y de donde sólo excluye a los gazaties y palestinos.
Trump no engaña, él está sediento de poder y de hacer negocios. Queda claro quienes son sus amigos: los liberticidas del mundo entero que están a su servicio. Israel, su policía en el Medio Oriente y sus pares los oligarcas y reyezuelos de los países del Golfo, todos ellos con un pedigrí “democrático inmaculado(?)” y con enemigo común Irán, el peligro para las monarquías petroleras del Golfo. Pero Trump y Israel ya se preparan para encargarse de domesticar a Irán de una forma u otra, como veremos más temprano que tarde.
Y dentro de estos por supuesto su amigo de siempre, el autócrata autoritario de “todas las Rusias”, Putin, al cual premiará más pronto que tarde con un buen pedazo de Ucrania. Todo bajo la dinámica de beneficio mutuo “América es mi feudo, y las ex zonas de la Rusia soviética el tuyo, y la UE la vamos intentando desmembrar entre los dos”.
A Trump sólo se le atraganta un hueso duro de roer, la China de Xi Jinping. Intentó amenazarla con aranceles estratosféricos, y Xi no se inmutó, subió sus aranceles a los Estados Unidos, lanzó al mercado una buena parte de la deuda americana que posee y limitó la exportación de “tierras raras” de las que es el máximo poseedor. Y Trump se vio obligado a retroceder y negociar con China.
Putin es su amigo y Xi es un adversario fuerte a quien Trump no impresiona. China durante los últimos tiempos ha consolidado el papel de los BRICS, grupo del que China es impulsor con la llamada “Nueva Ruta de la Seda” desarrollando relaciones comerciales con numerosos países de todos los continentes. Últimamente países europeos han peregrinado a Pekin en busca de alternativas y han sido muy bien recibidos. China agasaja y premia a quien se acerca al país para mejorar las relaciones comerciales y políticas. El presidente Sánchez fue de los primeros, al que sucedió una visita oficial de los Reyes a Pekín donde Xi los agasajó con dos cenas, una oficial y otra privada. Posteriormente en unos aranceles a los productos porcinos de la UE, a los productos españoles se les aplicó un arancel más reducido.
Los chinos son especialistas en la diplomacia. Y cabe decir que saben expresar la aprobación y la desaprobación. Sólo cabe señalar que, en último encuentro de Trump con Xi, frente a las sonrisas y parabienes de Trump, Xi no hizo ni una mueca de sonrisa. En estos momentos de tribulaciones comerciales muchas miradas desde la UE se dirigen a China. Por algo será, especialmente en comparación con Trump o Putin, los cuales en lugar de la UE preferirían múltiples naciones europeas fáciles de controlar. ¡Y eso que la UE no es una roca que se lo ponga difícil!
Veremos lo que va a durar la hora de este Trump, líder de todo tipo de autócratas y liberticidas, que fomenta a nivel mundial la regresión de los valores democráticos y fomenta la ley del más fuerte, la anulación de facto de los organismos mundiales que como la ONU representaban el objetivo de un “orden mundial” basado en normas internacionales de referencia. Y puede haber una ventana de oportunidad en las elecciones de medio mandato del próximo otoño que permitan no sólo la vuelta de un mínimo de orden democrático en Estados Unidos y a la vez freno a los partidarios de la “ley del más fuerte”.
Esperemos por el bien de todos que se imponga un mínimo de cordura en Estados Unidos, como el de la reciente sentencia del Tribunal Supremo, que se refleje en el panorama internacional y nos potencie el coger fuerzas para reaccionar con ánimos frente a las fuerzas reaccionarias que ahora nos amenazan por todas partes, tanto a nivel nacional como internacional.
Gracias a Manel García Biel y NUEVA TRIBUNA y a la colaboración de Antonio Aguado