Ucrania chantajea a dos países de la UE y Bruselas calla - por Joaquín Rábago
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Ucrania chantajea a dos países de la UE y Bruselas calla
Joaquín Rábago
Animado por los gobiernos europeos, el presidente ucraniano sabotea el suministro energético de dos países de la UE, Hungría y Bulgaria, que no comparten el entusiasmo colectivo por Volodímir Zelenski, y Bruselas calla.
Como calla también cuando Zelenski se burla de la Hungría de Viktor Orbán y explica, jugando con el nombre del gasoducto ruso atacado, Druzhba (Amistad, en ruso), que sus dos países han sido siempre amigos y que la continuación de esa amistad dependerá de “la posición húngara”.
El ucraniano aludía con claro sarcasmo a la oposición manifestada por Orbán al ingreso de Ucrania en la OTAN y en la UE, lo que choca abiertamente con el deseo de la mayoría de sus colegas y de la propia Comisión, que preside la alemana Ursula von der Leyen.
Con los ataques ucranianos a dos estaciones de bombeo y otras infraestructuras del gasoducto ruso en territorio de este país, Zelenski ha causado importantes interrupciones en el suministro tanto de Hungría como de Bulgaria, que siguen dependiendo de la energía rusa.
Según el ministro de Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, una guerra (la de Ucrania) en la que su país no participa, de ninguna manera justifica que se viole su soberanía , y Zelenski tiene por tanto que dejar de amenazar a Hungría.
Echando más leña al fuego, el jefe de la “diplomacia” ucraniana, Andrii Sybiha, señaló a su colega húngaro que la seguridad energética de su país estaba sólo en manos de Budapest: “¡Diversificad e independizaros de Rusia como el resto de Europa!”.
Si esto no se llama chantaje, no sé qué otro calificativo aplicarle. Y, sin embargo, la Comisión Europea, disgustada con la indisciplina de los húngaros, que abogan por el diálogo con Moscú para poner a una guerra que es una catástrofe económica para el continente, no dice nada.
Como tampoco dijo nada cuando se dinamitaron los gasoductos germanorrusos del Báltico con el claro objetivo de impedir definitivamente la llegada a Europa de esa energía rusa y obligarla a comprar gas licuado a EEUU, tres veces más caro.
El periodista estadounidense Seymour Hersh atribuyó aquel acto terrorista a una operación de Estados Unidos, es decir a un ataque de un país de la OTAN contra otro miembro, algo que callaron los medios.
Posteriormente se habló de que los saboteadores habían sido en realidad ucranianos, y hace unos días fue detenido en Italia uno de los presuntos responsables.
Ninguna hipótesis puede descartarse, pero hay que preguntarse cómo pudo ese supuesto comando ucraniano llevar a cabo una operación tan complicada en una región del Báltico frecuentada por buques rusos y de la OTAN. Ni a Alemania ni a sus socios de la Alianza parece que la verdad les interese.